NUEVO BLOG
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FIN[A]L
H[a]sta [aquí] [A]
Suficientes entradas para mi segunda bitácora por internet. La tercera llegará muy pronto.
Gracias a los comentadores
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7:07
Sientes siete horas, y despiertas despierto, Noel. Soñabas el día. Ojeaste hasta la página 158 The Time of Our Singing confundiéndote con tu propio conservatorio y La canción de Salomón: música, xetnofobia, estupidez. Insomnio, otra vez.
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Nerves
Obvio las palabras de la música. Tres notas de riff se alternan el piano, la guitarra y el bajo. Pequeño puente de guitarra. Siempre el mismo ritmo de tambor. La oscura voz recitativa. El grupo Bauhaus. Adicto al YouTube escribo Tuxedomoon, escribo Eraserhead (aquí la película completa) y David Lynch y Pixies, y todo apunta a In Heaven, la canción versionada de la chica de la primer película de Lynch… y se hace hora de cenar.
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Autoridades
Martes 29 de septiembre de 2009, entre las cuatro y cinco de la tarde. Escucho Catalunya Radio por la internet.
La locutora habla con una doctora, la Forcades, sobre la vacuna de la gripe A. Y es sorprendente: el discurso de la entrevistada es organizado, factual, pausado. La locutora intenta recortar, acotar, conducir y desviar la argumentación hacia una agenda prevista (“¿Pero, a ver, doctora, la vacuna es buena o no?”).
No sorpresa por la desinformación a través [¿en, por?] de los ‘grandes’ ‘medios’ y agencias locales y globales, por supuesto, sino por la rarísima presencia de una voz realmente crítica en ellos. ¿Cómo es posible? Sin reacción pre-parada, el pasmo:
-la gripe A sería casi intrascendente epidemiológicamente comparada con la gripe ‘normal’ por su índice mucho más bajo de mortalidad
-en cambio, meses antes de toda la apabullante publicidad de la gripe A, ocurrió que se evitó casi por casualidad, y sin repercusión mediática, que se aplicara en todo el mundo una vacuna contra la gripe normal que contenía por error un virus activo de ¡gripe aviar!
-después de que en abril de 2009 Estados Unidos declarara una emergencia ante la gripe A, la OMS cambió los parámetros definitorios de las fases de pandemia para basarlas en ¡dispersión geográfica! y no en gravedad
-esto justifica la alarma global y las medidas que —¡oh!— los gobiernos adoptan: vacunas…
-las vacunas que se intenta aplicar este invierno vendrían, novedosamente, en dos dosis, además de contener reforzadores del sistema inmunitario diez veces más potentes que los habituales: doble posibilidad de reacciones adversas, riesgos de problemas con la autoinmunidad, costes más elevados…
“Pero a ver, doctora, —reitera poco creativa la locutora— vayamos a lo que le interesa a la gente, ¿es buena la vacuna o no?” ¡Por favor!
Como la insumisa doctora —e investigadora reconocida, dijo la locutora, que entonces se debe arrepentir de mencionar tales atributos— Teresa Forcades i Vila no para, la desautorización: “veamos, doctora, esto que usted dice es muy grave, dejemos esto en manos de las autoridades que nos digan en realidad si esta vacuna es buena o no, ahora lo consultaremos con ellos…”
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jazzccb
CCCB. Noche de acceso gratuito a la exposición sobre el jazz. Entró la mitad de la cola a la jam session programada bajo unas bóvedas minúsculas. Detrás de la columna atiende el oído izquierdo la batería, la derecha el saxofón. Desde el suelo el griterío. Fotógrafos. Paseantes con cervezas. All jammed.
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lánguidas bitácoras
qué lan gui dez a ban do nar a sí ca rac te res al tiem po
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Antiadherente
Vasos, platos, cubiertos, vajillas enteras de un material antiadherente. Mecánicamente, con una espátula, se retiran los restos de alimentos, o bebidas. Se introducen en una máquina que lanza vapor y aire. ¿Existe? Lo soñé ayer.
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Worocola



Nuez de Cola. Fuente: Wikipedia.//Cheick Tidiane Seick
La plácida charla entre amigos se dilató el tiempo de comerse diez nueces de Cola —sí, las de la especie que conforma la segunda parte del nombre de una bebida que el farmacéutico John Pemberton inventó al final del siglo XIX. Un par ya era demasiado, explica Cheick Tidiane Seick en sus conciertos, porque una nuez equivale a algunas tasas de café. De ahí el ritmo de su canción Worocola, aquella que dice: «nous sommes tous des fils d’immigrés.»
Lo que nada dice de aquello que espera a los emigrantes. Como a las plantas. La hoja de la coca, la nuez de la cola, por ejemplo. Importadas, transformadas, reorganizadas, exportadas a todo el planeta a cambio de dinero. Nada nuevo.
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Equipaje

Koko Taylor (1928-2009)
Foto: © Marc Norberg (kokotaylor.com)
Raúl de la Rosa cuenta en el periódico La Jornada lo que decía Koko de su partida a Chicago: “Su equipaje: lo que llevaba puesto, y su fortuna: 35 centavos y una caja de galletas Ritz.” El 3 de junio ha vuelto a partir, definitivamente.
Que comenzó el blues junto a sus seis hermanos, con instrumentos de cajas de puros y alambres. Huérfana de madre a los cuatro años. Pizcadora de algodón, amante de la Cocoa, Koko. Que Willie Dixon la llevó a Chess Records, que al venderse el sello se fue a Alligator Records.
Equipaje. El Coromines lo relaciona con la palabra nórdica skip: barco. Carencia de bienes, improvisación, sembradíos, carreteras, caminos, migración. Vagar: vacío. La música no tiene lugar, sólo es tiempo. Equipaje.
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Sur·te·le
Miro en directo en Telesur algunos discursos en la sesión en que se ha aprobado la resolución únanime de la OEA que acaba con la exclusión de Cuba de ese organismo hace cuarenta y tantos años. No son, aquellos de las representaciones de Venezuela y Nicaragua, una banal congratulación: recopilación de numerosas intervenciones militares, asesinatos, brutalidad. Ah!mérica. ¿Qué escriben hoy para mañana los periodistas? ¿Alguno de ellos observa ahora en tal televisora pública los matices discursivos? ¿Cuál será al amanecer la noticia en los periódicos?
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Ленин
Aterrizado miro 48 horas después a Lenin embalsamado en su mausoleo. Ahora en una fotografía del periódico local. Leo: pasó dos meses en tratamiento. No pudieron pagarle un traje nuevo.
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MOCKBA
Moscú. El viajero a descubierto. Desigualdad del tiempo, dice sobre la in·temp·erie la RAE. Sin techo ni reparo, añade. Allá y entonces. En Moscú.
El río, cúpulas esplendorosas, frondosos árboles. Y a mis pocos años aquellos, las letras incógnitas sobre la portada fotográfica: MOCKBA.
Aéreo tejado, gris. Fotogramas picados de abedules. Añejos restos de Aeroflot ensombrecidos al paso de nuestras ventanillas de Aerobus.
Y el aire fresco descubre mi olfato, y no al revés, el polvo descubre mis ojos.
Intemperie. Mañana nevó y salió el sol.
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Es criba
Las teclas bajo mi dictado, nuevamente.
¿Nueva mente? No. ¿Mentiría si así fuera [mentar y mentir: idénticas conjugaciones]?
Miento aquí la disciplina que Vargas Llosa aprendió de Flaubert y escribo, que es cribar.
Escribano. En vano, agujero mural.
Escrivano, un horadador, hora dador, ora dador, ora dado or…
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88.
Los vehículos en los que su conductor circule a pie no sobrepasarán la velocidad del paso humano y los animales que arrastren un vehículo, la del trote.
661. Las causas de inconsciencia pueden ser: traumatismo cráneo encefálico (golpe en la cabeza) y asfixia e insuficiencia respiratoria.
708. Disyuntor: se emplea para evitar que cuando la dinamo no funciona, la batería se descargue sobre la dinamo. En el alternador esta función la hace el rectificador o los diodos.
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Por no dejar…
— Yo siempre vengo, yo nunca falto —respondió, rezumando (resumiendo) indignación.
Cinco minutos después: — una pregunta: ¿a cuantas clases se puede faltar?
Y sin dejar que el profesor concluyera la frase: — ¡cinco! ¡Yo había entendido que siete!
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¿Tributo a Duchamp?
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Metropiezo
De lunes a viernes ADN, ¿Qué,? 20 minutos, Metro, tiran no se cuántos millares de ejemplares en las manos de viajeros metropolitanos. Diarios —de cinco días— gratuitos —aunque con intereses— les llaman. Policiacos, televisión, fotos, cartas del público, deportes, tiempo, pasatiempos, y publicidad, hete ahí los ingredientes, anunciados en negritas, comentarios entrecolmillados para coleccionar —”me gustan los programas de debate, los políticos son frikis..”, etcétera. Los mismos contenidos en composiciones diferentes —aquí en la página uno allá en la tres— propagando masivamente la misma agenda y los mismos argumentos que luego te llegan al oído en algún almuerzo… ¿Hace falta que continúe?
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Escatologías
La question humaine (Hearthbeat Detector).
Nicolas Klotz. 2007
A Simon, psicólogo de filial francesa de una química alemana, se le encarga confirmar secretamente la pretendida demencia del director general. En la búsqueda, el indicado pecador —promiscuo, alcohólico, besa hombres, golpeador de mujer, cogedor laboral— descubrirá que la cuestión es “La” cuestión y que es humana porque ha corrompido a la humanidad empresarial y laboral y que además es —¡ohhhh!— ”El” Holocausto, súmmum de la maldad humana (“la Shoah n’est pas seulement le barème suprême de l’horreur, c’est l’acte fondateur de notre modernité“, ¡afirma Koltz en una entrevista!), patrón oro para la medición de la perversidad que se ha propagado globalmente hasta las cumbres sociales del mundo corporativo. ¡Uff!
¿Pero qué palabra es completamente antagónica a radical (de raíz)?… Pues aplíquesele —¿branquial, final, última, reduccionista?— al además pretenciosísimo título para calificar la película. Descríbanse también con ella algunas críticas que abundan por internet: magistral, “nos dice lo que nunca se ha dicho”, “quand le cinéma rencontre l’histoire”, película inmensa, etc…
El tele-ev-angelismo vuelto mal-angelismo cinematográfico: ¡el actual estado del capitalismo no es sino un nacionalsozialismo reloaded; como prueba el lenguaje vaciado de significado (sic) de los recursos del management humano! ¡Dios mío: que tire la primera piedra el pecador confesado! Ningún asteroide nos amenaza (estupidísimo Armagedón, Michael Bay, 1998), no, sucede que hasta la cuestión humana ha desaparecido del lenguaje, vuelto técnico, mecánico, éste: hemos llegado, la Tierra es Armagedón.
La cuestión humana, desfalleciente, tiene en la película misma su Hearthbeat Detector: el pasado jubilado-despedido le descubrirá a Simón el frío pasado de sus jefes y padres de los jefes —ingenieril fabricador de camiones gas-asesinadores con innovadores detectores de latidos— y también le descubrirá la semejanza del lenguaje técnico antiguo y reciente… cortinillas de vapores saliendo de contemporáneas chimeneas…
Hearthbeat Detector o el doble regodeo escatológico: ¡el fin del mundo es una mierda, vaya mierda de fin de mundo!
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Enllaç
¿Por qué no hay árboles en el gris metro? —me pregunto reiteradamente en el arrepentimiento de no ir a dos ruedas sobre la superficie. Paseo sin Gràcia por un vestíbulo ortogonalmente aburrido de l·a·liena <2> cuando acausalmente escucho como a manera de consolación la música de una ¿¡kora!?. Pues sí, hételo ahí a Ibrahim —así se me presentó—, y su kora y su pequeño amplificador en medio de aquella marabunta periódica que circula en el sistema sin·guiño de transporte. Fuera por temor absolutamente injustificado a bloquear el flujo de viajeros o a una incomodidad monetaria, los sorprendidos espectadores se mantenían a prudiente distancia de aquella enorme barriga, calabaza mágicamente sonante. Malí, seguro —afirmo tras recordar a koristas: Toumaní Diabaté, Mamadou Diabaté, Mory Kante—, y así es. “Sólo te felicitan —dice él al tiempo que cambia el grueso hilo de nylon que hace de cuerda— pero nada de monedas”. ¡Sin embargo cómo sonríe Ibrahim cuando sus notas blue se deslizan bailando sobre el resbaladizo mármol!
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Desapareció el dibujo de su blog
Y con él la historia que le habían copiado hace años. ¿Acaso volvió a ocurrir? Y es que en esto último no es difícil para alguien sumarse a Jorge Bucay, Ana Rosa Quintana, Lucía Etxebarría, Quim Monzó, Luis Racionero, Ricardo Piglia, Bryce Echenique, Vázquez Montalbán, Elena Poniatowska, o muchos otros. Obviamente, la obtención de credenciales de tan selecto set del plagio internacional requiere unos ciertos jets de tinta propia o negra y no poco apoyo editogrial. Pero vaya, para un amateur, especular con conocimientos y obras es de lo más sencillo, si bien los réditos serán simbólicos, aunque retornados a capital y contabilizados correctamente a un precio especulativo futuro podrían convertirse en toda una exitosa carrera profesional. Para iniciarse, sólo hay que morder la manzana (c y v) o asumir el ctrl con decisión.
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Espe·c[ta(o)c]ular
Destellos de espejos, la especulación. Del dinar al verde dinero. Papel. El agio despoja a golpes de hojas. Intercambio de espejos conquistadores por oro indio ¡Y esta madrugada programa especial ObaMaCaine! ¡Que vivan los reflectores! En la soledad, y sin hacer intervenir a los genes, basta duplicarle su imagen al periquito para hacerle feliz.
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la come dia del avida
La comedia de la vida (Du Levande). Roy Andersson. 2007. Noche de pocas vi·citas —como tantas otras— a la larga sala del Meliès. Compartido escenario, frío y húmedo, a ambos (he)lados de la pantalla. Suecia también es sucia. Suite de secos personajes afligidos en solitarios paisajes de escenario teatral a la Fellini que enclaustrados fatalmente en sus propios egos de ellos mismos se hacen los suecos. Episodios de húmedos paisajes solitarios de personajes teatrales a la Pasolini reconcentrados penosamente sólo en ellos. —Dos mil millones de chinos ¿y yo, y yo, y yo?— Recuento de clases y generaciones patéticos. Re·cuentos de sueños. Canción para armar, cabezasrota.
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(B)andas son-horas
Auriculares. No precisamente aureos. ¡No, culares no! Andan horas en los oídos. No hay andén en que no abunden. Horadadores. Nuevos no son. El invento hállase en ellos y no en el walkman. Que al hombro llevaba el hombre ya temprano en los ochenta un aparato reproductor de música generoso, potente, y consumidor de doradas pilas -acúdase a Do the Right Thing de Spike Lee para mirar un ejem ejem ejemplar. Los miniculares, decía yo, fueron la innovación, y el hombre no fue más vacío en sus caminatas diarias sino lleno. El horror a la vacuidad interlocutora desapareció en el individuo desde entonces colmado re mi fa sol (y sola) por gigantes corporac-i-ones de son-i-dos. Ipod. Y no UsPod, ni WePod. Y así… y así…
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Menú
Menú. Menudo. Escasez, pequeñez, delgadez… Pocas opciones, incluso la de elegirlo o no. Del sitio dependerá la cantidad y calidad, pero el menú se reduce a algunas porciones determinadas. Ya se, ya se, en la carta hay un conjunto determinado y poco vasto de opciones. No es esa la dicotomía. Francamente, no hay dicotomía. Es más sencillo. Es contra la industrialización del placer. Que harta el pan descongelado y quemada paella de los jueves. Obvio que es una analogía. También. Porque en esto pensaba entonces, que fue en un viaje, que fue en un coche, que había una guía germana de otras tantas guías… y si tuviera dinero suficiente, me decía, haría una guía diferente —sólo para reírme bastante— únicamente con los sitios a evitar, o con trayectos surreales, o heterodoxias graciosas y leyendas absurdas. Sin la seguridad de ir a lo seguramente saturado y descubrir los lugares comunes de experiencias prefabricadas. No, no que haya que incinerar las páginas amarillas de monumentos y must to see. Sino que uno también puede cocinar y quemar el arroz.
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Fruncidos
—¿Qué?, le azotó escupidamente. El entrecejo agolpado y la frente arrugada. Simplemente cerró el móvil, sonido de claqueta. Mordía alguna rabia intrigante y apretaba los tirantes de la mochila como a un paracaídas. La giró brutalmente, se abrieron las puertas, salió enfurecida. Urquinaona. Inmediatamente entró bufando el del abrigo a cigarrillo meados, ojos manchas en el piso, y el irritante silencio con que balanceaba arrítmicamente su cabeza.
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Tres películas y algo más (y 3)
Olvidé la tercera de la que les escribiría. ¿Era Existenz, Scanners, Historias de la casa amarilla, o la serie de Lars Von Trier? Mas algo he de anotar. Por algún motivo se trataba de una trilogía. Tal vez estaba pensando en lo que significa el drama: acción representada por actores que dialogan. Diálogos por aquí y por allá. Quizá hablaría de eXistenZ (David Cronenberg, 1999). Pensaba mientras la veía en la extraña manera —medio kafkiana— en que Cronenberg animaliza, o dota de vida animal, meta-morfo-sea, cosas (de manera literal: la máquina de escribir-bicho en Naked Lunch, en eXistenZ los bioports y los controladores-embrión; o de manera mágica: las sexuales prótesis y fierros torcidos en Crash). Posiblemente me preguntaba, sin poderme contestar ahora (lo intento: por su apuesta a la hipótesis pase lo que pase), por la estrategia —y su naturaleza— en que Cronenberg logra atraparme en la trama… Aunque sobre todo pensaba en que en estas historias de medio ficciencia medio gore de Cronenberg tanta importancia tienen los bichos-cosas como los personajes. Y mientras escucho a Morphine decido que ha sido algo más de lo que pensé que lograría escribir hoy…
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Tres películas y algo más (2)
Se acaba sabiendo: Le voyage du ballon rouge (Hou Hsiao- Hsien, 2007) homenajea a Le ballon rouge (1956) de Albert Lamorisse.
Buscas e Internet te ofrece golosinas cuchicheantes, envueltas en encabezados atrayentes, como que Renaud —muy apreciado cantante y actor francés— aparece en la película junto a su hermano. ¿Pero dónde?, cuestionas tu capacidad de observación. Lees más y ya sabes que son esos dos enanos como de dos años que pierden simultáneamente sus globos en una secuencia de dos segundos. Banal, pero es que hay intelectuales que nacen en los nidos de la intelectualidad.
Search results: en 4 capítulos, el mediometraje está íntegro en Youtube, felizmente. Al menos el homenaje ha servido para bienvenir tan agradable sencillez.
La historia de Pascal (Pascal… Lamorisse) y su globo rojo. En húmedo París trabajador, le petit écolier Pascal rescata desanudándolo de una farola escalable un globo rojo por quién llegará tarde a la escuela… y muchas aventuras descubribles en línea. A contraponer rojos Le voyage du ballon y Le ballon mismo:
Fantasía. En Le voyage, el ballon simplemente no ha sido fanta(n)siado dentro de la película. Elemento perezoso y ocioso, el globo es un caso fílmicamente extraño. Paradójicamente, es un actor que no actúa, receptáculo vacuo. Su adramatismo al interior de la película intenta (supone uno) buscar la proyección dramática del espectador poco ganado (aún más facilmente distraible por un vaso frío de cerveza o el entumecimiento de nalgas y piernas o el cielo del cine al aire libre). Y he ahí un problema: ¿cómo se representa algo el supuesto espectador si el actor es y realiza tan poca cosa con la cual identificarse?
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Se llamaba
Hay, no hay, ¡ay!
Deci(d)ir
Palabras,
pala, ¡abras!
¡alas! ¡brasa!
—Les querías hablar del viaje
—Sí, adolorido, acolorido
—Pensabas si hablarles del menú y de la carta, abriste el diccionario de etimologías, buscaste menú en internet, y callaste
—Encallé
—Luego pensaste escribirles sobre los médicos
—Me cansan
—Viste películas, escuchaste música, pensaste que eran escatológicas, utilizaste esa palabra porque la utilizó un periodista
—No porque fuera un periodista, porque cuando la miré me atrajo: ska, scat, escazoológica, scatzoológica… ¡me agargantaba!
—¿Cómo me imaginas? ¿Cómo me llamo?
—¿Tú? Voz sin género, sin rostro…
—¡Bautízame!
—…guión. Una voz. Sólo yo soy ego, sólo yo persona
—Soy tú
—Fantasía, fantasía, lo sabes
—¡Las fantasías existen!
—Imaginación, sólo eso. Existen en la cabeza, eso es todo
—Entonces soy tú
—Sin embargo, tuve un amigo invisible, una vez, tan real…
—Entonces somos tú. ¿Cómo se llamaba?
—Se llamaba… se llamaba…
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Boooohhhhstezo
Nubes rocosas de mañana
atemperan la fiebre de estío.
Bostezo (extraña palabra),
alárgome.
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Un-os dí-ahhss es-cri-ves, Noel
Cosas como que el hombrecito verde del semáforo
Tan solo está
Como el barrendero de chaleco amarillo
En lunes a las ocho de la mañana
Y como tú, que los amigas
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Lee él
Desde hace días es imposible conectarse a www.voltairenet.org. ¿Acaso por el último artículo desarticulador sobre el presidente francés? ¿Acaso por acoso? ¿Acaso, realmente, por mantenimiento?…
Leí entonces el periódico de izquierda. Mark Steel escribe en The Independent, y confiesa —injusto término cuyo concepto más bien debería ser exigible a otros “informadores”— que desconocía que el Nobel de literatura Solzhenitsyn estuviera aún vivo hasta hace pocos días, hasta el de su muerte, precisamente. Con ironía, Steel cuestiona las mono-tendenciosas esquelas mediáticas que intentan hacerlo recordar por “dar a conocer la realidad de los campos de concentración soviéticos”… y no por su comportamiento reaccionario avalador de Franco y de la continuación de los bombardeos en Vietnam.
El olvido también se construye.
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Tres películas y algo más (1)
El aire acondicionado desazonó esta semana. Le desconfío por similitudes con el sistema de desagüe (aquellas tuberías de rectas aristas acumuladoras de años de mugre) y la tendencia humana al desmantenimiento aprovechado entretejidamente por ácaros y otros comensales. Y el calor, ¡ay! Entonces mi garganta como mercurio flotando dolorosamente sobre los 37 celsius.
El regaliz —anisado regalo de raíz— infuyó en la elevación de la presión sanguiñea a niveles que alcanzaron para una sesión de estudio en la biblioteca y, ya amargando, hacer la cola fuera del CCCB para entrar al cine al que “no se puede entrar, no pierdan el tiempo” pero ”cuando salga alguien puede entrar una persona”
(en realidad fue así: -Sorry, what did he say? -It’s full, we cannot enter -Qu’est-ce qu’il dit? -And why are you waiting? -Because maybe we can enter if someone gets out -Qu’on reste ici voir, c’est quoi qu’il y a ici? -This is a museum -Can we go to the bar? -Et la discothèque?…)
y al final entramos diez recién conocidos y algunos fantasmas con sombrero
(fue así: -¿Tú vienes con Adriana? -No, solo -¿Y ella? -La conocí en la cola -Ah -Yo vengo con Ana -¿La amiga de Alexandra? -No… -¿Eres de México?, mi marido es francés, pero es mariachi… sí con sombrero… -Shó? no, so franceesa pero aprendí epañol aquí en Barcelooona, con unos argentiiinos… -Nací en Perú, luego…)
asentados contra el granítico piso mirando Le voyage du ballon rouge (Hou Hsiao-Hsien, 2007):
Predominancia del interior. Sofocante. Un ático abigarrado. Cámara mirando predominantemente la entrada/ vestíbulo/ puerta- la mesa/ escritorio/ tabla -el acceso a cocina/armario/lavado. Encuadre reducido congruentemente sofocante.
Escenario neurotizante para que la marionetista Suzanne (Binoche) exprese su personal neurosis urbana/ laboral/ senti-mental/ hogareña /inmobiliaria (euro-tizantemente) telefónica-gestual-minidiscursivamente aspaventosa. Escenario neurotizado por vecinos/ colegas/ llamadas irrumpientes. Escenarización pretendidamente problemizante-neurotizante con marido inexistente e intrascendente de vacaciones escriturales.
Escenario inerte para que la absolutamente inerme inexpresiva casi inexistente nueva gardienne Song (Fang Song) se confunda con su portátil o la cafetera o su cámara de video.
Escenario inerte en el que deambula el casi inerte niño Simón (Simon Iteanu, ni-meón siquiera) reaccionando tardía y alejada-mente.
Fuera, el balón rojo. Tras la ventana. Como la luna desde el auto.
¿Y? Nada, que mientras un ciego afina el piano recién mudado de unos escalones Suzanne recibe negativas de su hija a mudarse de unos países al pisito materno. Nada, que en el auto, mientras Simon nada hace Suzanne estalla contra su marido unos países más allá. Y Song nada de a muertito. ¿Y? Nada.
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Assada
Paseo alrededor de la estación Entrecampos. Cega el sol ubicuo. Segan mi andar los resplandores de las blancas aceras. Sesga mi vista el verde lustre inflamado de follajes. Grava el ligero equipaje. Exhumo los pies paso tras paso olvido el ritmo. Me exsanguo sudorosamente. Sin sosiego.
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Calor
Rola calor
Facción hirviente
Cala el calor
Rulo rizo bucle
Zopilote helicoidando
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2:09
Voz y ferran japón-esos salidos de algún bar puntuales a las 2:00 y aún menos puedormir: la tec no logía me ha enfadado todo el día de a penas ¡ay!er. De ene ese y p, te ce pe, ese eme ese, tres je, je, je. Nada hada, la tecnología. Imperds-horas, inter-niet. Mensajes cortos que instantáneamente se pierden quién-sabe-dónde por minutos impidiéndote dormir, ir. A las 2:20, heterocrónicamente, enfadado.
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Alcântara
Alcântara. Al-qantara: la ponte —como la fuente, me han dicho. Historias de Lisboa. Es una tarde paralela al Tejo. El miradouro cuelga del Bairro Alto, miradas de oro, últimos destellos europeos. Miro el río y río y rimo y rima a mar y río. Alcântara. Acueductos, tranvías, caminos, pontes, ríos, soy solo mis pasos y el sol desvanece en giros florecientes. Bosteza el calor, se instala la noche. Se iluminan las catenarias del puente, centcerros eléctricos en centelleo, tintinear punzante.
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Rimini
Federico Fellini dice no creer en las fronteras entre el pasado, el presente y el futuro. Ni entre historia, relato, y verdad. Son construcciones, y, a veces, le agradan más que lo posiblemente ocurrido, y otras, lo reemplazan. Su ciudad natal, Rimini, por ejemplo. En el ya citado documental, Italo Calvino dice que para la psicología, la mentira es tan interesante como la supuesta verdad, ambas producto de la persona, evidenciada por ende. Eso dice el autor de Ciudades invisibles.
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Disponibilidad
Que no le parece adecuada la palabra improvisación para nombrar su manera de trabajar, dice Fellini en El gran mentiroso, un reportaje sobre él. Le reemplaza por la disponibilidad. Disponer. Disponerse a lo que una película, una historia, piden. Poner. Ponerse.
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Algunos rastros desde Portugal
La oralidad duerme cobijada por la lengua.
Carpobrotus edulis. El suelo alrededor de la cruz de Cabo da Roca, occidente donde termina Europa, ha sido colonizado por esta planta africana que extiende sus millares de solidarios brazos carnosos sobre la arena. Un rey poeta portugués, me dicen, adaptó una especie de pino para forestar playas del Atlántico. En Sintra hay un llamado Jardín de aclimatación.
Desde las calles de Lisboa se miran banderas en muchísimos balcones. Me cuentan que en una época de fuerte demanda de banderas, los fabricantes chinos recurrieron a nuevos productores, quienes en vez de los castillos que hay en el estandarte dibujaron pagodas. Hay una huelga de transporte, y en la autopista, los autos que aún lograron conseguir gasolina portan banderas como si fueran barcos, pero no tienen pagodas. Y la tristeza de los puentes peatonales y las barreras de sonido no calla.
Tanteo el camino a la estación Entrecampos. Detrás de los rieles, una casa abandonada. Al costado, há sardinha assada. En la esquina, un hombre mira imperturbable hacia el fondo de la calle. Nadie se mueve. Ni el cielo. La estación es gris, los trenes viejos, la gente duerme. Bebí guaraná. Mi panza fría. Pero hace mucho calor.
En un auto, en barquitos, en tranvías, en elevadores rezo a mi oído nombres en portugués, lunas, arenas y aguas frías. En la almohada intento explicarme historias de puentes y ríos, pero no lo logro y tampoco me quedo dormido.
Almada es la estación del transbordador frente a Lisboa. Almada, Santo Antonio, sardinha assada. Almada cerveja preta y música horrenda. Almada malada.
Cabo Espichel. Un monasterio en ruinas. El escarpado es un sitio buscado para suicidarse en auto, dicen. Desde el borde, vemos allá abajo, lejos, la carcasa de un auto. Sopla fuerte el viento.
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Ese país
Hay un país cuyo presidente lanza invitaciones a la democracia en bombas contaminadas por uranio a países pletóricos en petróleo.
En ese país —el más democrático del mundo—, el electorado vota por sus personajes favoritos de alguno de los cientos de reality shows que pueden elegir.
En tal país, ejemplo del federalismo más avanzado, los estados federados —Puerto Rico y Guam son colonias, no estados— designan a grandes electores para ahorrarle trabajo al electorado, al que le consultan sus opiniones en un espectáculo televisado que cada estado organiza llamado primarias.
Como se trata de puntos de vista, no es necesario verificar las máquinas para votar; al fin y al cabo, sólo se elegirá como al 75% de los delegados, pues los super-delegados son nombrados por la oligarquía.
En ese país, lo dijo su Corte hace años, no cuenta el voto de los ciudadanos, sino el de los estados, que por algo ese país es una federación. En ese país hay tanta confianza que incluso el hermano del ahora presidente era gobernador del estado impugnado.
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i n s o m n i o
insomnio
ii nn s oo m
món simio
ni somnio
i ni som no
i ni mon só
i mon i son
i somnio n
insomnio
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soñiños
aquellos saxofones sonaban a japonés y cuando los alcancé eran unos niños inconfundiblemente orientales —o sea que se les entendía nada— / me dije noel anota esto y aquello porque lo único que recordarás es que dijiste apunta esto y de aquello nada / efectivamente / por eso me compré otras dos libretitas para recordarlas cuando salgo de casa y poder olvidar casi todo lo que veo / (miquel rius tiene el monopolio de las libretas de barcelona, escribe sobre una posible historia, dice en mi libretita miquel rius, por supuesto) / ahora están haciéndose las dormidas allí acostadas sobre la mesa / pero cuando las paseo por el metro parecen pozos de ojos (tantas miradas salpican) y provocan envidia / si tan sólo atraparan historias / ¿y si escribiese en letras bien grandes: “alguien mira las letras en la libretita”? / provocaría sonrojos en los ojos que suelen mirar por sobre el hombro / es más interesante que mirar los sudokus ajenos / aquellos niños sonaban a saxofones y cuando los alcancé eran unos orientales inconfundiblemente japoneses / oriéntales, oriéntales, están inconfundiblemente soñando saxofones japoneses / soñafones
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‘parce que’ c’est ‘because why?’
Chistes.
No sabía que chistar es “emitir algún sonido con intención de hablar”, y que proviene de la onomatopeya psch, psch… Justamente adecuado para introducir esta entrada, trivial, sobre el aprendizaje de las lenguas.
Ya es viejo aquél, el chiste, del que ha aprendido a penas el nombre casi impronunciable de alguna comida en un país tan exótico y remoto que el yes y el no significan penacho rojo o tigre amable y que después de semanas de entrepà de fuet o de hot dog o de currywurst o de tamales canarios decide intentar, antes de abandonarse a la inanición, articular otra palabra. Ya se sabe, dirá “entrepà de siltora, blaguel, talames, ajtysukmnoëurp” o algo por el estilo, que detonará en su interlocutor alguna obligada pregunta como “¿pà amb tomàquet? ¿wich kind of bread? ¿qué salsa? ¿klrzgywut?”, a lo cual aquél responderá absolutamente triste, según el caso: “entrepà de fuet, hot dog, currywurst o tamales canarios.”
Con menor dramatismo y real vergüenza, los aprendices de lenguas otras padecen frecuentes equívocos, nada que sus colegas no hayan sufrido antes, ya es viejo, también, aquello. (Y las konfusionez pueden ocurrir en las lenguas propias). Aquél traducía ‘parce que’ del francés a ‘because why’ del inglés (¿?); aquél otro ‘por si las moscas’ a ‘for if the flies’… etcétera. Éste que escribe repetía como un mantra al bajar de un avión: “merci beaucoup; s’il vous plait”… y cuando pidió por primer vez dijo, por supuesto: “s’il beaucoup, merci vous plait”.
Al final, chistes, porque bien se podría uno ahorrar tales malestendidos con unas onomatopeyas bien extendidas.
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com partiendo
Huele a domingo [uff, ¿de cuál semana, hace cuánto que no escribes Noel?] allá fuera. Brillos reducidos. Deseo de andar por esta humedad. Deseo de bailar. Deseo de soplar por el saxofón vagos vahos. Deseo de mirar desde una montaña. Deseo de mirar hacia una montaña. Deseo de mirar una neblina. Deseo de madera, deseo de barco, deseo de mecerse.
Aprendí la expresión “cágate lorito”: río. Y en la cocina descubro el resto de otro episodio —y río, realmente río, sonoro como el agua allá fuera—:
Había comprado esa baguette de casi un metro de longitud de la que ocupé veinte centímetros para el almuerzo. Envolví los dos palmos restantes dentro de una servilleta. Y no lo pensé, mi generosidad me condujo de la mano a buscar… algo con qué escribir para poner “estimados compañeros de piso…” no, qué ridiculez, pones “coged el pan y el vino, hijos míos, me llaman y debo marchar”, y tal cual se leía cuando marché al despacho. —Yo no tengo ningún resentimiento, de hecho hoy les he dejado pan y vino —dije en el trabajo—, pero claro, su habitación junto a la cocina es poco compatible con despertar hasta la tarde, y uno no es un mimo para hacerlo todo en silencio y fingiendo que se barre y que se lavan los platos (aunque es gracioso, lo hago cuando no me miran, claro, porque si me miraran les daría un ataque gástrico). Para el café de las once ya había borrado del RAM todo el asunto y nos intrigamos leyendo frases sobre gente “que tenemos el placer de no conocer” pero que parece que deberíamos por los millones de periódicos en que aparecen sus retratos, fotos realmente aburridas —¿o qué interés tiene la imagen de un bebé común y corriente sino, tal vez, que tiene una frente muy amplia?—: “…su pelo rubio, sus ojos azules y los labios heredados de su bella mamá la han convertido en el bebé más influyente del mundo, según la revista norteamericana Forbes…”, aunque parece que no tanto, por que “…será entonces cuando Shiloh tendrá que ceder su título de la pequeña de la casa para dárselo a sus nuevos hermanitos, que incluso antes de nacer ya han levantado gran expectación…” —y lo que uno se imagina es que tal vez la levantan porque serán los primeros clones humanos, y que por eso el periódico escribe que vivirán en una casa con 35 habitaciones, dos piscinas y unos ponis, aunque parece que todo es simplemente una película, porque hablan después de una pareja de actores. Con tales historias es evidente que se llega a casa hambriento horas después y pensando en que tal vez se hizo mal en compartir tooodo el pan, ¡ay!, pero qué sorpresa, al encender la luz, están sobre la tostadora los cuarenta centímetros de harina cocida completamente intactos en su amorosa envoltura, con su cartelito, mmm, me acerco y miro la razón del milagro: la tinta del resaltador indeleble negro con que escribí el mensaje horadó parte de la servilleta y ahora el microondas blanco tiene tatuado unas imborrables “me llaman y debo marchar”. ¡Cágate lorito! Me muero de la risa.
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Muse, oh
Anoche de los museos, muse oh, must see ohhh. Y a partir de este momento, escritura automática: corroedores de una vez al año comprando al último minuto de las nueve bebidas cafeiníticas, y a mí qué me importa ese maratón de gran tienda kilómetros de pares de piernas desfile de pantalones cortos y números en la espalda, a mí que más me da, y ayer, noche de los muse oh s, él miró —Joan Miró— cómo no lo miraban con humor los ojos vítreos, cómo no lo miraban tanpoco ciegos objetivos, ver sin verso, desfile de pantalones largos bocas grandes vacuificando a gritos y flashes lo que ahí había —”te fotografío, te poseo, te robo, te guardo en granos de plata, y así no podré verte nunca, no, no te robo el alma, te robo completamente, me niego a mirarte, a analizarte, iré por el museo extrayendo las piezas y archivándolas en mi colección de objetos, consumismo de nombres, de títulos”— y fuera del ir y venir del vino queda humo, ergoismo —”poseo todas las obras, ahora que están en mi cámara, estoy yo: mírame, atuendo a tu mirada”—, desfile de modas, filas de supermercado, la librería y tienda de recuerdos —aún más— abierta por la noche, y tal vez, tal vez, tal vez, el autor chino de esa obra que ironiza sobre las esculturas de guerreros de terracota de Shaanxi —cientos de idénticos guerreros en terracota escala uno a uno parodizados en decenas de idénticos militares mostrando una enorme y forzada sonrisa— reiría al ver la meta-obra de arte que la noche de los museos permitió: jugando a ser otros tantos soldaditos, los turistas culturalillos posan para la foto, sonrientes, ejército de…
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Ahora que llueve
Recordé [¿volví a colocar las cuerdas?, recoloqué el corazón: en francés, aprender de memoria es aprendre par coeur...] la noticia de la muerte de Arthur C. Clarke. Nombrarle y la evocación de la biblioteca de la escuela en la que lo descubrí me entibia. Y ahora que el sol —¡qué solo el sol!: seul-ell— mutó a polvo entre las nubes y la lluvia está agrumada tan finamente que revuela, ahora, decía, acude, sin invitación, otro recuerdo, de ciencia ficción, que leí apenas, aunque sí he olvidado dónde: la hipertecnificación de los alimentos. Que los Organismos-Modificados-Genéticamente son historia, que habrá nanoalimentos, que la industria alimentaria se trasladará al nivel molecular, que habrá nanofábricas de proteinas, sabores, colores, et ce sera… Y ahora [que fue apenas, que es ahora porque lo revivo] que llueve su ave mente en este clima cambiente para fortuna de los agotados acuíferos, de pronto, la publicidad, aquí, bajo mis ojos: “La hamburguesa con queso, el pollo teriyaki, las salchichas o el pato chino son comidas que todas ellas tienen algo en común: se han convertido en ‘líquidas’ y se pueden beber. En total tienes 12 sabores diferentes donde elegir según los colores del arcoiris. Considerando que llega el verano quizá sea ésta una posible alternativa para cargar energías y no deshidratarnos. No recomendable para vegetarianos. www.dinnerinabottle.com…”
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In somni io
La campaña tanía: alcancé a sumar seis toques. Tañer es ejercer el sentido del tacto, leo, ahora. Seis campanadas, entonces (aunque ya imaginé al viejo sordo tañendo a través del badajo la aleasón metálica). Y el pájaro latía —aún pía— un pulso veloz. Oleadas vehiculares fragorosas azotan el silencio picado por el ave. In somni io. Así de temprano se mésclan las memorias, las imágenes, los pensamientos. Soñaba una espiral cuadrada, subterránea, oscurecida por sombras arbóreas muy frescas de sabor a moras. El estrecho pasadizo aquel se elongaba desesperadhoramente. Etcétera. Hasta que desembocamos —el pasiyo y llo— en la gruta cúbica de concreto olor a moho. Estaría sediento, porque en su seno beaurbeauteaba deslumbrante —lumbre y agua: lava; lumbre y agua: géiser; lumbre y agua: cometa; lumbre y agua. Bebí, ve vi, vais vie, bé vie.
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Australia
Canguro, montaña roja. Regresaba de Australia por la acera y el pensamiento otra vez: canguro, montaña roja. Y jarras rojas. Y zapatos de jarras. Osamentas en grandes jarros rojos de tierra. Así enterraban en algunas culturas, tierra fresca, tierra cocida, polvo somos, como somos, cosmos. Errando entre demasiadas erres. El pensamiento despeinado, andando los pies a ras. Pinches pensamientos desordenados. ¿Desordenados? ¿Alguna vez han estado ordenados? ¿Entonces ya estaban? ¿Ya? ¿Antes? ¿Antes de pensarlos? Ya estaban, ahora sólo se les mira… Entonces. ¿Tiempo reversible? Pinches pensamientos. ¡No! El orden es un malabarismo. Nada estático. Nada finito. Las cosas no son, están. Están, y son a través del lenguaje, de la imagen, de otras cosas. Poesía, pues sí, ¡ah! Pesanmientos. Canguro, montaña roja. Por ejemplo el cielo —la nuca descansa tensa sobre la espalda y los ojos son un radio, un rayo, hacia afuera del centro de la tierra cruzando por Barcelona y mirando hacia el infinito—, sí, ese, azul, vasto. Enorme grosor de aire, de vapor, caparazón acolchado de la tierra. Vivimos más en él que en la tierra, puro apoyo, éste, imán celoso del espacio, que nos retiene gravitatoriamente. Así que vivimos dentro del cielo. Pero no se le ve sino de lejos, y aún estando en él podemos verlo sólo a lo lejos, avizorando incontables moléculas de oxígeno, nitrógeno, etcétera. Canguro, montaña roja. Un día, más bien una tarde, el niño que tenía siete u ocho años, el niño de los ojos miró el cielo y era rojo como grumo de sangre en el lavabo y tembló y corrió tropezando en los escalones para guardarse en su casa. Pero frente a la puerta, lo único que le quedó fue el llanto, las manos en los bolsillos, los dedos atravesando la tela rota por la que se fugaron las llaves. Canguro, montaña roja.
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Inverthebrada
Este filo de poesía es inverthebrado. Perdió los dientes y las letras de los uesos en alguna etapa evolutiva de la que poco se ha investigado. La especie más extendida es annelida y se conoce vulgarmente como gusanito medidor —los anglófonos, siempre en búsqueda de la estandarización, la nombran inchworm— y su capacidad adaptativa es tal que se halla hasta en el nicho bibliográfico más insospechado. Su inclusión en los taxones existentes es muy discutida pues carece de órganos sexuales y su estrategia de reproducción es de tipo virulento, mimetizando el territorio vocabular a su fenotipo, una envolvente en forma de anillos. Este sorprendente comportamiento consiste en la ingesta selectiva —la precisión que alcanza en la medición de la métrica es mucho menor a un dieciseisavo de pulgada— de los caracteres centrales de versos y prosas, de los cuales aprovecha los patines tipográficos para la conformación de su cubierta, y la producción de excretas perfectamente similares en su color al del papel de los textos. De la explotación de esta propiedad se tienen noticias tan remotas como la de la dinastía Pap Er (c. 456 a. C.), de las que nos quedan papiros en las que se observa el hilado y trenzado de los filamentos. La perimetralidad de la inverthebración ha sido uno de los mecanismos más excitosos de sobrevivencia poética debido a la alta adaptabilidad de la membrana resultante a un contenido teórico de variabilidad casi infinita.
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Ni tento escribir sobre la música
Peter Gabriel (1950-) [wikipedia]
Borrachas resbalando su sentar en motos ajenas buscando en bolsos brillantes inútilmente el día, la esperanza, el recuerdo, las llaves, la nostalgia, sus casas, o qué, o nada, a las diez de la mañana de un domingo y sus vestidos azules ya tampoco pueden erguir el cuello y sus zapatos azules intentan recostarse y sus destellos nocturnos se avergüenzan del este de la tierra arrastrándose hacia el sol como un caracol.
“¿Será el fin de la economía mundial y la quiebra total? Pues casi sí, porque el actual embrollo que domina los mercados mundiales monetarios y de productos ya salió del marco de la teoría de las crisis habituales, aunque de todas maneras no significa que ha llegado al fin. Con mucha probabilidad, en esta ocasión pueden desatarse convulsiones que podrán cambiar de forma radical la actual organización de la gestión económica internacional, donde EEUU desempeña el papel de administrador, Asia y América Latina la zona de producción y Rusia y Oriente Medio los suministradores de recursos energéticos.
Dentro de decenas de años, es probable que los historiadores al definir lo que pasa actualmente, hablarán de la primera crisis global de la economía post industrial, que dio inicio a un nuevo modelo de gestión económica mundial con centro en algún lugar de Asia o multipolar en todas sus formas. (Elena Zagorodniaya: Ria Novosti, 22/ 03/ 2008).”
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Adagio
Samuel Barber (1910-1981) [wikipedia]
Cala, también,
el Adagio de Samuel Barber.
Encallo ensenado
Sueño ad agio, à l’aise
En cara la te va mà
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Verde
Leo: Boris Vian.
¡El loco! Río ríos.
Escribía todo.
Recuerdo una clase
Gimnasia gramatical
Complemento de objeto
Directo indirecto todo eso
Escribí: ‘el hombre verde se saca un moco azul’
¿o era ‘l’homme vert pète bleu’?
Me dijo seria y severa
Que mostrara interés
Pero la frase no tenía errores.
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esa noche jugamos a las palabras y soñé un palíndromo
a la carta atrácala
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Es una queja, no un título
Títulos los de las canciones. Son sencillos y traicionan, por tanto descarto algunos posibles calificativos iniciales. Las frases inaugurales confusas son útiles para reproducir el ambiente. De entonces, aclaro.
El asunto acontece redundantemente, pero aqueja. “¿Conoces la Chica de Ipanema? ¿Te sabes la de Las hojas muertas?” preguntó, realmente. Eso de los títulos es lo de menos. Cualquiera, incluso músicos, pueden desconocerlas, pero no frente a las partituras. Pura neurosis, ya lo decía.
Lo del motor ya era otra cosa. Parecería obvio que lo mejor es no apagar el auto en cada semáforo. Pero no. Al tercer acorde ¡zas! se detiene. “un dos tres…” ¡zas! se detiene y exige, subrayen la palabra, exige —por el micrófono abierto— tal y tal cambio. Ligera impaciencia demanda ciencia para calmarse. Su impositivo petitorio era un pliego de tecnicismos formulados más o menos coherentemente con un tono de exclusividad particularmente afilado con preguntas al de las teclas con respecto a su conocimiento.
¿Monología, autismo, narcisismo? Los calificativos intermedios mantienen su capacidad inductiva. Pero es sólo una queja. Soltaba la voz y el perro salía huyendo. Al tiempo de un reloj arrepintiéndose, unas cuerdas anudaban la garganta de un piano efervescente. Los sordos gritan siempre a los mismos decibeles. Converger en el sitio no asegura la conversación y aquello era una convulsón de locociones monológicas. El espacio sonoro, único, devenía esquizofrénico.
Se dice “voy a tocar”, “to play”, “jouer”… la música es clara, evidente, no está en quienes soplan o manipulan, ni en el aire, ni en un individuo, sino en todo ello. Ir a tocar es constatar la obra inevitablemente colectiva que no está en mí ni en tí sino en nosotros pero desde nosotros, es ir a arrojar aire y verlo, tocarlo, jugar a echarlo, a recogerlo, esparcirlo, salpicarlo, soplarlo, acariciarlo, mimarlo, esculpirlo, hacerlo polvito de azúcar o arremangarlo por los oídos, esponjarlo, hacerle burbujas o cosquillas, esconderse y reencontralo, tumbarse en él o mecérsele.
Por eso, si quien pretende tocar sólo atina a gritar yo yo yo yo ni tan solo juega al yoyo. Porque el juego está ahí en medio, el aire que se coloca debería decirte algo a lo que agregarías otra cosa, lo que modelaríamos tocándolo, esculpiéndolo, suavizándolo, formándolo…
Harto en fa do.
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Vaga abundeo
Aquellos vagabundeos aumentaban la distancia en el espacio euclidiano. Por contraste, disminuía algo: tal vez la ausencia de estímulos, o el larguísimo no-tener-nada-en-qué-pensar sobre el hecho de estar ahí, en concreto. Allá, entonces, deci(r)ir caminar entre las vías podría deberse simplemente a la ignorancia de conceptos como el de eficiencia. Apre (he)n días el tiempo en un reloj nuevo, electrónico. O tal vez sólo aprendías el gesto: alzar el brazo, el izquierdo, hacia el mentón, recoger hacia atrás la manga, mirar los números, decir ‘es tal hora tantos minutos’ y entretenerte contando en voz alta los segundos —cincuenta y cinco, cincuenta y seis, cincuenta y siete…—, hasta la caída de un nuevo minuto. Te encantaba. Sin embargo, nunca has comprendido por qué y dónde perdías tantos relojes, que te volvían a comprar con la promesa de cuidarlos mucho. Claro que lo hacías. Pero sólo podías cuidar de una cosa al mismo tiempo… y entonces el crujido de la grava, contar los durmientes de madera —y autos, colores, postes, contabas todo— olorosos a derivados de petróleo, imaginar los rieles dilatándose —dilatar, cuando escuchaste la palabra te gustó mucho— longitudinalmente por kilómetros… entonces perdías las horas y los minutos y los segundos —el reloj, por supuesto—, sentado en el hierro, en una carrera imitando un tren de vapor, exhumando trozos de tornillos de la arena.
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números
uno) —¡Nosotros aquí no queremos ladrones! —gritaba desde tan lejos que todos lo podían escuchar, mayor, voz ronca, bastón, sombrero —¡sólo vienen a robar !—contorneaba la cabeza sobre el cuello, agitado, y remató: —si no aprenden a vivir en sociedad los deberían regresar…
El humillado, moreno, bajo, salió presuroso detrás de la mujer, ídem, a quien se adhirió para entrar al andén. El viejo bufaba.
dos) Miraba la diferencia entre los veinte tipos de salmón. Cogía una lata, la regresaba al estante, luego una más brillante, otra opaca. Ella parecía observar lo mismo, pero contrario a él, no andaba de una marca a otra, de un precio a otro: lo vigilaba. A él. Atenta a sus manos, a su cuerpo. —¡Probar es robar! —dijo en un momento, notoriamente equivocada: las frutas, o la panadería, estaban en otras regiones del supermercado.
tres) Para referirse a él, decían: “el negrito”.
cuatro) De entre una multitud de cochecitos, se exaltaron únicamente con él: “mira, qué bonito bebé, qué guapo, tan rubio, se ve muy inteligente”.
cinco) “Aquí no hacemos discriminación de ningún tipo.” Y más abajo, otro cartel: “Se prohibe la entrada de niños.
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Nadomingo
Marco (pie), el otro Marco (actor), Orijazz (foto). 2008.
Surrealísimo domingo soleado dibujando el videoclip que es el Pobre Nou, eclosión de plantas de acero hormigón vidrio. Surrealísmo domingo jugando voleibol sin red geografía variable pelotas en la vena. Surrealísimo domingo de fotos de playa y de bodas evangélicas dentro del agua y de cantos gitanos reducidos a le luya. Surrealísimo domingo de nuevos parques de franceses que implosionan. Surrealísimos domingos de jazzes sin pena ni gloria.
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Amanece, que no es poco
La dirección del sol coincide con la fachada del chaflán hachado al edificio que habit(ú)o, y acuesta unas sombras largas en la calle de la lentitud de una vieja pareja de añejos. Amaneció antes, claro, e vi dente mente. Lu ego despipierto estallándome aún desde el sueño imágenes y palabras (maca-demia abra-ca(da)bra …) que confluyen —confluencia de río s— con la realidad de un canto gregoriano goteando [me gusta que las palabras que se siguen tengan muchas letras similares: "erre con erre cigarro erre con erre barril rápido ruedan las ruedas por los rieles del ferrocarril"] desde otro piso por el patio de ventilación. Y dije estallar y me concentré en la pronunciación de la elle y no fue poco lo que siguió entonces al ama n(h)acer que es una esta-llar de tallos.
Esta llar de tallos, ciudad en cuyos brazos flores amanezco. Alzado el sol sobre el talón de la tierra, cuerpo de tela, el cielo, hilos azules, telarañas, desde los ojos hasta las astillas de luz estellada. Andar viendo es tallar. Andar apalabrando es hallar, que no es sino fallar: rozar con el aliento, soplar hacia algo. Y dice el diccionario que talar son las alas en los talones de Hermes-Mercurio. Tallar entonces el día, dar alas al tallo, fallarlo, alarlo, esculpir esa taula.
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Doudouk doux doux doux d’où
Duduk /
Passion. Peter Gabriel. 1989. /
588 Rue Paradis. Henri Verneuil. 1992.
Cada disco de Rabih Abou-Khalil es una conversación diferente: los invitados de cada café varían. Algunos de sus amigos son muy recurrentes, sin embargo, como Michel Godard (en la tuba o el serpentín). Songs For Sad Women ha reunido a Rabih, Michel, Jarrod Cagwin en la percusión y a Gevorg Dabaghyan en el duduk.
Duduk. Armenio, de orígenes antiquísimos. Embocadura de doble caña, como el oboe —uno de los vientos más antiguos de la humanidad. El instrumento, al parecer, exige a sus músicos una gran fortaleza labial, pulmonar y diafragmática. Su timbre único asemeja a una voz femenina, a las cuerdas frotadas de un fino cello a través de un oboe. El vibrato es dinámico, la sonoridad profunda, rica en perfumes. El primer contacto auditivo —de ningún otro tipo he tenido— con él fue gracias a Peter Gabriel en la película de Passion.
Passion. Mucho antes de la banalizada y reducida moda de los contantes y sonantes códigos de barras danbrownianos davincescos —y de lo que he leído (no me he atrevido a constatarlo por mí mismo) sobre películas de fanáticos de lo shocking, alias Mel Gibson—, en sintonía con evangelios disidentes, Passion/The last temptation of Christ (Martin Scorsesse 1988, basado en la novela La última tentación de Cristo, de Nikos Kazantzakis [algo más a añadir a la lista de lo que me gustaría leer pero tal vez no podré]) muestra a través de la existencia de la duda a un Jesús hijo de hombres. Duduk armenio. Armenia. Ararat, la montaña armenia. Duduk, el canto armenio. Ararat, la montaña del arca de Noé. Armenia, el primer estado católico del mundo —301 d. C. Y en la banda sonora de Peter Gabriel, el primer tema, The feeling begins con la voz de un duduk. Y al final de otra película The end es un duduk: 588 rue Paradis.
[Paraiso. 1. En el Antiguo Testamento, jardín de delicias donde Dios colocó a Adán y Eva. 2. Cielo, lugar en que los bienaventurados gozan de la presencia de Dios. 3. Graderío más alto de un cine, teatro o local análogo.] Azad Zakarian se refugia con padres costureros y hermana en Francia. Adulto, después de menosprecios y automenosprecios varios —la triste escena de su vergüenza por llevar unos preciosos caseros baklava a la fiesta de cumpleaños de compañero acomodado donde le serán robados por el mayordomo— habrá podado su apellido y se habrá rebautizado —Pedro— Pierre Zakar, famoso director de teatro, además del suyo propio. Tras enfrentamientos con su esposa trepadora social y encuentro con literatura armenia, Pierre adquirirá el materno deseado jardín del número 588 Rue Paradis para alojar a su madre, perdiendo en la errancia las erres de su nombre y rebrotando su apellido hasta el final encuentro apacible con su padre y consigo mismo, en el teatro vacío, donde su padre abrirá un estuche pequeño del que saldrá la patria: el canto de un doudouk.
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Rabih Abou-Khalil
Songs For Sad Women. Rabih Abou-Khalil. 2007.
En mi visita de los viernes a los audífonos de un minuto gratis por canción que hay en la tienda de discos hallé el último disco de Rabih Abou-Khalil (Beirut, 1957). Imposible resistirse a las hermosas ediciones caligráficas. Imposible que no se me ericen los vellos al escucharlas. Imposible disasociar el sonido del oud con Rabih. Y desde la visita a Marruecos imposible no recordar el jardín central de Fès-Nouvelle en la que un oud me transportó a un Magreb y a un Mediterráneo invadido imaginario cultivadísimo. Imposible no pensar en mi padre, quien llevó un día a casa el disco Tarab. Imposible no pensar en el café y en la historia que también él me contó sobre su remota introducción a los países musulmanes: al salir de la mezquita, en Arabia, de pronto, los hombres comenzaron a reunirse y a conversar acaloradamente, lo que inquietó a los muftis —interpretadores del Corán con autoridad para emitir edictos—: ¿qué era aquello, la organización de una revuelta, de una manifestación, qué planeaban? Nada, habían descubierto el café… ¿pero, quién sabía si el hecho de que incitara a la charla no era sino el inicio de algo peligroso? ¿Había que prohibirlo, como el alcohol y el cerdo? Los muftis dudaron mucho, o era demasiado tarde, o también habían sucumbido a los efectos de la bebida y de ahí las eternas conversaciones al respecto… El hecho es que hicieron nada. Y hete ahí a un sonriente Rabih en el preámbulo aromático de la degustación de un arabica, sentado cómodamente, delante de un grupo de conversadores… y su oud simétricamente situado, interlocutores, su charla es música.
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Muerte en Venecia
Muerte en Venecia. Luchino Visconti. 1971.
Comienzo este comentario escuchando Anarchy in the USA —versión de Tito Larriva en castellano de Anarchy de los Sex Pistols, esa que sale en la película de U2 The Million Dollar Hotel— y seguirá sonando la lista de The Clash, así que a ver qué resulta:
Larguísima tensión contención de sólo esto: Gustav, maduro compositor llega vomitivo a instalarse en un exclusivo hotel veneciano en el que se enamorará del púber Tadzio sin atreverse a algún acercamiento mientras muere víctima de la epidemia de cólera que los locales intentan ocultar. Y ya. (No leí la novela original de Thomas Mann).
La contención epidé(r)mica no es sino correspondencia con el lento tempo de la banda sonora sinfonías opus algo a cargo de ¡Gustav! Mahler (1860-1911 dice Wikipedia). Su historia es-tirada en la playa sin olas, en el hotel de enmascarados fare-niente, y en la decadente Venecia. El estirón se manifiesta hasta la cámara que gira en un sólo punto desde el que se acerca zoom zaam zoom zaam a los personajes y a la historia intelectualoide de Gustav casado y con niño y perdedor innovador musical a través de la riña con el amigo (¿?) criticón. Estirón, éste, cuyo propósito queda puramente anecdótico, paréntesis inútil para la trama reducible a las miradas zoomeadas. Así así hasta el moribundo final del viejo rejuvenecido a la payaso hipermaquillado Michael Jackson con sus ojos clavados en el Lolito solito entre la arena de la laguna.
El clímax se permitió estar sin embargo en la película, más allá de la mitad, ahí entre el olor de los chocolates de mis vecinos y el ronquido de alguien muy cansado: la larga escena de los músicos bufones en la terraza, voz irónica de la tragedia, con una última inesperada canción cuya letra y melodía son infinitas risas forzadas estallando en la ingenuidad aceptada sobre la epidemia —¿hay algo de esto en Nosferatu: Phantom der Nacht, de Werner Herzog 1979, bacanales ante la peste inevitable? ¿o en La panza del arquitecto de Peter Greenaway 1987, justamente la historia de un envenenamiento en Roma?)…
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En fa do cín(i)co de la mañana
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Escrives
Escribes, Noel, porque no llegó contigo el sueño al acostarte. Sing sing sing Claude Nougaro el tema de Work Song que solo puede ser un blues luces y piano, como solo lo pueden ser Muddy Waters, Bessie, Ella, Cannonball y Louis lluvia de teclas cuerdas cantos como un beso enhebrándose juguetón entre los brazos. Escrives, Noel, escrives las brasas que te inflaman, escribes desde el canto del colchón, y desde el canto de la boca, escrives alatorio el vuelo de la mente, escrives, escrives Noel la sonrisa de aquel lunes y no de otro, el abrazo palindromo, escrívete el arruyo, Noel, recuerdo del canto en la boca.
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no es
no es mañana para escribir con el sol y el cielo así como están radiantes es una mañana para despertar y no tener que ir a hacer pipí enfriándose los pies descalzos sino peramanecer boca arriba sin gafas el techo borroso o boca de lado mirando acaparazonado —y no tener que buscar palabras en diccionarios— caliente bajo el edredón recorrer con uno dos cinco dedos la mano las sábanas la almohada o para mudo acariciar el sueño aún tibio agazaparse estirarse lentamente lenta mente inspirar el frescor apaciguado en la habitación algún bostezo perezoso de los ojos que beba la luz del sol cayendo en el agua invisiblemente azul de la atmósfera sorprenderse de estoy aquí y si estuvieras del misterio de ello bello por horas orar mientras se tejen los sonidos reticulares de la calle y aparecen las sirenas ambulantes algún eco de café croissant un paseo en un llano de espejismos asoleados
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Toumani
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reeleo(n)
Fui al inicio de [A]. Me releo. Muy extraño. ¿Reel. Leo (n)? Me emocionó a veces, de nuevo, pero distinto al momento de escribirlo. Otras me aburrió. También distinto, por supuesto. Pero me gusta escribir. Sí.
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Filmoteca
Tan a menudo no asisto. Desconozco a todos, siempre. Y aún así, hoy [anoche] me descubrí totalmente aclimatado a la Filmoteca de Catalunya, Avenida Sarrià. La barandilla brillante y la técnica para amarrarle la bicicleta. La lectura de las colas confirma con creciente certeza presunciones sobre el número de asistentes y el tipo de película. La extinción del bar y sus dos extraños habitantes —corpulenta, tosca, él pequeño, delgado, torpe— sustituida por otro, en otra calle, humeante. En verano los bocadillos antes de la función en el solitario jardín de enfrente. Espera en la acera. La confusión frente a la taquilla. El corte del billete ‘merci’. El asiento más cercano al pasillo central —con respecto a la superficie de la pantalla, entre los 45 grados sonoros y los 60 visuales. Leer, mirar. Los picantes perfumes de los viejos. ‘¿Está ocupado?’. Amigos charlando. El correr de la cortina. Los que se le cuelan. Los rechazados por llegar tarde. El apenumbramiento. Toses. Acodomamientos. El olor a dulces para diabéticos. El sonido del papel envoltorio de chocolates. Los ya imprescindibles papeles que alguien gustoso repetirá: el que ronca, el que habla, al que le suena el móvil, el intranquilo que se agita, el que murmura comentarios, el que se va, el que está enfermo de la vejiga —pobrecito—, el que suspira, el que agotó su desodorante —¿desde siempre, desde la mañana?—, el que duerme tranquilo, el que suda. La sala ni grande ni pequeña acoge la espontaneidad a la que me he finalmente acostumbrado, de la que tal vez terminaré participando: la carcajada, el aplauso, el susto aspirado, el sobresalto, las lágrimas, las euforias individuales, colectivas, unánimas —’¡nooo!, ¡síiiiii!’, ¡ayyy!’—… Los sucesos memorables: el viejo sorprendido por la oscuridad buscando un asiento y recorriendo cuatro veces las filas, justo las llenas, gritando que le habían dicho que ahí había un sitio libre, el anónimo pedo que escapó —¿sorprendido, triste, decepcionado, aburrido, feliz?— en el clímax fílmico para disgusto de medio auditorio y risas para la otra mitad, el conato de pelea por culpa de la chaqueta colocada detrás del asiento sin recato ni atención al de detrás —neuróticos ambos, por supuesto. Las sesiones especiales. Aquellas con acompañamiento de piano, aquellas con charlas, aquellas abarrotadas de estudiantes obligados. Aquellas aburridísimas. Y luego hacia afuera, casi siempre feliz, satisfecho. Alegre porque el camino es todo hacia abajo.
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Algo vio
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¡Primavera!
Anoche al regresar de la Filmoteca dudé si aquel chaflán sin andamios era mi edificio. Lo es. Así que esta mañana he estrenado el sol por la ventana. Justo hoy que comienza la primavera. Me hace feliz.
Los compañeros de piso de la habitación del fondo se amargan por ausencia de luz. Les molesta la vida. Porque no ven la calle. Supongo. Decrecen. Por eso, ayer, él abanicaba su dedo en gesto de no, tal como seguramente se lo hacía su padre, al relatarme su catálogo de quejas por haber puesto yo a David Byrne —mira que no cualquier banalidad— a las nueve de la mañana. Su indirección, su voz amagada, sus gestos paternales. Me irrita tener que bajar el volumen de This must be the place —home, is where I want to be…— y detener el baile que hacía imitando el de Byrne mientras miraba por la calle la prisa de los demás… y tener que pensar en todo esto, vaya mierda. Por una parte me da risa ver al niño jugando al padre regañón. Por otra, ¿por qué jugar conmigo que jugaba solo tan tranquilo?
Anteayer vidé —así dirían mis abuelos— la película Una mujer bajo la influencia, de Cassavetes, y envidio la espontaneidad de Mable, que seguramente habría subido aún más el volumen de la música, y hubiera forzado a bailar al susodicho.
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No way Nor way
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SALvaje MARavilla
L’enfant sauvage. François Truffaut. 1970.
Exper i mentar
En 1798, el doctor Itard (François Truffaut), especialista en niños sordos y mudos, consigue la custodia de un niño abandonado recién hallado para indagar sobre la adquisición del lenguaje y de habilidades sociales en un sujeto desarrollado sin contacto humano.
El niño salvaje (Jean-Pierre Cargol), el doctor Itard y el cosmos —y uno con ellos— se relacionarán experimentándose metódicamente a través de una serie de pruebas. Arreglo personal, normas de comportamiento, comunicación, hábitos, lenguaje, et cétera —¿culturización, humanización?— ocurren en y por medio de objetos, situaciones y actos que se configuran/configuran (en) un estado de cosas: vestimenta, zapatos, tijereteado de cabello, corte de uñas, disposición de la mesa (sentarse en un sitio, frente a un plato, con los cubiertos en un orden…)… y una maravillosa clase fílmica de lingüística: educar los sentidos, discriminar sonidos, discriminar visualmente, tocar las vibraciones —magníficas secuencias del niño soplando sílabas en una vela frente a un espejo, palpando vocales en su cuello, haciendo un dictado de sonidos a ciegas, soltando la palabra lait lloronamente después de recibir dificultosamente su bol de leche— asociar objetos con dibujos y después letras dibujadas en casilleros con letras de madera y después series de letras con objetos y series de letras con palabras con objetos —i no olvidable escena del niño que ya adquirió un nombre (Victor) llevando a casa de sus amigos las cuatro letritas de madera para obtener su premio: LAIT)— y todo ello con sonidos y con todo ello…
Planos
[Me persigue la estereotomía —hasta en el jamón serrano— desde unos sueños que tuve recientemente, no puedo evitarlo]. Planos, planos, planos. Como si todo fuera comprensible sólo en secciones, en secuencias de estereotomías, en disecciones, en hojas, fuelles, pliegues, arrugas, calcas, planos, planos, planos. Los planos de una composición pictórica. [Aquella suite musical de Musorgski de Cuadros de una exposición podría ser Planos de una exposición]. Los planos fílmicos. Hay películas que son más cine que otras: aquellas que explotan las dimensiones del plano y su secuencia : escala, textura, encuadre, movimiento, dentro-fuera, lleno-vacío [jijiji], planos, planos, planos : [¿por qué los franceses colocan los dos puntos separados de las palabras?] los planos del bosque se irán abriendo hasta dejarnos ver la vastedad del territorio salvaje infantil y la relatividad de la distancia y del tiempo; los planos del encierro del espécimen en la ciudad también lo encerrarán llenándonos los ojos de un detalle pequeño del pequeño del que es imposible salir; los planos de la investigación en una casa de campo, finalmente, estarán inter-medio.
Injusticia
En dolorosamente tocante episodio casi final de la experimentación, el doctor Itard someterá a Victor a una “chose abominable”, a un castigo sin razón para comprobar la existencia de moralidad, de inteligencia humana: lee de una tarjetita dos objetos que Victor le traerá correctamente, pero Itard lo intentará encerrar en el “cuarto negro”, arrancándole una salvaje reacción (la de la foto de aquí arriba), un padecimiento lacrimoso, un sentimiento de injusticia…
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Recuerdos que vienen de lejos sin saber por qué
Mi agüita amarilla. Los toreros muertos. 1986.
(Por favor me das ¿me das una cerveza?
¡Dame una cerveza!)
Y creo que he bebido mas de 40 cervezas hoy
y creo que tendré que expulsarlas fuera de mí
y subo al water que hay arriba en el bar
y la empiezo a mear y me hecho a reír
Sale de mí una agüita amarilla cálida y tibia
Y baja por una tubería,
pasa por debajo de tu casa,
pasa por debajo de tu familia,
pasa por debajo de tu lugar de trabajo,
mi agüita amarilla, ah ah ah ja, mi agüita amarilla.
Y llega a un río,
la bebe el pastor,
la beben las vaquitas,
riega los campos,
mi agüita amarilla,
mi agüita amarilla.
Y baja al mar,
juega con los pececillos,
juega con los calamares,
juega con las medusas
y con las merluzas
que tú te comes.
mi agüita amarilla, mi agüita amarilla,
mi agüita amarilla, mi agüita amarilla.
El sol calienta mi agüita amarilla,
la pone a cien grados,
la manda para arriba,
viaja por el cielo,
llega a tu ciudad,
y empieza a diluviar.
Moja las calles,
moja a tu padre,
tu madre lava lava con mi agüita amarilla.
Moja el patio del colegio,
moja el ayuntamiento.
mi agüita amarilla, mi agüita amarilla,
mi agüita amarilla, mi agüita amarilla.
La la
-la la
la la
-la la…
Y creo que he bebido más de 40 cervezas hoy
y creo que tendré que expulsarlas fuera de mí
y subo al water que hay arriba en el bar
y la empiezo a mear y me hecho a reír
y me pongo a pensar
¿dónde irá, dónde irá,
dónde irá, dónde irá?
Se expandirá por el mundo,
pondrá verde la selva,
y lo que mas me alegra
es que mi agüita amarilla será un liquido inmundo.
mi agüita amarilla, mi agüita amarilla,
mi agüita amarilla, mi agüita amarilla.
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No rue ego
Rojo y gordo, el lexikon del generosísimo amigo respondía en noruego a nuestros desafíos: “si no está en el libro no existe”, dijo el companiero. El lexikon obeso mide diez por treinta por veinte centímetros, en las tripas de un volumen de papel de 0.006 metros cúbicos el universo en diversos tiempos se ha reducido a unas entintadas moléculas alfabéticas. ¿Cómo llegó hasta ahí mi ciudad natal? ¿Alguien ha conocido a un enciclopedista —”hola, soy Henrik, enciclopedista, mire, recién esta década terminé la F…”— y lo ha visto trabajar? ¿Dónde y cómo se amasa el mundo y se le hace pasta de milhojas?
—Ole, querido amigo, ¿y cómo ladran los perros noruegos?
—¡Arf, arf!
—En castellano ladran ¡guau, guau!
—En noruego los cerdos roncan…
—En chino casa se escribe dibujando un cerdo bajo un techo…
—Fiordo es una palabra noruega, ¿son fiordos los de Canadá?…
—En catalán una palabra para oveja es be, ya sabes: bee, bee, bee…
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Mojado
Andar deprisa con la propia reflexión en los charcos. Oslo. El gorro y el abrigo brillan sudorosos una lluvia de gotas que no caen; inmóviles en el aire, estallan en la tela, palomitas transparentes. Los tranvías navegan. Anclar brevemente la mirada en la arena de una filmoteca, una tienda de saxofones, un clarinete de 1750. Río. Frío. Lunes callados museos. El pabellón de Sverre Fehn escala desde la calle, hormigón y vidrio, hasta el techo del museo de arquitectura. Fotografías. La chica de zapatillas empapada en el velo de agua viene entonces hasta el pecho a pedirme cigarro. Su compañera desgasta la acera de enfrente. No fumo. En mi adentro nevan tristes silencios. El deshielo ha mojado mis clichés.
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Ryanair
Destellan azul unas luces en la pista W // gritan cual renos en celo borrachos adolescentes noruegos // ¿/ qué poeta aullará el solitario despegue / el mímico rito de salidas de emergencia / máscaras de aire / cinturones de seguridad que me aferran al vuelo / al aire / al suspendido tiempo /? // ¿Quién ha puesto palabras al aterrizaje en la nada del asfalto negro extinguido cielo / a maletas inertes abandonadas al infinito giro de las bandas / a los contorsionados sueños agazapados en autobuses taxis trenes / ? //
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Patológica sopa
El silenci segons Bach (Die Stille vor Bach). Pere Portabella. 2007.
Guardo el silencio de mi cuarentena en un paréntesis de otro silencio para desenterrarme una de las astillas fílmicas más molesta que haya visto.
¿Por qué pagar tanto como un dvd original de… casi quién sea, en realidad, por entrar a una sala de cine (¿?) pequeña, sin butacas centrales, con la pantalla de lado, isópticamente e isónicamente imposible, y con un pésimo equipo de sonido? Mi ingenuidad creía que para gozar de rarezas fílmicas de calidad.
Una larga secuencia inicial metafórica que se desplaza por muros y columnas blancas halla una pianola interpretando series de notas bachianas perforadas en un rollo de papel hasta lograr mirar el revés: la iluminación del escenario del rodaje y la iluminación y cajas detrás de la pianola: el revés de Bach, el silencio de Bach.
Pero la promesa tras la Puerta Bella no se abrirá al Escenario, sino a una serie nada serie y nada seria de secuencias forzadamente relacionadas entre sí por un asqueroso continuo Silencio sobre Bach. Unas secuencias esparcidas en un territorio incomprensible y casi esquizofrénico. Unas —¿cien, mil? ¿existirá un guión?— secuencias desiguales, dispares y disparatadas desde cualquier ángulo que se le mire y se le oiga: un popurrí literalmente podrido en que perecen los pocos ingredientes netos, un brainstorm realmente tormentoso y torturador, un caldo de seudo culto/cultivado verdaderamente consistente en estéril bazofia fílmica que por puro afán crítico, y sobre todo por no molestar a todos los espectadores que nos separaban del pasillo, hemos observado hasta el ansiado final .
Totalmente entrecomillada, bruta e imposible, una categorización de las partículas seudo-fílmicas no elementales: música adosada a la vista de un instrumento, caracterización de época, caracterización biográfica moralizante, caracterización histórica, música sobrepuesta a… algo, explicación turística, mini-seudo- trama-a-dramática-a-histriónica, inexpresivos monólogos visuales, seudo-músicos-seudo-tocando, coros, entrevistas, recitativos, y más, ¡y más!
El bodrio tiene sin embargo la meritoria propiedad de la somatización. El Silencio seudo intelectual carente de los mínimos histrionismo, estructura, escenario, guión, calidad, cohesión, belleza, interés, profundidad, moral, respeto, etcétera, se introduce patógeno, lento y efectivamente en el organismo del ingenuo espectador —inútilmente expectante: expectador— irritando sus vías ocular y auditiva hasta asentarse en el portador involuntario provocándole dolorosos espasmos que anudan su garganta y flagelan el hígado. A cada episodio le sucede uno de mayor fuerza en coincidencia con dos eventos: la desilusión provocada por la aparición de una nueva secuencia y el efecto acumulativo que tal secuencia aporta al disgusto.
Partículas de un bodrio somatizador: inverosímil conversación a-actuada de camioneros; camionero interpretando a Bach en melódica; moralizante escena seudo-actuada de seudo-época mostrando a un Bach inverosímil discursivamente ridículo y de bajo perfil explicando sus múltiples ocupaciones y el amoroso trato a su hijo; un coro horriblemente compuesto ex-profeso didáctico que narra la ausencia de publicación de las partituras; la escena folklorista absolutamente falsa, seudo-actuada, seudo-iluminada que seudo-ilustra un seudo-mercado típico de época; larga gratuita contemplación morbosa de una mujer desnuda en la ducha pero que no se ducha y que sale de la ducha para secarse pero que no se seca y que con una bata medio puesta toca el cello sin tocarlo y que habla sin hablar con un personaje masculino que habla en tres lenguas algo que no viene a ningún caso para largarse felizmente de la secuencia; cámara acompañando un viaje turístico que girará a la derecha sin ningún interés cuando el guía habla del castillo a la izquierda; camionero que llega a la tienda de música por un encargo y que sin más se pondrá a tocar el piano y que será imitado, conforme se abra el ángulo y se amplíe la distancia de la cámara por una docena de adolescentes en un número correspondiente de pianos; larga secuencia de pianola que parece la escena final pero a la que le seguirá —¡por favor!— otra secuencia: vistas alternadas de mujer y caballo en ejercicios de equitación y de un músico interpretando alguna pieza de Bach… etcétera etcétera etcétera
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Pausa
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Café de las once (intimidad pública)
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encaboriar
probablement de cap i bòria forma etimològica i dialectal de boira encapboriar 'posar boira al cap'
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Bajo el ojo ojear un ajo (corto de imaginación)
Hoja bajo el ojo
Bocabajo el ojo
Hojas bocabajo
Boca el ojo
Ajo la hoja
Jo, ja, ojas
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La faute à Voltaire
La faute à Voltaire. Abdellatif Kechiche. 2000.
La culpa es de Voltaire… La culpa es de Rousseau.
Buscando en la internet resulta la anterior una frase que Victor Hugo, en Los miserables, pone en boca del pequeño Gavroche antes de que lo alcance una bala riéndose de los guardias nacionales mientras recoge cartuchos en las barricadas. Liberté, egalité, fraternité: la faute à Voltaire.
¿Quienes son el nosotros, el ustedes, el ellos? ¿En qué momento se es nosotros, ustedes, ellos? ¿Por qué, quién lo decide, y por qué lo ha de decidir, de decir?
Jallel, tunecino fingiéndose argelino, recibe un corto permiso para acogerse en Francia, la República de la libertad, igualdad, fraternidad. Refugiado, se encontrará en un refugio para sin-techo donde aprenderá de sus compañeros pátridas y apátridas las pocas opciones para sobrevivir: la venta furtiva en vía pública de todo, rosas y frutas al metro, las falsificaciones de tarjetas de identidad. Llegará al bistrot un día. Gastará todo su dinero en canciones de Cheb Mami, alcohol, poesía árabe, y olvido nocturno que imputará sin fundamento a la empleada del bar madre soltera Nassir de quién se enamorará y cuya complicada vida complica aún más intentando ayudarse ayudándolo con un matrimonio falso del que huirá al último segundo dejándolo vestido y alborotadamente abandonado a la pura depresión de un psiquiátrico donde una loca Lucie lo perseguirá día y noche entre paréntesis abandonada a sexo —”Je vais et je viens, entre tes reins (Serge Gainsbourg)”— por dinero para drogas o algo así hasta que terminará enamorándose de ella después de rehuirla inútilmente. Liberté, egalité, fraternité. Solos al fin los iguales, libres y fraternos amorosos instalados en una habitación de hotel entre románticas rosas callejeras para un negocio fructificantemente pobre… hasta que Jallel no aparece para finalmente aparecer esposado, pero por la policía, que lo conduce al avión a Túnez.
Ay, Voltaire, “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros (Anthony Burgess)”. ¿Cuándo somos unos nosotros, ustedes, ellos? ¿Cuándo se deja de serlo? Un, dos, tres, por mí y por todos mis compañeros, dice un juego infantil. ¿Cuándo se perdió el sueño? ¿Quién construye el nosotros, acaso nosotros? ¿Dónde empieza el nosotros y comienza el ellos? ¿Quién traza la frontera? ¿Quienes son los compañeros?
“Y en a qui ont tout pis tous les autres qui ont rien, change-moi ça (Richard Desjardins).”
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Berlinale. Retrospectiva. La chute de la maison Usher.
La chute de la maison Usher. Jean Epstein. 1928.
En la misma Volksbühne, enseguida de Le chien andalou. Una de las Histoires extraordinaires de Edgar Allan Poe traducidas por Charles Baudelaire en la segunda mitad del XIX llevada a pantalla por Jean Epstein. Buñuel fue su asistente. El mismo que sólo un año después con Dalí haría Un perro andaluz. Un año después de la Metrópolis de Fritz Lang. Dos años antes de El ángel azul de Josef von Sternberg. ¿Cómo es posible que en tan poco tiempo cambien tanto las películas? ¿Cuánto tiempo tardaban en realizarse? ¿Cuántos años tomó rodar Metrópolis, por ejemplo? De la muda Metrópolis de 1927 (mismo año de The jazz singer, que no he visto, pero que parece fue una de las primeras reales películas sonoras) al ya comercialmente sonoro 1930 de El ángel azul han pasado sólo tres años y un crash bursátil. ¿Técnica, sociedad, política, arte, economía? ¿Qué es cada película y qué pasa en los cines? Pero no, no leeré un libro de historia del cine, simples preguntas que no tendrán respuesta. Preguntas de medianoche y la luna llena. O eso parece. ¿Dura una sola noche la luna llena? ¿Está llena la luna detrás de esas nubes? ¿Todo el mundo verá esta misma luna? La luz y la oscuridad se mueven y nosotros nos movemos y la luna se mueve. Es como si el día y la noche fallasen.
Tiempo. No hay como escribir inmediatamente después del evento. Ahora, impresiones, ahora, re-re-cuer-das o no tanto. Escribir cansado, además. Agotado. Ha goteado. Ah, got to go: al oír Usher la taverna calla pero el extraño consigue una carreta y un carretero que lo abandona atemorizado entre los pantanos semiboscosos.
[No puedo más, me voy a "fer nones". Continuará...]
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Retrato
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Berlinale. Retrospectiva Buñuel. Un perro anda luz. Y música.
Ya la conocerán, y si no, se consigue fácilmente. Buñuel, Un perro andaluz.
Volksbühne, frente a la Plaza Rosa Luxemburgo. Vendedora de Pretzels en una canasta cubierta por un paraguas. Volksbühne. El escenario del pueblo, algo así, dice mi amigo. Frente a una plaza que es un círculo en cuyo interior hay césped y una escultura que también tiene un círculo y parece una rueda de carreta con dos patitas abajo. Pero tal vez es un símbolo, un icono, un logotipo. Debe ser sobre Rosa Luxemburgo, pero no me saben responder o no sé preguntar. Habrá unos músicos en vivo, que se llaman Maud Nelissen, Merima Kljuco y Frido ter Beek. Ni idea. Llegamos muy temprano así que hemos entrado a un sitio en que proyectan películas experimentales. Real mente… abur r ido. Pero me entre ten go foto grafi ando a mis amigos y la pantalla y la barra y la vela. Y luego salimos tarareando y silbando Avanti popolo, aunque tal vez esto lo estoy inventando. Antes o despúes, ya no sé, no muy lejos, un cartel en una tienda de sombreros anunciaba que no eran nazis, que no los confundieran con otra tienda metros más allá. Y enfrente otra tienda y otro cartelito: “no compres en tiendas nazis.” La tienda esa ya no estaba. Volksbüne. Antes o después. Suben al Escenario del pueblo el presentador y una francesa, comedia total, el presentador presentará y ella lo negará todo: no fue la restauradora, apenas tiene un año trabajando en la Cinemathèque Française, no es restauradora, su institución no restauró la película, pero nos desea una buena sesión. Merci! beau coup!
Buñuel, Un perro andaluz. Y la música re saltaba de un piano, un acordeón y un saxofón. Una música magnífica. Y esa cajita de madera que tanto aparece en la película y de la que sale la mano me parece haberla visto después pero en azul: ¿será posible que sea la cajita azul de Mullholand Drive de Lynch? Y todos estos cabos poéticos de Buñuel también suenan en Lynch. ¡Cómo hay tiempo en una película! Incluso con tiempo de recordar una sesión de Mullholand en la Filmoteca en que un hombre cuyo nombre felizmente nunca aprendí hablaba tanto tanto tanto de cinematográficas diagonales históricas y lo que fuera que fuera que son los palimsestos [¡cómo la repetía la maldita palabra! ¡qué incógnita! ¡pero cómo nos reímos!] y me dio tiempo de pensar también: “no pienses tanto, cállate pensamiento, que ahí viene la escena en que le corta el ojo.” Y vino y la música sobre saltaba por su simple sincronizada belleza contemporánea.
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Berlinale. Lake Tahoe: Still.
Lake Tahoe. Fernando Eimbcke. 2008.
Tímidos, pequeños, adolescentes los tres, inmóviles, standing still, sencillísimos, sencillamente recargados contra la barandilla del International. Parecen mexicanos, dijo mi amigo. Tal vez son los actores, dije. Hola, do you speak spanish?, dije. Sí, pareció decir el más joven. ¿Son de México? Sí, dijo la chica, ahora sí escuché. ¿Viven aquí en Berlín? Risas. ¡Ah, son los actores, ¿eh?! Jijiji. Sí, dijeron tímidamente. ¿Cómo les fue ayer? Pues… bien… jjjj… hasta luego, me dio la mano el que faltaba, el del sombrero. Y huyeron al interior de la sala. Así, no más.
En el cuadro fijo el paisaje plano de ¿Yucatán? Parpadeo a cuadro negro: “¡zas!”. Cuadro fijo: el auto accidentado tontamente contra el poste. El demasiado joven para conducir Juan andando de derecha a izquierda y viceversa en largas secuencias a cuadro fijo buscando en el poblado dormido la pieza mecánica y capitulada en esos parpadeos de cuadros fijos en negro poblados únicamente por sonidos.
Secuencia de quietas peripecias a cuadro fijo que irán desvelando la historia de las reparadoras horas.
Reparando el auto, Juan reparará en otros solitarios y reparándolos se irá reparando: el viejo mecánico obeso que vive con la única compañía del perro que se perderá, el solitario adolescente trabajador-juguetón adepto al tv-kung-fu físico-filosófico atrapado con la madre atrapada en la religión, la soltera sola madre adolescente trabajadora cariñosa inocente, su solitario hermano menor habitando una tienda de campaña recortando figuras compulsivamente de un álbum de fotografías, su abatida madre llorando solitariamente encerrada en el baño entre humo de cigarro.
Reparando: encontrarán al perro, feliz, jugando niños en familia —”vámonos, vámonos, dejémoslo, está bien ahí”—; llegará al cine, y escucharemos a Bruce Lee, ante la complacida euforia de su nuevo amigo; cuidará del bebé de la chica y la acompañará; regalará al hermano una camiseta paterna y le hará su desayuno favorito; abrazará a la madre por la mañana —”ya vine mamá”.
Reparándose: hará avanzar al auto —”vámonos, dejémoslo, está bien ahí”— aceptando la separación; descargará su furia a golpes de bat de beisból después de la sesión de kung-fu; se re-responsabilizará en enternecimiento con su hermano al cuidar bebés y llorará como tal en el acogedor cuerpo desnudo de su nueva amiga hasta caer dormido; respondiendo con ira a preguntas de su hermano y al teléfono dejará de negar la muerte —”¿hermano, por qué me dicen que me dan mi pésame?”; “¡Que él no está en casa! ¡Que no está en casa! ¡Mierda, qué no está en casa! ¡Mierda, que está muerto!”—; y regresará fina l mente a casa: “Mamá. Ya regresé mamá. Ya vine mamá.”
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Coti dia ni dad
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Cosas que suenan tan bello. Cosas para las que no ha habido tiempo de diccionarios. Palabras que musican tan bien. Palabras que no hace falta comprender. Simplemente levantarte bailando con una rosa que no es rosa. Y la mañana ya es bella aunque gris es.
Con una rosa. Vinicio Capossela. Canzoni a manovella. 2000.
Con una rosa hai detto
vienimi a cercare
tutta la sera io resterò da sola
ed io per te
muoio per te
con una rosa sono venuto a te
bianca come le nuvole di lontano
come una notte amara passata invano
come la schiuma che sopra il mare spuma
bianca non è la rosa che porto a te
gialla come la febbre che mi consuma
come il liquore che strega le parole
come il veleno che stilla dal tuo seno
gialla non è la rosa che porto a te
sospirano le rose nell’aria spirano
petalo a petalo mostrano il color
ma il fiore che da solo cresce nel rovo
rosso non è l’amore
bianco non è il dolore
il fiore solo è il dono che porto a te
rosa come un romanzo di poca cosa
come la resa che affiora sopra al viso
come l’attesa che sulle labbra pesa
rosa non è la rosa che porto a te
come la porpora che infiamma il mattino
come la lama che scalda il tuo cuscino
come la spina che al cuore si avvicina
rossa così è la rosa che porto a te
lacrime di cristallo l’hanno bagnata
lacrime e vino versate nel cammino
goccia su goccia, perdute nella pioggia
goccia su goccia le hanno asciugato il cuor
portami allora portami il più bel fiore
quello che duri più dell’amor per sé
il fiore che da solo non specchia il rovo
perfetto dal dolore
perfetto dal suo cuore
perfetto dal dono che fa di sè
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Paréntesis (ay, qué palabra: paren tesis, pare en tesis, par en tesis, par entesis, pa rentesis, parents es is… ufff)
(Noche, hablo con mi madre: me ha perdido de nuevo, pequeño, en uno de sus sueños. Pesadilla. Espero despertar aquí mañana.)
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Berlinale: Majid Majidi. Excelso.
Majid Majidi (izquierda) Reza Najie (derecha, ganador del oso de plata).
Avaze-Gonjeshk-ha (The Song of Sparrows [La canción de los gorriones, aunque dudo de la traducción, tal vez sería La canción del avestruz]). Majid Majidi. 2008.
Antes del film de la Coixet en el mismo International. Nuestro amigo —apenas lo conocí pero ya lo considero así— no logró entrar, desgraciadamente, demasiada gente impaciente empujándose en el embudo de la entrada.
Majid Majidi. Advierto que el que esto escribe apreció mucho la historia de los zapatos de Los niños del cielo (1997), la historia de la ceguera en El color del paraíso (1999) y la historia de la niña trabajadora Baran (2001). Entonces: Majid Majidi, cine cine cine puro cine redondo.
La cabeza del avestruz en close-up aparece directo después de los créditos en caligrafía blanca árabe sobre fondo negro para comenzar el círculo: la historia de Karim, el cuidador de avestruces. En pocas secuencias magistrales Majidi nos ha adentrado —incluso a los que no logramos entender una sola palabra del alemán de los subtítulos traidoramente colocados en lugar del programado inglés– en la vida de la granja y de la casa de la familia y por ende de la vida del propio Karim: los cuidados de las extrañas aves, la ritual recolección de los enormes huevos, la situación laboral, la hija casi sorda que ha perdido su aparato coclear en el pozo de la casa, su hermanito travieso con sueños millonarios de crianza y venta de peces en el mismo pozo, la simpática hermanita más pequeña, la esposa comprensiva responsable sonrientemente del hogar. Una casa y un hogar vistos predominantemente desde el interior del patio con su fuente y su muro semi-alto al estilo de las casas de Apu del director Satyajit Ray. Una vez instalados en la confianza de la mayor cotidianidad, comenzará una suite de cruces de fuerzas que comprometen la radical existencia. Como en anteriores películas, los mínimos eventos son luchas existenciales en que los actores actúan doblemente: como acción y en tanto objetos de metáforas casi esencialistas.
Pérdidas. En Los niños del cielo los (únicos) zapatos que caen en la corriente del agua, en El color del paraíso la vista, en Baran la identidad, la patria, matria y el trabajo. Aquí, una rezagada avestruz escapará más veloz que la motocicleta para perderse en la montaña desatando la búsqueda de Karim por recuperar-se(r) después de perder el trabajo ante su infructuoso disfraz de peluche paseado por solitarios paisajes que sólo logró atraer risas en el auditorio.
Búsquedas. Después de compartir la redonda y grande pero única compensación laboral bien cocinada con tomate, Karim motorizado buscará en vano en Teherán el arreglo del aparato auditivo pero se encontrará con un pasajero sentado en su motocicleta que desatará su nuevo trabajo de justo taxista pleno de mini historias-encuentros con ordinarios pasajeros de los que obtendrá problemas (la pérdida de su destino con la nevera a la espalda y la larga búsqueda y hallazgo del mismo bien recompensado), dinero, materiales de construcción gratuitos, y la indispensable antena de televisión.
Más pérdidas. La felicidad se romperá la espalda al intentar ordenar sus materiales de construcción y reposará largamente en una cama desde la que sólo escuchará. La felicidad del hijo millonario terminará en el canal cuando sus peces han caído de su recipiente y los niños deciden en el dilema salvarlos arrojándolos al agua corriente. La hija perderá sin problema la esperanza de escuchar y mentirá sin éxito al padre: sólo necesitaba una nueva pila, ¿me escuchas?
Hallazgos. El pozo recuperó el agua y el único pez sobreviviente hallará una casa. Y desde la cama en el piso, Karim escuchará de su ex-jefe que han hallado el avestruz perdido.
Epílogo. Un sencillísimo Majid Majidi y otro tanto el actor principal (no retuve el nombre) suben al escenario al final. Todos ríen. Son graciosos. Pero no entiendo el árabe ni el alemán. Pero sonrío.
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Berlinale: Elegy. Gratuidad.
Elegy. Isabel Coixet. 2008.
Con Ben Kingsley y Penélope Cruz.
Elegy. Gratuidad total. Tanta que a veces miré el plafón rayado del Kino International esperando una aceleración forzada del carrete. La voz en off del profesor Kingsley habla de una Penélope estudiante suya que no coincide con la descripción de chica elegantemente perfecta y sobresaliente de la clase de la que supuestamente se enamorará definitivamente y realmente si no es por la gratuidad del escote a cuadro. Una serie de discursos fatalistas, genéricos, generalizantes y banales sobre una clase pudiente americana seudo-intelectual. Un de por sí intragable Sex-And-The-City elevado a cine por elenco fashion dudosamente en la Berlinale. Infra-cine de fallidos seudo-gags y conversaciones insípidas. Infra-cine esquizofrénico que habla de lo que no se mira o de lo que se mira pero no se ve o que habla porque sí o que hace mirar porque sí. Gratuidad de facetas abiertas al vacío: celos, amor, sexo, edad, reputación, familia, mentira. Una falaz infra-infra-Lolita. Ridiculez absolutamente gratuita de los clichés gratuitos: la clase que deja huella en la estudiante, el aburridísimo ligue paternalista, las charlas con el cínico amigo heroizado, el paseito por las grises playas, los chistecitos jactanciosos en la televisión, la escena seudo-erótica en la oscuridad, pero viene la escena paradigmática: al llegar la cámara a los hombros de la P se le irá descubriendo desnuda boca abajo sobre un sofá hasta llegar al climático par de zapatillas inevitablemente referenciable a fetichismos intrascendentes. Y el viejo verde descubre el amor, ¡por fin!, y en ausencia de la amada tras un escandalito de mentiras telefónico. Y la Lolita madurada por el desahucio ante su cáncer volverá a su único verdadero de a deveras amor de su vida para que él recupere su hobby olvidado tomándole fotos a la gratuita desnudez de los senos aún vivos de su único y verdadero amor antes de que ocurra el final sabido. Y hubo aplausos. Pero el Cine International es una joya enmedio de la Karl Marx Allee cuya oscuridad agujereada por rarísimos autos entra límpida por los ventanales del foyer.
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Resseguir
A hora del sábado aguardo. Guardo.
Con mis ramas extendidas en abrazos.
Con verdes yemas en los dedos,
Preñadas de bellas inéditas palabras
Que brotarían al reseguir tus labios,
tus manglares, fiordos, cuencas,
selvas, icebergs y praderas.
A hora del sábado aguardamos primavera.
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Urquinaona
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Paraguas para insípidas palabras goteando
¡Ja! Llueve lo que no llovió en Berlín.
Llueve lo que yo no ví en Berlín.
Las aceras de Barcelona son resbalosas
Cuando llueve
Será romántico mojarse bajo la lluvia
Pero siempre que me ha sucedido me he enfermado
Y temblado de frío
—bueno, excepto la vez que hacía 40 grados a la sombra—
Y odio las gafas mojadas
Y una vez en un viaje mi único pantalón permaneció húmedo
Y estuve con las piernas rozadas como bebé orinado
Y ahora llueve
You eve
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Camino al metro me hablo
Tantas silenciosas espaldas abrigadas de negro andan los túneles que parece cortejo fúnebre. Mi sonrisa se pregunta si debe sentirse culpable. Desembocamos ante las puertas ambulantes del vagón. Anduve hablándome anteriormente sobre la consistencia de las aceras. El par de zapatos toca casi tanto como los ojos miran. ¿Qué sería de los trozos de mármol de Lisboa, de las piedras de Berlín, de los cuadrados de Barcelona, qué sería de ellos y las piedras y ladrillos sin la carne que los talla, sin el aliento que los patina, sin las palabras que los nombran? ¿Qué te prende, Noel —el revés de ti mismo—, a esta ciudad, a aquella otra? ¿Cuál es el asidero al que te aferras? ¿En qué escenario estás? ¿Cuál es tu escenario? ¿Qué ángeles te hablan ahora por las piedras? ¿Cuál es su mensaje mensajero? Ríes con acento en la í. Del acento en la í que es como un girasol o un diente de león. Jíjíjí. De la í de un sí. Así. Ici. Dèries.
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Pronto
Berlindoscielos
“The first time in my life I went on an elevator was with Diz [Dizzy Gillespie]. He took me up on this elevator on Brodway somewhere in midtown Manhattan. He used to love ride elevators and make fun at everyone, act crazy, scare white people to death…” Miles Davis, The Autobiography, 1989.
Demasiado pronto para escribir
Air Berlin U-Bahn S-Bahn Tram
Demasiado pronto los pies sueñan
Kreutzigerstraße Karl Marx Allee
Muy rápido Curry Wurst
Berlín tibio climático invierno
Far away so close far away
¡Here!
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Confesión
p.s. volveré pronto.
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Contrastes
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One two three four hey ho let’s go
No eran suaves sus ángulos, su pelo en picos rojos, su estatura alargada por los pantalones ajustadísimos debajo de las grandes botas negras, sus andrajos surcidos, las figuras deslucidas, su encorvamiento de gigantismo, su mirada desafiante, sus brutales pasos, la manera en que azotaba las puertas, ni las brillantes pulseras puntiagudas. Seguro que abrí la boca cuando se me puso enfrente de los ojos en una escalera vacía y oscura.
—¿Qué? —repetí como dos veces, intentando reconocer, temeroso, su filiación.
Para la tercera vez casi respondo una risotada tan incongruente como su voz: suave, tonta, apenas audible.
—¿Que qué hora es?
One two three four, hey ho let’s go. Era tan tierno mi compañero punk de la secundaria cuando después nos cruzábamos en el pasillo haciéndonos un gesto de hola.
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Alto
Vengo. Tony Gatlif. 2000.
Tomatito y Sheik Ahmad Al-Tuni, en lo más alto de una montaña, en lo más alto de la música, en lo más alto.
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Jazz Police i el Monsieur Camembert
¿Hay poesía banjo, violín, contrabajo?
¿Rima clarinete, saxofón, acordeón?
¿Por qué no cantan las sillas de las terrazas
O callan cuando a su soledad me avecino?
Ni Monsieur Camembert logra introducirme al tono
De la Jazz Police song.
Hay días así, sencillamente desafinados.
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Esgotat
Hay momentos en que se agotan los títulos
Y vaya donde vaya no logro disfrutar los trayectos
Arrítmicos de vagas palabras transbordando
Entre la autoridad de la lengua
Y el hablar del transporte metropolitano.
(rescatado de los escombros de un fallido proyecto poético)
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Temps
Me sorprende que la caja diga:
no recomendable para niños menores de 36 meses.
Porque cuando el niño era niño, los días eran tan largos.
Y cuando aún no lo era, cumplió hasta 36 semanas nadando,
Y ahora con miles de días, cumplo años.
Y no es que quiera de décadas otro tanto,
Sino uno de esos domingos largos,
Que han sido un verano enero.
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Berlín
Cielo sobre Berlín. Peter Handke. (En Las alas del deseo, Wim Wenders, 1987)
Cuando el niño era niño, Als das Kind Kind war…
andaba con los brazos colgando, Rebobiné la película tantas veces:
quería que el arroyo fuera un río, Als das Kind Kind war…
que el río fuera un torrente, Como ahora repito la banda sonora
y que este charco fuera el mar. En este otro lado de un mar lejano.
Cuando el niño era niño, Cuando vi Cielo sobre Berlín
no sabía que era niño Se animó mi extrañeza
para él todo estaba animado, Por el cotidiano vedado
y todas las almas eran una. Y vi mi respiración sentada tranquilamente.
Cuando el niño era niño Aún ahora creo muy pocas cosas
no tenía opinión sobre nada, Firmemente menos, y dudo de demasiadas,
no tenía hábitos, Acostumbrado tan sólo a ver tanto,
se sentaba en cuclillas, Desde cualquier silla,
tenía un remolino en el cabello, Pero no veo mi nuca,
y no ponía caras cuando lo fotografiaban. Y en las fotos no me creo que soy yo ése.
Cuando el niño era niño, Cuando el niño era niño,
era el tiempo de estas preguntas: era el tiempo de estas preguntas.
¿Por qué yo soy yo y no tú? Y también ahora.
¿Por qué estoy aquí y no allá?
¿Cuando empezó el tiempo y dónde termina el espacio?
¿No es la vida bajo el sol sólo un sueño?
Lo que veo, oigo y huelo,
¿no es sólo la ilusión de un mundo delante del mundo?
Ante los hechos de la maldad y de la gente,
¿realmente existe la maldad?
¿Cómo puede ser que yo, el que soy yo,
no existiera antes de que lo fuera,
y que, algún día, yo, el que soy yo,
no será ya más el que soy?
Cuando el niño era niño, Cuando era niño,
Tenía asco a las espinacas, los guisantes, el arroz con leche el único helado era el de limón.
y la coliflor hervida, Ahora sólo tengo asco a la remolacha.
y ahora se come todo eso, y no sólo porque tenga que hacerlo. Y aún me gusta el limón.
Cuando el niño era niño, Cuando era niño,
despertó una vez en una cama extraña, El fin de semana cambiaba de cama,
y ahora lo hace una y otra vez. De techo, e incluso de cielos.
Muchas personas, entonces, le parecían bellas, Y tantas cosas me parecen aún bellas,
y ahora sólo unas pocas, con suerte. Y personas aún más hermosas que soñados galeones.
Visualizó una imagen clara del paraíso, El paraíso era simplemente el silencio
y ahora apenas puede intuirlo, del Apocalipsis nocturno que leía la abuela.
no podía concebir la nada, Estaba todo poblado de monstruos
y ahora lo estremece este pensamiento. Multicéfalos que me atormentaban.
Cuando el niño era niño,
jugaba con entusiasmo,
y, ahora, tiene el mismo entusiamo que entonces,
pero sólo cuando concierne a su trabajo.
Cuando el niño era niño
para él era suficiente comer una manzana, …pan,
E incluso ahora es así.
Cuando el niño era niño,
las bayas le llenaban la mano como sólo lo hacen las bayas,
y aún ahora.
Las nueces frescas le dejaban la lengua áspera,
y aún ahora,
Tenía, en la cima de cada montaña,
el anhelo de una montaña más alta,
y en cada ciudad
el anhelo de una ciudad aún más grande,
y aún es así,
Alcanzaba cerezas en las ramas más altas de los árboles,
con una euforia que aún hoy tiene,
Tenía vergüenza frente a los extraños,
y aún ahora la tiene.
Esperaba la primer nieve,
y la aguarda así, aún ahora.
Cuando el niño era niño,
Lanzó un palo como una lanza contra un árbol,
y vibra ahí todavía.
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Remolinos sobre algunas películas de Aki Kaurismäki
Sábado, en casita, enfermo, con miedo térmico a ducharme, los cabellos alborotados, toda la ropa sucia, la nariz deshecha, los oídos sordos, inodoro, incoloro e insípido, limpiando la cocina, lleno de pendientes, comiendo películas de Kaurismäki, chocolates con avellanas, escuchando al oriente a Rabih Aboul-Khalil en icatjazz, y pensando en otros remolinos de la cabeza. Como en el cine de Kaurismäki. Remolinos:
Aquí Kaurismäki y su co-lección de asideros a la vida, sea ésta la que sea. Prisa en atizar la risa del hombre primigenio que puede expresarse en mudas satisfacciones.
Máquinas. Varias de sus películas comienzan con largas secuencias en cadenas de producción en las que encaja de pronto el personaje principal, silenciosamente sujeto a la ruidosa maquinaria industrial. Y luego van a casa, tal vez tras un viaje en autobús, ocupando sucesivamente predeterminados y estrechisísimos espacios funcionales: asientos, camastros, puesto, silla, uniforme.
Lacónicos diálogos performativos e imperativos que inflexionan la historia a noventa grados como si de romper un spaguetti se tratara: ¡casémonos, vayámonos, vete, ven, déme un matarratas, dos dobles, huyamos! Lacónicos monólogos. Lacónicos discursos internos seguidos de una bofetada, un puñetazo, un portazo.
Incomunicación de clase. Infaltable encuentro con una clase más alta tan vacía como la otra, arquitectónicamente inaprensible a cuadro, objetos brillantes en la oscuridad de la incomprensión. Las tristes aspiraciones materiales de un vestido o una comida o un traje pronto se abandonan ante el menosprecio y la burla. O surgen objetos incomprensibles, como el funcionamiento del descapotable eléctrico. Como si se tratase de dos culturas imposibilitadas de diálogo.
Soledad. Mutismo. Incomprensión. Ausencia de respuestas. Y de preguntas. Abandono. Pueblan la escena unas paredes agrias, atestados bares y discotecas impersonales, pequeñas camas, trozos de ventanas, máquinas y hambrientas familias-estatua.
Desposeídos de cualquier otra cosa que no sea su capacidad de trabajo, los personajes se deshacen y hacen de ellas, superfluas cosas, si acaso simbólicas o puramente pragmáticas.
Solidaridad. Y así de fácil el amigo apuesta y pierde su vida ayudando/rescatando/salvando. O, menos dramático, arriesgará el trabajo o el dinero por ti.
Cansancio. La salida invariante es la huida pues la trama es física, es el lugar, posición concreta e inmutable en la maquinaria de una vida aniquilante. La huida. Final, o parcial: el coche convertido en road movie, el coche que permite el auto-móvil, el propio yo al fin desatado del sitio: y aquí suena un blues y aquí comienza el viaje… y termina la película.
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Work Song
Workingman’s death. Michael Glawogger. 2005
¡Ay, ay, ay! ¡Ufff! Pues sí. Trabajadores de Ucrania, Indonesia, Nigeria, Pakistán y China, muriendo. ¿Es posible interpretar el historicista epílogo de este documental —Future— y el título del mismo —La muerte de la clase trabajadora— irónicamente? El autor se merecería morir de risa con tan excelso humor negro. Pero no, no hallo la ironía en su discurso: de la extracción manual con cincel y martillo por únicas máquinas elementales acompañando la musculatura envejecida prematuramente de unos sobrevivientes rusos se llegará a la compleja planta siderúrgica alemana convertida en centro de entretenimiento con luces y rincones oscuros perfectos para besucones adolescentes; pero hay que pasar por recolectores de azufre en Indonesia, degolladores de animales en Nigeria, chatarreros de barcos inservibles en Pakistán y optimista retórica industrial china. En un futuro la industria pesada será el romántico paraje en ruinas ideal para el esparcimiento de la adolescencia de una sociedad tolerante y libre… y cómo no, la clase trabajadora habrá desaparecido, si es que alguna vez existió. ¡Ufff! Si al menos hubiera extirpado el título del epílogo el tal Glawogger… porque llegar ahí después de que nos ha mostrado la laboriosa y rústica extracción de piedras de azufre por unos indonesios vejados por todos y cargando en canastas 100 kilos sobre la espalda por la montaña bajo la estorbosa vista/visita turística de japoneses y alemanes alegremente ensombrillados tomando fotos folklóricas y regateando por cultivadas estalagmitas amarillas… Y sí, la pista sonora de John Zorn en el fondo, sí, puro rítmo, pura máquina, bien, sí. ¡Pues no! Si pretendía el realizador una anestesiante interpretación diacrónica vayamos a la sincronía: el parque de atracciones porque Pakistán porque Nigeria porque Indonesia porque Ucrania porque el hambre y la muerte subsidian la producción y la especulación financiera aquí y allá, donde sea. Porque cuando compramos un filete empaquetado de Blanco del Nilo en el supermercado de aquí cerca unos aviones descargan armas en Tanzania, como nos lo muestra tan magistral y tristemente Hubert Sauper en Le Cauchemard de Darwin (2004). Workingman’s Death? No, si tan solo hubieras dejado el trabajo cantar, como Nat Adderly y su Work Song.
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Noir et blanc
Claude Nougaro (1929-2004)
Noir et blanc. Claude Nougaro
Armstrong, je ne suis pas noir Armstrong, no soy negro
Je suis blanc de peau Es blanca mi piel
Quand on veut chanter l’espoir Cuando se desea cantar la esperanza
Quel manque de pot Qué mala fortuna
Oui, j’ai beau voir le ciel, l’oiseau Sí, puedo ver el cielo, el ave
Rien, rien, rien ne luit là-haut Pero nada, nada, nada aparece allá arriba
Les anges… zéro De los ángeles.. cero
Je suis blanc de peau Soy blanco de piel
Armstrong, tu te fends la poire Armstrong, te partes de risa
On voit toutes tes dents Se ven todos tus dientes
Moi, je broie plutôt du noir Yo, más bien me deshago de tristeza
Du noir en dedans Tristeza negra adentro
Chante pour moi, Louis, oh oui Canta para mi, Louis, ah sí
Chante, chante, chante ça tient chaud Canta, canta, canta que mantiene caliente
J’ai froid, oh moi Tengo frío, ay, yo
Qui suis blanc de peau Que blanco soy de piel
Armstrong, la vie, quelle histoire Armstrong, la vida, qué historia
C’est pas très marrant No es muy divertida
Qu’on l’écrive blanc sur noir Escrita en blanco sobre negro
Ou bien noir sur blanc O en negro sobre blanco
On voit surtout du rouge, du rouge Se mira sobre todo un rojo, rojo
Sang, sang, sans trêve ni repos Sangre, sangre, sin tregua ni descanso
Qu’on soit, ma foi No importa que seas, en serio
Noir ou blanc de peau Negro o blanco de piel
Armstrong, un jour, tôt ou tard Armstrong, un día, tarde o temprano
On n’est que des os Sólo seremos huesos
Est-ce que les tiens seront noirs? ¿Los tuyos serán negros?
Ce serait rigolo Sería gracioso
Allez Louis, alléluia Vamos Louis, aleluya
Au-delà de nos oripeaux Más allá de nuestros oropeles
Noir et blanc sont ressemblants Negro y blanco se asemejan
Comme deux goutes d’eau Como dos gotas de agua
Oh yeah! Oh yeah!
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Afónico
Orgánico
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Hasta el fin del mundo
Until the end of the world. Wim Wenders. 1991.
Hasta el fin del mundo. Tuve la suerte de ver, no se por qué, la versión larga, larga, larga, como de cinco horas. Pero de un lirismo músico-visual-narrativo de aquellos que pocos logran. Es el Wenders de la también larga secuencia de Paris, Texas. Y el fin del mundo es aquí y ahora. Así que me voy a trabajar. Riendo, como si fuera un hombre primigenio.
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Siete de la mañana
So, you know how people are
When it’s all gone much too far
The way their minds are made
Still, there’s something you should know
That I could not let show
That fear of letting go
And in this moment, I need to be needed
With this darkness all around me, I like to be liked
In this emptiness and fear, I want to be wanted
‘Cause I love to be loved…
I cry the way that babies cry
The way they can’t deny
The way they feel
Words, they climb all over you
‘Til they uncover you
From where you hide
And in this moment, I need to be needed
When my self-esteem is sinking, I like to be liked
In this emptiness and fear,
I want to be wanted
‘Cause I love to be loved…Peter Gabriel. “I love to be loved”. Us, 1992.
Están sentadas afuera del portal inquietas como periquitos un poco hacia un lado y luego hacia el otro y se escucha una sirena de ambulancia y una de ellas llora que su rostro parece acuarela y poco queda del ella y poco queda del él debajo de la peluca y del vestido roto y de sus pestañas plásticas y a las siete de la mañana del domingo hay calles llenas y noches vacías y solitarios cruzándose sin verse y parejas que caminan de la mano y gente que duerme en los cajeros de los bancos y luces amarillas y autos rápidos y euforia y silencios y un nada más que me dice que tal vez debería dejar de escribir y de aullar.
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Primigenio
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bit
0
Vite vie Be
bit
Bibite
Vi vi
Vie vite Be
beat Be it
Vi vid
1
ser o no ser
cero son o ser
son ora o no son
s o s so so so sos os o os oos osso soo sososo sosoo so sos so sooo son soc suc so s
se es es se
rezo o no res s
e res ser e
s
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La canción se llama Litebulb Overkill, imagínate un violín y un piano
La canción se llama Litebulb Overkill, imagínate un violín y un piano.
Y también un clarinete.
Y la reverberación de un sótano.
Imagínate ahí.
Se escucha la silla.
Y un tosido.
Imagínate ahí. El violín y el piano.
Y también el clarinete.
Y la reverberación de un sótano.
Litebulb Overkill.
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Dor(m)ir
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Screamin’
Screamin’ Jay Hawkins (1929-2000)
Bouclant les boucles trenes y películas
scream yell cry shout scream yeah cry shot salta de los ojos desengarrótalos dedos el hombre es su voz aunque atienda el hotel de Mystery Train y Waits Jarmusch Screamin’ screaming silencio y el primer sonido articulado fue un día grito gritos arrullados lengua cavidad bucal la boca shhhh susususu rosas palabras cuando la boca ssssss scream ream dream in rime rite rythm scream
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Un coche en la azotea
Otra máquina aplasta al coche en la azotea que exhala polvo que moja otra máquina y hace demasiado calor para ser enero en este hemisferio. Una escultura está leyendo bronce o tal vez hierro cuando tiene un periódico gratuito a sus pies. Así que no me extrañaría ver que el hombre al que pertenece el casco amarillo sobre el montón de tierra esté durmiendo o mirando el cielo tumbado dentro de la excavación que él mismo ha producido. Aunque que parece ser un simple casco olvidado. Es curioso cuánto espacio pasa por los tubos todo el tiempo. Es curioso cuánto tiempo habría si lo juntáramos. Es directamente proporcional al número de seres que lo miden. Aunque no se si los viejos y los niños, si el que tiene prisa y al que le sobra tengan tiempos de velocidades similares. Tal vez los autos y las motos y las bicis y los pies en su aceleración lo hacen más lento y el trabajo más rápido. Tal vez el tiempo reencarna. Como el coche en la azotea cuyo tiempo ha aumentado digamos de un minuto en mi pupila, y de nuevo no se cuánto en sus pupilas.
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Spoken Word
Venía en la bici hablándome —tonterías, qué más—, me dije que la llanta parecía venir chupando la raya blanca como si fuese una miel —que tendría que ser blanca— que condujera de la casa al trabajo y que si fuese así y la bici tuviera alma estaría tentada por las zebras y la atropellarían —y ahí pensé: ¿las zebras? a) las zebras atropellarían a la bici / b) aquellas pinches formas son de una abstracción que podría aplicarse a una zebra, a un dálmata o a una vaca o a bn1) un código de barras o a un prisionero de película con código de barras o a bn2) las barras de la prisión o a bn3) las barras en código de una prisión o a una piyama o a un disco de los Beatles / c) atropellarían a las zebras y a la bici y a mí— y ahora he olvidado qué fue lo que pensé inmediatamente después en cambio pasó un taxi cuyo humo se veía y esto no tiene nada que ver pero pensé: Spoken Word Spok Ken Lord SSSSSS Pocket lord Poc en l’or y así y volví a lo de siempre: la bicicleta: o sea las velocidades, me dije de nuevo, las velocidades, cómo es qué cada piñón va a una velocidad diferente y que dentro de cada piñón en cada radio que uno quiera hay una velocidad diferente y que si hubiera un radio imaginario del piñón que fuera muy muy muy grande que pasara por la luna y varios planetas y sistemas planetarios, qué se yo, al final habría un radio que giraría a la velocidad de la luz a cada pedaleo, un radio que podría trazar incluso imaginariamente una periferia del universo, pero todo simultáneamente, me dije, si-mul-tá-nea-men-te, sí, al mismo tiempo que lo pensaba todo, to-do, estaba girando, los piñones, la cadena, la rueda, la raya, la calle, mis pies, mi boca, la mente, la gente, la ciudad, el mar, el cielo, como el spoken word, como el jazz, como los chistes y los cuentos y las novelas y las charlas, y entonces quedaría poco de improvisación, me dije recordando lo que Johnny dijo a Bruno en el cuento de Cortázar —”esto ya lo toqué mañana”— porque pueden ir los acordes casi en el centro y la mente más lejos y las notas más lejos y los sonidos más lejos y los reflejos más lejos y las reacciones más lejos, tan lejos que podrían llegar a mañana, que podrían ser un eco y entonces llegué a la estación del bicing, entonces, me dije, o sea ¿cuándo?
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Ara
ahora
ara
hora
ora
haz ahora
la hoz arar
el oro
órole
a la hora
alora
el aro
órale
oral
orar
la hora
ara
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Golden path
Golden Path. Chemical Brothers
As I walked along
The supposed golden path
I was confronted
By a mysterious specter
he pointed to the graveyard
over on yonder hill
I paused in cosmic reflection
confused and wondering.
Of how I came to die to die… (to fade)
Hmmm I was confused
For if I was dead
how and why did I die?
but I composed myself
and decided I should face him
But I stood paralyzed
on the supposed golden path.
and I was confronted
by a powerful demon force
and they said it was the devil
and when he spoke his words flowed like glowing lava
from the mouth of a volcano
and I said help me lord ( to fade)
I found myself in some kind of hell
but I did not believe in a
Heaven and hell world of opposite’s kind of reality
and I gained control of myself
and I decided to press on
and as I walked along the supposed golden path
I was trembling with fear all the lions and wizards yet to come.
I seen in the distance silver mountains rising high and the clouds
and voice from above did whisper some shining answer from the womb.
Please forgive me I never meant to hurt you
…
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MMMN (y 6)
Convencidos de que la perfección no es una meta y sí un mito buscaremos hacer un esfuerzo para romper un 70% de nuestro machismo actual e incrementaremos con nuevos puntos este manifiesto, aceptando la contribución crítica y propositiva de todos los masculinistas y otros segmentos sexuales, preservada nuestra opción fundamental por las mujeres.
Denunciamos a los machos engreídos que, utilizando el discurso masculinista, pretenden sólo dar los anillos para no perder el dedo, retroceden en un 30% de machismo para mantener el 70%. Es la Nueva República del machismo.
Somos todos oprimidos. Y siendo los hombres estadísticamente minoritarios frente a las mujeres, esto ya nos caracteriza como minoría oprimida. Nosotros, hombres masculinistas, sufrimos la represión de los machos, las feministas sectarias y de los gays autoritarios.
Requerimos, por lo tanto, el apoyo extremo y la solidaridad por parte de la sociedad inservil.
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MMMN (5)
* Abajo el complejo de “cornudo” ¿Por qué la mujer no es “cornuda”? Fidelidad o infidelidad recíprocas.
* La caballerosidad es cansada, aburrida y costosa. Delicadeza es unisex. Que sea extinguida la caballerosidad o se instaure, también, la “damosidad”.
* Queremos recibir flores.
* Exigimos la modificación del Padre nuestro: “Padre y madre nuestros… Bendito sea el fruto de nuestro vientre y de nuestro semen…”
* Por la capacitación de los hombres desde la infancia para tareas tomadas como femeninas. Queremos aprender corte, confección y costura, cocina, cuidado de niños, etcétera. En contrapartida, enseñaremos a las mujeres a cambiar llantas, tanques de gas y fusibles; a defenderse con los puños, espantar ladrones, matar cucarachas y ratones.
* Por la paternidad responsable y contra la gravidez y el uso de los hijos como chantaje sentimental contra nosotros.
* Protestamos contra el hecho de que nuestro órgano de amor sea representado con espadas, cañones, macanas y otros instrumentos de agresión y guerra. Sólo aceptamos la simbolización a partir de cosas gustosas y sanas: chocolates, bizcochos, bananas, lápices de labios, paletas, pirulís, etcétera.
* Denunciamos como principales vías conductoras del machismo a las abuelitas cándidas, las mujeres fresas, las madrecitas posesivas y las profesoras asexuadas.
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MMMN (4)
* Por el amparo a los padres solteros y abandonados por las mujeres amadas desalmadas.
* Guarderías en las cantinas.
* Queremos pensión por viudez, pensión alimenticia y licencia por cuidados paternos. No amamantamos pero podemos preparar biberones y cambiar pañales.
* Por la liberación de la lágrima masculina.
* Por el reconocimiento y el respeto a la menstruación masculina.
* Contra el cierre del mercado de trabajo a los hombres; queremos ser secretarios, telefonistas, nanas, etcétera, etcétera.
* No queremos ser jefes de familia, ni regentes sexuales.
* Igualdad fuera y arriba de la cama: queremos coger por debajo.
* Queremos que nos canten y que nos cojan.
* Por el derecho a decir “no”, sin broncas, sin cuestionamientos a nuestra masculinidad.
* Por el derecho de que no se nos pare sin explicaciones; a la mujer también le falla. Aquél que nunca falló que tire la primera piedra.
* Abajo la máscara de la fortaleza masculina: queremos tener derecho a asumir nuestras fragilidades.
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MMMN (3)
3.
* Abajo el paraguas negro, no somos zopilotes.
* Abajo las exigencias de traje y corbata.
* Contra el reloj checador.
* Por el derecho a orinar sentado.
* Por el respeto al pudor masculino, mingitorios privados.
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MMMN (2)
2. Ésta es una contribución del MMN (Manifiesto Masculino Nordestino) cuyo símbolo está representado por un cacto erecto o en reposo. (Detalle: el cacto no tiene espinas.)
Las principales banderas son:
1. Contra el terror machista.
2. Contra la dictadura clitoridiana.
3. Contra la homosexualidad autoritaria.
4. Por la reconciliación del espermatozoide con el óvulo.
Renunciamos a todas las prerrogativas del poder machista. Que “ombre” sea escrito sin H. No nos consideramos ni superiores ni inferiores a las mujeres, a los gays y a los bis, somos diferentes e iguales.
Rechazamos todos los modelos prefabricados de sexualidad, moralistas o vanguardosos, partiendo de tres principios:
1. La carencia no se inventa;
2. Receta sólo de pastel;
3. Vanguardia también es masa.
Somos solidarios con cualquier salida (o entrada) sexual que la humanidad tenga a bien inventar y gozar, siempre que no haya imposición o violencia. Y exigimos que se respete nuestra opción fundamental: gustamos de la mujer.
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MMMN (1) De hace veinte años…
Por las mismas razones temporales ya citadas, reproduciré los cuatro puntos del MMMN de Marcelo Mario de Melo en una incierta cantidad de entregas. El MMMN fue extraído de La Jornada, periódico mexicano, hace mucho tiempo pero por ahí circula en algunos sitios de la Internet.
1. En las cuestiones ligadas a la discriminación y a los papeles sexuales, las mujeres ya agarraron su onda (con 180 grupos de feministas organizados), los homosexuales y los bisexuales también y hasta los machos se organizan y se solidarizan, como se vio en el caso de aquel tipo que golpeó a su mujer y tuvo el apoyo de la Asociación de los Maridos Traicionados, fundada en Ceará, Brasil. Todos los sectores se movilizan. ¿Y cómo quedamos nosotros, que no somos mujeres, ni homosexuales, y rechazamos el modelo machista que nos es impuesto desde niñitos como marca de la masculinidad?
La respuesta está en el “masculinismo”, un movimiento crítico, autocrítico, cachondo, solidarista y convivencial. Sabiendo que de cartas de principios y discursos generosos la humanidad ya está hasta la madre y el padre, ponemos el dedo en la llaga a través de un manifiesto y una proclama de lo que rechazamos y lo que pretendemos transformar para vivir mejor.
* El Manifiesto Masculino Nordestino (MMN) fue publicado, en Brasil, por el Pasquim de Sao Paulo durante la semana del 24 al 31 de julio de 1988.
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El boca-vulario
A Emejotace (ante la escasez de horas de este año, reciclo sobre la boca, una entrada de mi ex-blog a manera de respuesta)
Es en los ojos, aunque en realidad todo comienza en la boca, palabras y besos. Pero no hay fin en la boca, boquedad sin fondo. Es en los ojos pues se miran las bocas: se vesan; y también escuchan los labios hablarse al oído. Pero sólo en la boca está la biblioteca de las palabras y las letras mudas; y el bocabulario de la lengua, táctiles inscripciones caligrafiadas en la tablilla del cuerpo. La historia estampada en la boca, entre el paladar y la lengua y los labios, compuertas que la sellan o que ofrecen su acervo: escritos en lenguas muertas por labios marchitos, perfectas novelas con bocación redactadas, promesas, contratos. Es en los ojos que por la boca hablan, nombran, respiran, silban, callan, besan, ocultan, tragan, succionan, lamen, murmuran, consumen, aprietan, mastican, exhalan, respiran, cantan, truenan, bostezan, sonríen, ríen, salivan, saben, estallan, muerden, conquistan, sangran, mienten, roncan, sueñan, conocen, vacilan, triunfan, caen, se ahogan, tropiezan, mueren, y viven.
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Y que siempre, siempre, hay un interés
Sabemos tener que subir aquella escalera. A lo alto de la muralla van brotando hilos de pescar, vapor y el fracaso de las olas. Desde la cima vibramos en el rasposo ulular del gran mediterráneo allá abajo, granular, frío e inasiblemente extendido. Aquello es el mar. Y la emoción mana abundante por los oídos. Del resquebrajado cielo caen rojizas nubes y jirones amarillos que perseguimos inútilmente hacia un extremo y otro de la colina de concreto hasta que la fatiga nos ha hecho terminar el juego a oscuras junto a los gigantes grafitis que velan pescadores con sus lámparas en la cabeza y radios que zumban en el suelo húmedo. La noche nos abraza como un alto abrigo mientras descubrimos rostros desconocidos o cañas de pescar. Vemos cómo a un autobús deshabitado le empequeñecen sus luces rojas hasta habérselo devorado un lúgubre gris muy lejano que después al pisarlo resulta fulgores ámbar y turistas borrachos. Pescamos en el paqui sardinas y pan que comimos junto al bicing esperando las bicicletas que luego apartamos frente a nosotros como si fueran caballos, pensábamos, entre otras muchas cosas.
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Dice que le parece extraño
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Wong Kar Wai
Days of Being Wild. Wong Kar Wai. 1991
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Todas las mañanas del mundo
Tous les matins du monde. Alain Corneau. 1991
“Tous les matins du monde sont sans retour”
Todas las mañanas…
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Prayer for Passive Resistance
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Shhh
Secret0, Parc del laberint
“Si tenías un secreto, subías a la montaña, al hoyo de un árbol se lo decías, y lo tapabas con cera, así estaba seguro.”
“¿Vienes conmigo?”
2046, Wong Kar Wai. 2004
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Laberinto
Laberinto de Horta
Anduve dándome vueltas
En el laberinto verde
Solo a mi ombligo
Pensando en cosas
Como que tanto hilo
Telarañaría la vida,
Ciudades de idénticas calles,
Clepshídricos relojes laberínticos,
O conversaciones reales
Oh! Just a perfect day,
Problems all left alone,
Weekenders on our own…
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Kentucky
Kentucky
Esta noche es mía
Porque la escribo
Y no del gato que dormía en la acera
Kentucky
Esta noche regada en el suelo
Kentucky
Miré cien desconocidos entrar salir
Y ninguno me era ajeno
Ninguno detesté ninguno amé
Kentucky
Ataque poético el regreso a casa
Y aún sólo mío
Kentucky
Míos la gran panza del Kentucky
Tristes cervezas-beer
Besos en umbrales
Zapatos en la acera
Estelas en la calle
Palabras salpicadas
Y nadie, nadie, nadie
Sólo yo
Esta noche es mía
Kentucky
Sólo mía
Porque nadie escuchó brotar las piedras
Debajo del charco del asfalto
Ni la luz callarse en los balcones
O su charla chapoteo amarillo
Oh, Kentucky
Esta noche es mía
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Ataque poético
Ataque poético
En que de ti una larga estela serpentea el camino
Séquito rizado de la envergadura de tus labios
Hermoso galeón navegando la noche por las calles
Ataque poético
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Empezar
El problema de empezar es que no sabes cuándo, cómo, y dónde comenzó. Incluso qué comenzó. Si es que comenzó algo.
La incredulidad sobre un destino evade los cruces de fuerza necesarios para un cuento, un chiste, una novela.
La poesía, por el contrario, se inicia en minúsculas y su relación con los verbos y los complementos es escéptica.
Tal vez el problema comienza aquí: ¿cuál es la historia?
No hay historia, ese es el problema. Se necesita viajar por el tiempo y el espacio para construir una mínima ligazón verosímil entre unas cosas —que también hay que construir.
¿Y cómo recordar estos atados de hechos y cosas? ¿Cómo aislar las cosas?
Si no hay un destino, ¿cómo dirigirse?
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H: 16 L: 9, parcialmente cubierto
Tarda este miércoles. Trece grados centígrados. O este máximo dieciséis, mínimo nueve. Díganme, números, la cálida palidez de los podados árboles de las avenidas. Jueves, H:15 L:9. Cifras, recuérdenme la retahíla hasta el gozo. Viernes, de quince a siete y nublado. Explíquenme la paradoja del abundante abreviar del tiempo. Sábado, 14-15, soleado. O el cálido andar sonriente de este frío.
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Dósis de Tuxedomoon
Batería machacona. Bajo machacón. Organito de juguete machacón. Rápido beat machacón. Ocheo la cabeza, tijereo las piernas, typeowriteo = sobrepongo ese andar al de Basquiat en la película Downtown 81 (esa en la que tal vez eran los chicos de Tuxedomoon quienes no consiguen taxi). Y escribo.
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Cumpleaños
Una laguna. El césped blanco. Richard Galliano en el acordeón. ¿Qué te llevó a la laguna, ahora, tan a la vuelta de los 30 años? Tres y cero. Estás inquieto Noel. Nombres en espejo. Mejor te abrigas. Tal vez. Tal ves. Giras todo el día. Palabras. Ruleta. A veces sólo letras. Un dado. Seis. Ayer viste esas pinturas surrealistas. ¿Qué te gustó? Nada. Como si te dejara de gustar el gusto. Aquello de Tanguy se parecía tonto a Dalí. Era Tan-Lí. Chino. Copia. Tenaz. Eso sí. La tenacidad era lo que le envidiaba a Manet su cuñado antes de huir a México. Me imagino al adjetivo adhiriéndose a Manet como papel periódico engrudo. ¿Has notado que repites la canción mil ves es cuando escribes? Pero odias tanto tener que ponerle el signo de interrogación inicial, los puntos, las diéresis, las rayas de las tes cuando ya ibas tan lejos. Espejos. Frío de película. Galliano. Esta música de película como si estuvieras en un trampolín. Espejos. Aguas lagunas. Retruécano. Retruáncano. Frío sufro. A z u f r o r í o. No te ibas a ahogar en la piscina llena de campistas aquél día, recuerdas el subir y bajar, lo viste, subías y bajabas. Ahoga te dices que temías al atenazamiento vital. Ese ir y venir sin fin. Ese finar infinito. Este antecedente siguió al recuerdo de la laguna. No ahorrarte en la agua. Del pino brotaba una resina que ahora dueles. Ha a m a n e s i d o. Despiertas con treinta años. Y tu recuerdo es el de esa laguna. Superficie. Superfuiste. Una laguna de milhojas de agua superpuestas. Y tú ahí en medio punto sobre el plano boquiabierto. No había fondo. Días hojas. Hoyas. Hoyos. Y aquella noche el mayor frío que has vivido vívido ví-vi-do ví vido re mi fa sol. Y no te lo podías escurrir ese frío de la laguna. Y cuando mirabas el fuego porque también lo hubo el calor congelaba vivo
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Blues
Mo’Better Blues.
Spike Lee. 1990
Lo extrañaba, el día completo escuchando blues en una cosa llamada Last.fm. Introduces el nombre de un artista que te guste y te programa canciones de artistas que podrían gustarte por ser similares o relacionados. El programa “aprende”, dicen. Te espía. Observa y recuerda si has rechazado una canción, si has manifestado tu gusto por otra, y realiza una estadística de los usuarios para obtener una especie de promedio de gustos. Así. Pero te pueden desagradar muchísimos títulos. También aprendes. De pronto se comienza a poner muy pop cuando habías comenzado en alternativo. Lo tienes que abandonar. La música de concierto es lo peor. Pones a Vivaldi y a la vuelta de la esquina tienes a Schubert. ¡Por favor! Pero el blues de hoy fue bueno. Muy bueno. Muy de cine, claro. Screamin’ Jay Hawkins y I put a Spell on You de Stranger than Paradise, de Jim Jarmusch, por ejemplo… mejor, y mejor… Mo’Better Blues, sí, Mo’Better Blues.
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Guerras (1)
“The monkey sat on a pile of stone
And he stared at the broken bone in his hand
Strains of a Viennese quartet rang out across the land
The monkey looked up at the stars
And he thought to himself
Memory is a stranger
History is for fools
And he cleaned his hands in a pool of holy writing
Turned his back on the garden and set out for the nearest town
Hold on hold on soldier
When you add it all up
The tears and the marrowbone
There’s an ounce of gold
And an ounce of pride in each ledgers
And the Germans kill the Jews
And the Jews kill the Arabs
And the Arabs kill the hostages
And that is the news
And is it any wonder that the monkey’s confused
He said Mama Mama, the President’s a fool
Why do I have to keep reading these technical manuals
And the joint chiefs of staff
And the brokers on Wall Street said
Don’t make us laugh, you’re a smart kid
Time is linear
Memory’s a stranger
History is for fools
Man is a tool in the hands
Of the great God Almighty
And they gave him command of a nuclear submarine
Sent him back in search of the Garden of Eden”
Roger Waters. Perfect Sense I y II en Amused to Death. 1992
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Citas para tiempos de guerra (2)
(autoregalo, o sea para mí mismo):
“Un día [1863], cuando lo hacíamos muerto o capturado por los franceses, Riva [Vicente Riva Palacio, nieto de Vicente Guerrero] apareció con un misterioso personaje tomado del brazo. De piel muy negra, vestía con un gabán gris deshilachado en las mangas. […] Se trataba de un verídico negro norteamericano, que fumaba un puro, sonreía y portaba en las manos un estuche destinado a un extraño menester; por su forma, un indudable instrumento musical. ¿Eso, o un arma nueva destinada a dar su merecido a más de un zuavo?
—Vicente, ¿de dónde ha sacado a este personaje?
—Hello, sir —dijo el aparecido ofreciéndome la mano, que yo estreché de inmediato.
—Es un amigo mío, de oficio saxofonista, Guillermo [Prieto] —me dijo Vicente sin dudarlo.
—Saxofonista —comenté muy serio, como si estuviese habituado a la palabra, que me sonaba como a una de esas nuevas ramas de la medicina.”
Paco Ignacio Taibo II. La lejanía del tesoro. 1992
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Citas para tiempos de guerra (1)
(Maye, Itze, Paco…):
“El 7 de junio [1865] los viejos liberales poblanos organizaron una función dramática en el Teatro Principal a beneficio de los oficiales encarcelados; participaba la compañía Rojas, a las que se habían sumado profesores de música y actores retirados. Alguien hizo unas primorosas invitaciones en tinta roja que corrieron por toda la ciudad. Era un acto estrictamente humanitario, pero llegada la noche del estreno, cuando se iba a celebrar la función, los asistentes, que habían agotado el boletaje desde las tres de la tarde, se encontraron el teatro cerrado, rodeado de soldados y patrullas que permanecerían allí y recorriendo la ciudad durante toda la noche.
Al día siguiente, uno de los organizadores, José de Jesús López, fue encarcelado y le dieron un mes de prisión considerándolo subversivo en tercer grado.”
Paco Ignacio Taibo II. La lejanía del tesoro. 1992
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Morir (2)
Still Life (Naturaleza muerta)
Jia Zangh-Ke. 2006
La búsqueda de dos encuentros en las inundadas casuchas de la Presa de las tres gargantas. China. En la cuerda floja. 1) Ella lo encuentra dos años después de que él la abandonó. Lo halla, duda… le pide el divorcio. 2) Él la compró, ella escapó, él la busca de nuevo. La halla después de haber trabajado en demoliciones. Tiene noticias de su hija. Él regresa a las minas para ganar dinero comprometido a volver a la Presa para pagar una deuda con el capitán del barco en que ella trabaja y obtener así su liberación… y volver. A la cuerda floja.
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English
My most visited post (Árbol) is the one with some english in it —Lord of the Flies. The top of the tree. The next one is Globos de quince años. It’s sad, I really love that little story of my childhood but english spoken people searching for Lord of the Flies on Google won’t understand it. The one about Quince años is just a joke. So, as I’m not very good writing in English I will post a short citation of William S. Burroughs Naked Lunch for not dissapointing you, folks:
“If all pleasure is relief from tension, junk affords relief from the whole life process, in disconnecting the hypothalamus, wich is the center of psychic energy and libido.
Some of my learned colleagues (nameless assholes) have suggested that junk derives its euphoric effect from direct stimulation of the orgasm center. It seems more probable that junk suspends the whole cycle of tension, discharge and rest. The orgasm has no function in the junky. Boredom, wich always indicates an undischarged tension, never troubles the addict. He can look at his shoe for eight hours. He is only roused to action when the hourglass of junk runs out.”
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Morir (1)
Niwemang (Half Moon/Media Luna)
Bahman Ghobadi. 2006
El viejo promotor-acompañante-chofer-videasta en ciernes fracasado técnicamente Kako cita como preludio de la alegórica pelea de gallos en un pueblecillo iraní a Kierkegaard (“no me da miedo la muerte porque, cuando estoy aquí, ella no está, y cuando ella está, yo no; ganar o perder no es más importante que morir; repitan: ganar o perder no es más importante que morir“) en medio de la cual recibe la llamada del viejo patriarca gran músico kurdo Mamo convocándolo a reunir finalmente a sus hijos para dar el tan esperado concierto en el Kurdistán iraquí post-Sadam y estadounizadamente permitido.
La también alegórica roadmovie tanática se desplazará en el autobús naranja obtenido bajo promesas de fama y llenado por todas las generaciones de hijos de Mamo que son recogidos incluso a la fuerza (después de dispararle al hijo fugitivo: “—mira cómo dejaste mi oreja —ahora tienes que venir porque pareces ese pintor extranjero… —¿Renoir? —¡Van Gogh!”) en medio de secos paisajes montañosos y amenazantes visiones y condenas.
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¡Que viva Villa!
El caballo era dirigido hacia la izquierda por Pancho Villa, aunque su museo en Chihuahua está en esa calle 14 hacia la derecha, ¡cuidado con las emboscadas, ya sabemos qué le sucedió en Parral!
Era la casa de Luz Corral, su esposa, era, porque ahora los obreros, cajeros y hasta los colores son militares. Secretaría de la Defensa Nacional dice hasta en las fichas museográficas. Así que muy formal. Por eso se subraya en un pie de foto: “General irregular Francisco Villa”.
La memoria material de Zapata es oficialmente enterrada, arruinada y abandonada en Morelos (seguramente más después de los gobiernos de azul). En Chihuahua capital se resanan los muros de la casa de Villa —atractivo turístico además— y se tiñe de un leve verde ¿por qué? ¿Y qué fracción militar será la encargada del asunto: los nuevos generales templarios?
Leo en el periódico ese de izquierda sobre quiénes dirigen ahora las escuelas de antropología y de restauración, hemos leído sobre los intentos de la iglesia hegemónica en el país de hacerse de ex-conventos, sabemos de la apropiación de obras artísticas por la banca internacional… Es fácil imaginarse, si es que no queremos oírlo, entenderlo, saberlo, qué tipo de restauración se realiza ahora con el cambio. Nos dejan sin padres. Ay, el patrimonio, ¡qué buen negocio! ¿Verdad?
Según Francesco Taboada en el título de su flamante documental “Pancho Villa: la Revolución no ha terminado.” No se ganó, ciertamente. Pero ahora más bien parecerá que nunca comenzó. Gracias al cambio.
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Silicio
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Sordina
Horas olor a fierro sudoran las manos
Horas desierto azul eterno vidrio polarizado
Devora rayas el autobús asfalto
Horas en el asiento estatuas
Horas hacia un frío norte tus manos
Horas adentro tu voz callada
Sordina
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Treinta y uno de diciembre Match punto com
Que vuelan solos de Match punto com hasta Guatemala
Solo
Para mirar la tridimensionalidad de su voz
Un treinta y uno de diciembre
“Es que son muchos filtros —me dijo el informático— como la altura, el peso, los gustos, la comida, los ingresos… escoges… pagas un mes, o dos, o seis, sesenta euros… y envías un correo secreto… y luego te envías el tuyo… y luego el chat… y después el teléfono… y entonces quedas en un café ¿sabes? que llevo la camisa roja, que llevo una falda verde y a veces entran pero al verte se van, duele pero te acostumbras… pero a veces funciona…”
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Barbès-Rochechouart
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Veinticuatro días aguardaron las teclas
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Correr y el frío
Hay semanas sólo en el calendario
Digo, que sólo en el calendario las hay
Viernes fue el lunes viernes
Las doce suenan al despertar
Ya no estaba ahí mañana
Correr y el frío
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¿Y si no viera nada al espejo?
Harry’s Circumcision
Lou Reed
Looking in the mirror, Harry didn’t like what he saw:
The cheeks of his mother, the eyes of his father.
As each day crashed around him the future stood revealed
He was turning into his parents.
The final disappointment
Stepping out of the shower, Harry stared at himself
His hairline receding the slight overbite.
He picked up the razor to begin his shaving
and thought: oh I wish I was different
I wish I was stronger, I wish I was thinner,
I wish I didn’t have this nose,
These ears that stick out remind me of my father
and I don’t want to be reminded at all.
The final disappointment
Harry looked into the mirror thinking of Vincent Van Gogh
and with a quick swipe lopped off his nose.
And, happy with that, he made a slice where his chin was.
He’s always wanted a dimple.
The end of all illusion.
Then, peering down straight between his legs,
Harry thought of the range of possibilities:
A new face, a new life, no memories of the past,
and slit his throat from ear to ear
Harry woke up with a cough the stitches made his wince,
A doctor smiled at him from somewhere across the room:
“Son we saved your life but you’ll never look the same”
And when he heard that, Harry had to laugh.
Although it hurt, Harry had to laugh.
The final disappointment
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Hambre de decirlo
¡He de decirlo!
Eso es decir:
que habré de hacerme
una noche de anoche,
de hoy una mañana.
Teorizaré poéticamente,
Construiré un camino sentimental
A partir de los fríos hechos de unos pasos;
Desconstruiré el andar,
Donde hubiera habido
¿un beso un golpe un fracaso una casa?
Desperté con hambre de decir-
lo, decir-te, decir-me, decir-nos,
decir-les, decir-los…
Poblar de objetos la distancia.
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Je suis sous
Je suis sou (sou: debajo o borracho)/Estoy borracho debajo
Claude Nougaro, 1964
Je suis sous, sous, sous Bajo, bajo, bajo
Sous ton balcon Bajo tu balcón
Comme Roméo Como Romeo
Oh Oh Marie-Christine
Je reviens comme l’assassin Regreso como un asesino
Sur les lieux de son crime Al sitio de su crimen
Mais notre amour n’est pas mort Pero nuestro amor no está muerto
Hein ? dis-moi que non ¿No? Dime que no
Depuis que l’on s’est quitté Desde que nos dejamos
Je te jure que j’ai bien changé Te juro que he cambiado
Tu ne me reconnaîtrais plus Ya no me reconocerías
Et d’abord je ne bois plus Y para empezar ya no bebo
Je suis rond, rond, rond Gordo, gordo, gordo
Rongé d’remords Gordo estoy de remordimientos
J’suis un salaud Soy un cabrón
Oh Oh Marie-Christine
Je t’en prie encore une fois Te lo ruego una vez más
Montre-toi magnanime Muéstrate magnánima
Donne-moi une chance encore Dame otra oportunidad
Dis ! recommençons ¡Anda! Volvamos
En moi il y a du bon aussi En mí también hay cosas buenas
Ne m’fais pas plus noir que j’suis! No me ensombrezcas más de lo que estoy
J’suis bourré, bourré, bourré Estoy relleno, relleno, relleno
De bonn’s intentions De buenas intenciones
J’ai trouvé du boulot Encontré un trabajo
Oh Marie-Christine
C’est sérieux, j’ai balancé En serio, he tirado
Mon dictionnaire de rimes Mi diccionario de rimas
Je n’écris plus de chansons Ya no escribo canciones
Non ! J’travaille pour de bon ¡No! Trabajo de veras
Mes copains que tu n’aimais pas Mis amigos que no te gustaban
Maintenant ils rigolent sans moi Ahora ríen sin mi
D’ailleurs je t’les ai amenés Por cierto que los he traído
Tu n’as qu’à leur demander Sólo tienes que preguntarles
On est sous, sous, sous Bajos, bajos, bajos
Sous ton balcon Bajo tu balcón
Comme Roméo Como Romeo
Oh Oh Marie-Christine
Ne fais pas la sourde oreille No hagas la que no oye
A ce cri unanime Este grito unánime
Je t’en supplie, mon trésor Te lo suplico, tesoro mío
Réponds! Réponds! ¡Responde! ¡Responde!
Marie-Christine
Ne me laisse pas seul No me dejes solo
Bon ! Puisque c’est ça ¡Bueno! Puesto que es así
J’vais me saoûler la gueule! ¡Me voy a emborrachar!
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Aprenent el català a la radio
“Cada cop més, el futbol és un treball d’equip… “
Mmmm. I jo el detesto cada cop més.
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Temprano témpano
Pero tan no podía seguir durmiendo que me erguí bípedo que somos y me puse los lentes frente a los ojos y la bufanda y la primer ropa tirada que había a mano y música claro y cuando Anarchy sonaba me asomé y había un hombre de traje con maletín de piel, joven, él, y a su lado una bicicleta con una rueda de metro y medio de diámetro con una ruedita atrás muy pequeña y el hombre como del siglo diecinueve lanzó un poco la apenas bicicleta o monociclo con una ruedita de apéndice, la lanzó, decía, y corrió un poco tras ella para trepar, literalmente, al sillín y se fue pedaleando muy tranquilamente. Y ya.
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Tecleas
El verbo sujeto al piano
Se asoma abajo a cada asalto
Cae revuelo en complementos
Las teclas no sonríen ni lloran
Tú tampoco eres la risa, el llanto
¿Entonces por qué has llorado?
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Hey, Ho, Let’s Go
Ukrainska poezia, sí, ¡Ah!
En ucraniano él primero
En català ella desprès
¡Zig! ¡Zag! ¡Brrrggg!
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Goma
Serpenteaba su figura y tú imaginabas el edificio “de goma” como decía —de goma tío, de goma, así: serpenteaba más. Es el único que conozco que haya estado en una guerra. En el bunker debajo del inmueble flexible vieron por CNN –¡desde Washington tío!— cómo se hacía chicle el puente de su pueblo ahí a un kilómetro. El domingo en un mirador había las distancias alrededor de esta medianía de la tierra: sólo 2500 a Tchernobyl, por ejemplo. A la vuelta de la esquina está su pueblo en Serbia. Pero él te aproxima a la vida.
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El burro urbanista
¡Claro, claro! le decía a Pedro realmente sorprendido y me mantuve realmente atento imaginándolo todo: el burro hace los trazos primigenios ¡claro! de las ciudades porque sus piedras necesitan transportarse y el burro es quien realiza esa noble tarea y además ¡pero por supuesto! el burro escoge el mejor camino —aquel con una pendiente continua y más transitable— para llegar a lo alto de la montaña en la que se alzará el castillo, el muro, las calles. Luego el hombre traza las vías horizontales, los niveles. También los burros son topógrafos y los superan en eficiencia para hallar la vía idónea ¡claro! Y para rematar tienen una memoria topográfica im-pe-ca-ble… (y transportan sin demasiados cuestionamientos, aunque muerden y patean si se les acerca por detrás). Los burros urbanistas. (Y con Marco hicimos la teoría del perro trazador, pero eso es otra historia).
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Doblamiento de los planos unas gafas astigmáticas pesadilla placentera
Arrastra con los pies toda su delgadez anciana hasta en medio
Y lo que suena sueña sueño
Ornette Coleman
ffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffffff
¿Qué más decir a las nueve de la manaña?
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mañana estuvo aquí siempre
“Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quién dijo: “Esto lo estoy tocando mañana”, y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repetía: “Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana” (Julio Cortázar, El perseguidor)
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entonces hice clic…
y tan fácil aunque no debí porque sabía de los monstruos porque si has visto la televisión lo has visto y tú también lo sabes ¡Ay! Walt Whitman, hoy Cantan Los Eléctricos Medios redobles sangrientos a millardos de esclavos que se regodean en el plasma y a países en subasta y las canciones cuestan humanos y los héroes se compran para adherir al zapato y si hay una procesión es al sagrado dinero y no digo nada nuevo, que bien sabes por Ginsberg del Moloch, y es la misma sangre que de abajo y desde ayer hoy corre y el profano profana no tan bien como los santos cuyo rostro de acciones se venera en portales y el verbo es entre los cátodos venerable becerro adorado límpida imagen
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Girl eaten by gator, decía abajo de una página y se veía una pierna de niño saliendo por el hocico del animal, había además otras tres fotos así, fue la primer imagen de esta mañana
el azar pone Desire de Tuxedomoon, subo el volumen y también por algo o por nada recuerdo el comedor ahora lo recuerdo pero fue hace días me senté frente a los dos que eran trabajadores ahí entre muchos estudiantes porque tenían manos de corteza y eran extraños esos dos no hablaban nada y uno se atragantaba el agua comían de lado y miraban de lado y bebían de lado y se vació la botella y se alzó como un pistón y me miró según yo mal no se por qué y dijo adéu que apenas se oyó y el otro sólo bajó el mentón estaba justo enfrente de mí y nadie más en la mesa como si estuviéramos juntos me fijé en eso porque giré la cabeza y había el comedor todo viejo y las mesas todo viejo y gris y las charolas de plástico en falsa madera rotas en las esquinas y los vasos de vidrio blancos de rayado que están y las jarras también y la catsup sabe a azúcar y estábamos ahí él vestido todo de colores oscuros alto y delgado sin tejido adiposo como un obrero magro de película rusa y agachaba la cabeza muy despacio pero en una sola trayectoria y el tenedor entraba en el pescado o pezcado me gustaría más que se escribiera y entonces se le veía el reloj de plástico blanco traslúcido con letras negras como si el reloj se hubiera equivocado de persona eso blanco tachado ahí entre lo gris y monótono y levantaba el brazo y metía la comida a la boca y alzaba el rostro de lado y sus ojos fijos en una diagonal arbitraria vacía y masticaba lento y pocas veces y a lo mismo como si no tuviera hambre luego puso un plato vacío, lo llenó con aceite y vinagre y cortó un pan en trozos y los iba como zambullendo en ese caldo y luego el tenedor a una ensalada y adentro de nuevo parecía como un video que vi de los japoneses que se dan la espalda cuando dan un sorbo a algo y entonces pensé que bien podíamos estar realmente juntos y no se estaba mal no decíamos nada pero eramos compañeros y no hacía falta decir nada tampoco y parecía una película podríamos estar bebiendo whisky o mirando por un ventanal hacia afuera o mirando la mesa por horas y horas y sería una película muy aburrida pero podría ser como de culto dos tipos comiendo bebiendo y nada más y habría solo enfoques a detalles como el de su reloj o sus ojos como ciegos o mi mirada como escoba y realmente no había mucho que decir y me pareció sorprendente lo bien que se estaba así qué me iba a decir que puso tres metros de ladrillo o que veinte lámparas y yo que leí un libro y hubieramos sólo asentido y tal vez dicho mmmmmm y luego callado otra vez pero era sorprendente que podíamos dialogar sin hablar y sin mirarnos a los ojos ni nada de eso y luego nos quedamos más solos y más juntos y teníamos que terminar la comida ahora simultáneamente porque estábamos ya juntos y la comida se hizo entonces más rara pues yo sólo iba a comer y ahora todo esto esta situación en la que estábamos y no se terminó él el pez no se veía muy bueno tampoco pero casi lamió el plato del aceite que debe comprar mucho en su casa le debe gustar desde que era muy niño porque vaya que un plato es aceite y puso el tenedor en el plato y yo ya había terminado desde hacía mucho tiempo y entonces sentí que era el momento y él también y nos levantamos y sin mirarnos hicimos como una especie de asentimiento con la cabeza y luego bajé las escaleras y pasó un tranvía
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El futuro más lejano es el gerundio
Y solo el tedio andaría como sol
La mesa desértica, sus dos vasos (vacíos)
Si hablaramos nada más que en presente
Pues nuestro futuro más lejano es el gerundio
Hablar son collares de restos
Callar
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Soñé bolsillos
La mañana en el bolsillo cuatro dedos de las manos las llaves en el bolsillo y la cartera y la vida en el bolsillo las sábanas bolsillo y por supuesto las canicas en el bolsillo y los dulces en el bolsillo pegajoso el bolsillo y roto y qué haría con las manos sin bolsillos el cuerpo y los bolsillos llenos de nada y medía los pantalones por el número de bolsillos para guardar el día y dormir de noche
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o no mato pe ya
auuuuuuuuu ya han los perros lobos caca ríen las gallinas mau mau mau mau mau ya han los gatos hablablablablabla han los hombres
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Paréntesis comas corchetes guiones
Vive soy bebida de zumo de melocotón y soja y el dibujo del melocotón amarillo cortado como corazón y en la mitad el hueso parece un cerebro meteorito caído ahí entre mi bostezo del horario de invierno que duda de la hora perro confundido de amo la cama o la ducha y el erizado frío olor a dormido y el cabello emboscado y paréntesis comas corchetes guiones saliéndoseme del sueño como los brazos de las cobijas estalactitas chorreando como bailarina de los tejados y la noche es una gran efusión humana de pedos carbono poluciones hidrógeno sueños sudor vapor oxígeno brazos pies baba hielo paréntesis comas corchetes y guiones.
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También llueven relojes, Allen Ginsberg, y aúllan los coches el asfalto
Y aller fluimos resbalando desde la filmoteca al café del chino destazando en papelitos la película Raval Raval hasta derrumbarla como los edificios de la Rambla de En construcción y en la punta de la cabeza tenía una palabra atascada que no salió ni con el espresso ni la cocacola pero no importó porque martillamos tremendamente el asunto y comenzamos a resonar en lo funda/mental o sea lo poco cinematográfico y lo demasiado cliché y propagandístico de una serie de planitos dispares cámara en mano digital temblorosa introduciendo personajes caracterizados monolítica-previsible-mente cuyas historias/trayectorias sabidas se irán enlazando debilmente en el barrio barriendo cualquier posible profundidad-complejidad-contradicción entre diálogos recitados de asco en la pista de doblaje y sin sonido ambiental así que menos que película debería ser un anuncio televisivo moralizante/normativo/vomitivo y otras excrecencias y luego mientras pagábamos recontamos los estereotipos siempre binarios de catalanes buenos y malos contra fuereños buenos y malos como la catalana buena atraída por el exótico marroquí bueno pero envuelto en fechorías, su marroquí madre abnegada casada con el catalán mayor viejito bueno comprensivo y rechazada por el vástago de éste y su esposa del vástago malos incorregibles, el pakistanés refugiado con su locutorio y su hijito tímido consentido por la pareja catalana intelectual bondadosa, y hay además en el mundo del Raval los okupas rockeros echados por unos cabrones mossos de escuadra, putas africanas golpeadas por un proxeneta malo en su bar en cuyo sótano un famoso genetista pedófilo escoge niños coincidiendo con el catalán contratador de mano de obra ilegal, una estatua humana brasileña lesbiana con novia catalana ejerciendo ilegalmente su inmovilidad hasta que se casa con el hijo gay catalán de un especulador inmobiliario propietario de media Rambla así que él puede tener la herencia y ella su residencia, y otros personajes, todos felices y contentos al final en un concierto multiétnico cantando Al Raval tot es… Al Raval tot es… Al Raval tot es…
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Unas puertas gruesas y una alfombra manchada
Y luego salimos y había gotas sobre todas las cosas y volteamos hacia arriba, sí, sí llovía y para terminar abrí mi mano y se mojó.
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Espera
Jalaba aire por la nariz y le dije un pañuelo, dijo que sí y se lo di. Antes de que saliera mi número también comencé a sudar y pensé qué tonto. Cuando pasé ni me miró, se concentra uno en el número demasiado. La cola que siguió fue más aburrida y no quise leer de nuevo los tres periódicos que me regalaron y me puse a mirar la panza que era muy grande del vigilante y luego su suéter con el escudo barato y mal cosido. Sonó su teléfono y le oí algo de una deuda pero me distraje y sin querer vi el pasaporte de una chica al lado y sí era marroquí como pensé y entonces le tocó su número y se fue. Como estábamos solos me habló el gordo, se ve que le gusta hablar, a cualquiera le dice que es por allá o por allá aunque sea obvio. Dijo: a mí me pagan por esperar. Como no dije nada repitió: al menos a mí me pagan por esperar.
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Propiedad privada
Su propiedad entera está toda en el rincón:
Saxofón atril partituras discos y él mismo
El músico, y sus plantas, de uso privado,
En la capital, publicando aires variables
Fumando, cerrando los ojos, sonriendo.
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Ser
—¿Tú de dónde eres? —dice [¿a quién imagina el lector?].
—De… —comencé [¿por qué razón se rechaza el uso de colores, tipografías, subrayados, etcétera para diferenciar, enfatizar, etcétera... tendrá que ver con la reproducción de los impresos?] a recitar la versión abreviada al nombre de un país.
—¿De qué ciudad? [en un guión habría el nombre del personaje]
—De… —del aburrimiento al hastío y pensando en algunos posibles protocolos aplicables [digo posibles pero es falso, es pura elucubración] en futuros interrogatorios así de previsibles. El primero, felliniano, consiste en respuestas espontáneas y falaces pero verosímiles al cuestionario obligado y aceptado cortésmente. El segundo [y última enumeración], dilatorio, es responder cada pregunta con un acertijo que pruebe el conocimiento geográfico del interrogador así como su capacidad de observación y sobre todo su paciencia. Otro, cuestionador: ¿por qué… me preguntas eso? por ejemplo. Distanciado, responder que es reiterativa esa pregunta y no sólo ella sino su forma y que se pregunta uno a su vez, siempre, por qué tal cosa ocurre, siempre. Ignorarlos con silencio o evasivas podría ser interpretado como sordera o grosería, lo cual puede ser una magnífica estrategia disuasiva. Bostezar ídem.
—…mis vacaciones en Cancún…
—Ah, sí, es un país muy… —común como hablar del tiempo, que es mejor al futbol, útiles frases introductorias inocuas, somníferas. Pero mirándolas más, las categorías a las que aluden (nacionalidades, ciudadanías, razas, continentalidades, profesiones, generaciones) y la manera en que se liga el sujeto a ellas (el verbo ser: soy, eres, somos, son) hacen resonar fatalidades, determinismos, clases: inamovilidad. Como si la vida transcurriera en casilleros estancos a los que les perteneciéramos invariablemente: encasillados. [En un viaje me preguntó: ¿dónde viniste al mundo? En otro viaje me dijo: no soy fatalidades].
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La hipopotomonstrosesquipedaliofobia me hace escribir
Pues antes sólo me reí y reenvié a los lectores a la página de discusión del absurdo término en Wikipedia. En el café que leo Bien sentirse, cuidarse, vivir de esta semana: “El más extravagante, el miedo a las palabras largas, es casi impronunciable: [sigue la palabreja].” En la página cinco una tal Sonia Garde repite el asunto en el recuadro de Fobias curiosas. El autor de todo este montaje tal vez estará muy alegre detrás de su pantalla: ha hecho anteceder a esquipedaliofobia [perteneciente a un más aceptado catálogo paranoide] dos seudo-sufijos inverosímiles para crear una paradoja en el fondo bastante graciosa que ha subido a la Wikipedia parafraseando el estilo justificativo de la enciclopedia y publicando por aquí y por allá referencias a la palabra resultante para arrojar hallazgos en Google, los incrédulos correctores de la wiki no se deciden a borrarla a pesar de haber detectado el mecanismo de la broma y previsto su crecimiento exponencial… por ahora en su larvario estado de semanario. —La internet está plagada de falsedades etcétera —ya se apresurarían a repetir algunos. [Apunte para una imaginaria conversacion: yo comienzo a tener cierta fobia a la información, si esto ocurre con... acaso ¿no es posible que nadie haya pisado aún la luna etcétera?]. [Tal vez no esté tan alegre el autor, de hecho: parece que nadie ríe de su ocurrencia sino él solo]. Este caso no es muy difícil: un seudo-periodista reprodujo fragmentaria y banalmente un encabezado de internet o de alguna publicación cotidiana sin indagar mínimamente en las fuentes y su legitimidad. Aún peor, no parece tener sentido del humor.
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Patas de oso
Quand j’aime une fois c’est por toujours
(Richard Desjardins, 1948)
J’ai marqué d’une croix Marqué con una cruz
La clôture de ta cour, La cerca de tu patio,
Je suis rentré chez moi Regresé a casa
Par la sortie d’ secours. Por la salida de emergencia.
Je me suis dit tout bas: Me dije muy quedo:
«Non, ce n’est pas mon jour, “No, no es mi día,
Son coeur est un détroit, Su corazón es un estrecho,
Ses yeux un carrefour.» Sus ojos una encrucijada”
J’ai pris l’harmonica, Tomé la armónica,
Descendu dans la cour Bajé al patio
Et dessous du lilas Y debajo de las lilas
J’ai chanté sans détour: Canté sin rodeos:
Quand j’aime une fois, Cuando amo una vez,
J’aime pour toujours. Amo por siempre.
Quand j’aime une fois, Cuando amo una vez,
J’aime pour toujours. Amo por siempre.
L’amour est un tournoi El amor es un torneo
Où tombent tour à tour En que caen por turnos
Les guerriers maladroits Los guerreros torpes
Noyés dans la bravoure. Ahogados en bravura.
Si c’est ce que tu crois, Si es eso lo que crees,
Si tel est ton discours, Si tal es tu discurso,
Sois sûre qu’une proie Seguro que una presa
Deviendra ton vautour. En tu buitre se convertirá.
Alors que fais-tu là, ¿Entonces qué haces ahí,
Enfermée dans ta tour? Encerrada en tu torre?
Je veux briser les lois Quiero romper las leyes
Qui règlent tes amours. Que rigen tus amores.
Quand j’aime une fois,
J’aime pour toujours.
Quand j’aime une fois,
J’aime pour toujours.
Tu entendras ma voix Escucharás mi voz
Dans le ciel du faubourg. En el cielo del suburbio.
J’avancerai vers toi Avanzaré hacia ti
Avec les yeux d’un sourd. Con los ojos de un sordo.
N’entends-tu pas déjà ¿No escuchas ya
Le compte à rebours? La cuenta regresiva?
Ouvre ta véranda, Abre tu balcón,
Annonce mon retour. Anuncia mi regreso.
Je foncerai comme un ours Arremeteré como un oso
Aux pattes de velours. Con patas de terciopelo.
Je veux toucher du doigt Quiero tocar con el dedo
La peau de ton tambour La piel de tu tambor.
Quand j’aime une fois,
J’aime pour toujours.
Quand j’aime une fois,
J’aime pour toujours.
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Los ojos no se abren (lo que es peor: no se pueden cerrar)
Los párpados se separaron y un ojo (el otro estaba aplastado contra la almohada) recogía las rayas del piso los calcetines zapatos y la luz que sopla debajo de la puerta entró por el bostezo tronando las quijadas brotó una lágrima escurriendo como caracol entre la nariz y la mejilla se anidó en el pozo debajo de las narinas los dientes salan la lengua mañana
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Pool (despierto y ellos duermen, no puedo hacer ruido [podría pero tampoco quiero])
Errar Diamantes Dí Amantes Amamantar Yerro Hierro Erro Oso Oh So Ayer Vi Vimos Vivimos Película Película Transilvania Gitanos Gatlif Di amantes Amor Errantes Ah Mama Manta Ama Música Fuego Errantes
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Antes de que me vaya a dar una vuelta a la playa
Un huevo se fríe olor a cebolla ajo pimienta
Limpieza de pisos ventanas la cama
Sonido a ducha aceite saltando
Tin tin tinean las cucharas sartenes
Afuera el domingo soleado
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Como si hubiera que poner un título
A cada luna menguando que ves. O al gitano cuando pela los cables. Si se necesitara podría llamarse “Chasin’ the Bird” como los nombres de lo de Charlie Parker. Más abstracto el track $%&/. Porque tampoco tengo idea de la próxima palabra que escribiré —ya viste que fue palabra. Jazz y palabra. ¿Escribieron jazz los beatniks? Había escrito escriben. Y esta necesidad de ir atrás y corregir, imposible en el jazz. ¿Era su técnica realmente jazzística? Me he detenido largos segundos pensando. Varios acordes hubieran pasado ya, ¿dónde estaría el discurso entonces? ¿O qué aspecto del jazz es trasladable? ¿Cómo ponerle título a todo esto? El pensamiento lanza palabras para allá, para acá, zum, zum. ¿Es esto beat, seguir el flujo inconsistente? Pensar, por ejemplo, en que los signos de interrogación en castellano son como un acorde, pones el primero y zas tienes que hacer la pregunta; o los dos puntos: o el punto y coma. Es un placer auditivo y táctil cuando fluyen los dedos sobre un teclado. Tienes una frase completa yéndose por ahí. No te detienes más. Tal vez eso es jazzístico. Por ahí, o sea en internet, leí que era falso, que los beat seguro que debían ir para atrás y darle consistencia. Pero hay gente que habla muy consistentemente. No se si elaboran sus discursos con anticipación. Alguna sí. Se la pasan todo el día contando una misma historia a quien se les ponga enfrente (quien se le ponga enfrente, que común) con un chiste incluido, el mismo, por supuesto. Pero otra parece capaz de ir haciéndolo todo en el momento. Otra vez borré. Debería hacer una transcripción de chat. Cosa curiosa el chat. Es la internetización, palabreja, de los guiones. Faltan nada más los guiones (como signos). Alguien podría hacer un chat con guiones. Así. Tal vez todo es cuestión de velocidad. De tiempo. Si la cabeza tuviera varios procesadores a velocidades diferentes por un lado podrías estar procesando los acordes, por otro algunos patrones melódicos, por otro… etcétera, y en el tiempo Tiempo el resultado sería aquel solo. Aquel discurso. Habría tiempo de ver el resultado del proceso y pensar en un título que resumiera el asunto y que por la velocidad se pudiera escribir desde el principio.
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Desconcierto
¡Ay, cuánto hablablablaban y a qué intensiDAD y con qué constancia! ¿Ocurre sólo en las fiestas de la Mercè? Desconciertan estos conciertos al aire libre con gente venida a levantar decibeles polvorientos entre los oídos de unos y los instrumentos de los otros y sus aplausos a tiempo de otro huso horario y sus bailes a otro uso horario, competencia de escenarios: patéticos unos, magníficos otros (si se los pudiera esuchar).
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Formar
Se lee con mucha claridad a Philippe Gaillard en Técnica del periodismo afirmar que la actividad periodística “consiste en transformar [a veces formar desde un comienzo] unos acontecimientos —o a veces simples informaciones [¿es decir la transformación de formaciones previas?]— en noticias, mediante su publicación”, tarea realizada generalmente por asalariados quienes se dedican a “buscar y dar forma a las noticias en una empresa periodística.”
La Red Voltaire es de las pocas dilucidadoras cotidianas de la formación periodística. Su sección de Titulares que engañan, por ejemplo: alguna prensa alemana puso en formación a) una foto de una nota en árabe b) encontrada al lado [¿?] de una bomba encontrada en julio en un tren, c) la declaración de la policía de que la bomba estaba destinada a matar a cientos para hacer la noticia de que el proyecto de atentado era de ‘musulmanes’. Muchas noticias formadas de manera similar vemos todos los días, vaya, pero no hay muchos Voltairenet para decirnos la banalidad evidente con un poco de escepticismo de que la nota en árabe publicada es una lista para el supermercado: olivas, queso blanco…
Hay de formaciones a formaciones, no hay que engañarse.
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Colloquial Spanish
If a woman is young
then you should
use the term señorita.
However, the masculine
form señorito
is only used by servants
to their young masters!
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Perro
Peludo cabizbajo
Tristes ojos de perro
Miran a su dueño
Que un metro cede
La cuerda hasta el árbol
Detéstoles a ambos:
La sumisión endentada
La altivez lisonjera
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Engañar
Wim Wenders. El amigo americano. 1977.
[Coincidencias. En El amigo americano de Wim Wenders: la cortina roja de terciopelo, como En la ciudad blanca, de Alain Tanner. Otra: el giroscopio que Bruno Ganz le regala a su hijo, como en The Belly of an Architect de Peter Greenaway, que trata de algo similar]: el amigo americano hace creer a Bruno Ganz, restaurador y enmarcador de cuadros, que está al borde de la muerte por una enfermedad sanguínea con el fin de que este asesine por dinero a alguien como favor a un francés mafioso.
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Hipopótamo
Ali Farka Touré y Toumani Diabaté. In the Hearth of the Moon. 2005.
Mali es hipopótamo en mandinga, dice Diabaté en un videodocumental, además de creer que la música es como un río. Aparecen Ali Farka y Toumani en un estudio de grabación improvisado sobre un hotel que flota sobre el río Niger. Muy consecuentes. Un año antes de la muerte de Touré. Toumani dice de una canción que es sobre la tristeza de un pueblo cuando alguien mató al hipopótamo vecino con quien se acababan de entender. Ahora se enfoca la portada de In the Heart of the Moon. Se puede escuchar por siempre. Es de una belleza radical. Como un río. Sí. Como un río.
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Frenadol
Rinitis albahacacetamol citrato de cafeína amarillo ocaso sacarosa vía oral en medio vaso de agua fuera del alcance de los niños. Disolver el contenido de un sobre ácido ascórbico excipiente. Granulado alivio sintomático. Improductiva secreción nasal de los procesos gripales. Dolor leve o moderado resfriado. Tos manténgase fiebre composición. Noviembre 2009 sabe horrible miligramo. Y estoy todo zombie Complex ®.
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Songhai I
Toumani Diabate (Mali, 1965)
Con el nombre del antiguo imperio maliense, Ketama y Toumani grabaron dos discos, Songhai I (1989) y Songhai II (1992). La kora es tan misteriosa como el vientre embarazado al que se parece en la foto. Un ombligo bien sumido. Ese silencio en su rostro. La otra noche nevaban cenizas blancas para mí letras. Los músicos nunca podrán acumular lo que tocan. Los músicos tampoco tienen pies. Aquí sobran sombreros, decía Villa. La ducha suena a hervor. Los timbres son tan similares. Ay. Nunca había escrito sobre Songhai. Apenas se me posa la nieve. Ya se por qué. Por mi amigo que vino del frío, por el cielo nevado, por la fresca tarde, por la kora de Diabate, por silencio, por cielos rayados. Silencio. Todo coincide esta noche de nieve. Extraño abrazar. Ya callate. Sí.
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Sombras
Paco Ignacio Taibo II (1949)
Con los puros títulos de Sombra de la sombra (1986) –un homenaje a Complot mongol, de Rafael Bernal– y Retornamos como sombras (2001) menos oscuro no podía ser el interés de este bebedor de cocacolas por lo… ¿recóndito? Pero qué miedo a la redundancia: “de este bebedor de cocacolas por las sombras.” Es que de recóndito los hechos a veces sólo tienen su mera mención demasiado estereotipada: “Siguiendo una tradición con la que el narrador [Taibo] de este libro [Pancho Villa, una biografía narrativa] se ha enfrentado frecuentemente, los lugares comunes sustituyen la investigación de los hechos.” En cambio las sombras y sus dueños se acompañan en su andar alegremente o a su pesar. ¿Cómo sino resolvería crímenes Héctor Belascoarán Shayne? –Observa, Watson, tú sólo sigue las pistas. La sombra poco oculta sólo basta con verla. Lecciones de historiografía de un detective:
“pero varios historiadores quisieron ver en la batalla [de Celaya] la confrontación entre lo antiguo y lo moderno, y así se la inventaron. […] Parecería, en esta delirante versión donde la hipótesis de modernidad contra atraso se antepone a la narración, que la modernidad eran las loberas de los yaquis y los pimas y no los aviones de Pancho […] Ajeno a la polémica […] durante la noche Villa recorría en un automóvil el camino de Celaya a Salamanca, recuperando a los dispersos, animando y reorganizado a la gente.”
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1 año en BCN
Hace un año
Llovió tanto
Barcelona
Y hoy
Es aquí
Uno solo
Empapado
En el engaño
Del después
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Benway
Del Almuerzo desnudo, de William Burroughs, sin comentarios:
“Benway es un manipulador y coordinador de sistemas simbólicos, un experto en todos los grados de interrogación, lavados de cerebro y control. No había vuelto a ver a Benway desde su precipitada marcha de Anexia, donde estaba a cargo de la D.T.: Desmoralización Total. Su primera medida fue suprimir los campos de concentración, las detenciones en masa y, excepto en algunas circunstancias especiales y limitadas, la tortura.
–Aborrezco la brutalidad –dijo–. No es eficaz. Y además los malos tratos prolongados, sin llegar a la violencia física, causan, si se aplican adecuadamente, angustia y un especial sentimiento de culpa. Han de tenerse bien presentes unas cuantas normas o, mejor, ideas directrices. El sujeto no debe darse cuenta de que los malos tratos son un ataque deliberado contra su identidad por parte de un enemigo anti-humano. Debe hacérsele sentir que cualquier trato que reciba lo tiene bien merecido porque hay algo (nunca preciso) horrible en él que le hace culpable. Los adictos al control tienen que cubrir su necesidad desnuda con la decencia de una burocracia arbitraria e intrincada, de manera tal que el sujeto no pueda establecer contacto directo con su enemigo.”
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Arco de globos para fiesta de 15 años
La técnica o creencia número 13 de Kerouac para la Prosa Moderna invita a desprenderse de inhibiciones literarias, gramaticales y sintácticas. ¿Por qué no escribir, entonces, con más confianza, y esto es simplemente un decir porque en el fondo me da igual, sobre mi descubrimiento de hoy? He observado por primera vez una sección de wordpress que contiene estadísticas. Me sorprendió realmente cuando por tal herramienta supe que alguien hizo clic en este sitio porque buscaba “como hacer el arco de globos para 15 años” y encontró, lo que refuerza mi extrañamiento, algo en [A] que le pareció responder a su pregunta. El asunto es que odio las fiestas de 15 años casi con tanta intensidad como las misas y el betabel, aunque dudo en qué orden. Así que con bastante probabilidad, quien llegó a [A] como último recurso en su búsqueda, se debe haber decepcionado enormemente con mi ignorancia total de tales ritos y menesteres. Pero debería agradecerle el engordar el número de visitantes y de lectores de [A] que aún son fieles a pesar de la franca caída en picada del blog desde hace dos meses. Y qué mejor manera que dejándole un título sobre su tema predilecto que aparecerá en google más temprano que tarde. Sea.
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Trapo
A sus espaldas traen como una capa la bandera andando revolucionarios por las calles vestidas de pancartas. Que “ataca al Estado” dice el grupo del emblema nacionalista, que “socialistas nacionalistas”, que “la ocupación es un genocidio”, que “trescientos años de resistencia”. Y muchas, muchísimas, demasiadas banderas. Río al recordar un pasaje de la Revolución Mexicana que narra Paco Ignacio Taibo II en Pancho Villa:
“El 28 de octubre se aprobaron los principios sociales del Plan de Ayala, después de un prólogo en el que un encendido discurso contra la bandera que han firmado (‘es el trapo de Iturbide, el triunfo de la reacción clerical’), a cargo de Soto y Gama, con todo y manoseo del emblema, estuvo a punto de lograr que los patrióticos generales allí mismo lo perforaran a balazos.”
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Inmiscuyente
Jack Kerouac (1922-1969)
Que se cumplen 50 años de la publicación de On the Road (1957). Que el canadiense católico budista (holy) Kerouac cojeaba hacia la derecha política. Y quién sabe que más o qué menos. Ahora simplemente no me apetece la Historia, sino la storia, y lo escojo escuchando la drogada vida de Esperanza, en Tristessa (1960), o los trenes del oeste americano, o a los trabajadores mexicano-americanos, pequeños personajes dentro del radio. Y no es por su realismo, o por su cristiana compasión, sino por la tenacidad de inmiscuirse, y en particular en América, hacia el norte, pero la de abajo, la radical.
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Hipopotomonstrosesquipedaliofobia
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Esternocleidomastoideo
Lo inerva
el nervio espinal
en la región anterolateral
largo, robusto,
en su tramo torácico
dos manojos o cabezas
esternal
cilíndrica
y la clavicular
aplanada
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American Express Pocket Guide
There are free atractions, too.
You can read, write, work
Or just while away the time
With or without friends
For as long as you like
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Extravagancias
Una vez al año será limpiado con vapor su “mausoleo tipo griego” en el que la acompañará cuando fallezca a su vez Trouble, el perro heredero de doce millones de dólares. Excentricidades, dice, sí, excentricidades, el periódico de izquierda sobre la herencia de Leona Helmsley. Excesos, dice el abogado. Y el tono del periódico de izquierda no es irónico, sólo amplifica la intensidad de las notas de alguna agencia de prensa. Mientras Citibank intenta ser salvado con 30 mil millones de públicos dólares. Mientras New Orleans sigue devastado y sus reconstructores siguen enriqueciéndose. Mientras todo eso y muchas otras tragedias de latitudes meridionales se narran dos páginas atrás.
La congregación ritual funeraria podría ser de las experiencias urbanas más tempranas: la necrópolis, dice Lewis Mumford, y pienso enseguida en ellas y sus sociedades, en pirámides y esclavismo, por ejemplo… América y sus necrópolis… Pero esto es sólo una reflexión extravagante.
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Nural 50
Aplicar unas gotas
A la superficie bien limpia
Del elemento a enroscar o fijar.
No mover la unión
En unos 20 minutos.
Irritante.
Irrita los ojos
Y las vías respiratorias.
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Igualada, Nou Cementeri, Miralles
Fuimos en ese tren larga vía
Más otros chirridos de bicicleta
Entre fábricas olores vagos
Hasta el final de la calle
Donde sólo crecían un pasto
De algunas varillas, un túmulo
En el cementerio está todo de lado
Salvo las bocas arriba de los muertos
Y sin descanso sus brazos piernas troncos
–en un petate envuelvan mis cenizas fetales–
Será que la vida no es más que tangentes
A inaccesibles circunferencias: dioses, destinos, o nada
Tantos vacíos caracoles esparcidos por el suelo
Caparazones cubriendo caparazones caparazones
De concreto, madera, de carne, de trazo, de verbo
Y del árbol sus huesos, y del sol su sombra
Y de la voz una boca, y de los ojos silencio
Jardín silíceo
Cultivada memoria
Diagonales plantas
Erosión del tiempo
Cenizas arena
Blanco descenso
Junto a Miralles
Bebimos el vino
Quedó la botella
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Golf
Cinco palabras del pie de foto de un periódico de izquierda:
ganó
victoria
líder
ganancia
millones
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Etnografea (con joyas)
Laurie Anderson. The Ugly One With The Jewels.
Porque destaca lo electrónico de lo electrónico, porque detalla con belleza, porque sólo necesita describir, porque su música es música y en sus canciones no canta, porque se le puede mirar trabajar en el escenario, porque es graciosa, ríe, y se equivoca. Porque tiene discos que son joyas, con letras únicas:
“In 1974, I went to Mexico to visit my brother who was working as an anthropologist with Tsutsil Indians, the last surviving Mayan tribe. And the Tsutsil speak a lovely birdlike language and are quite tiny physically; I towered over them. Mostly, I spent my days following the women around since my brother wasn’t really allowed to do this. We got up at 3am and began to separate the corn into three colors. And we boiled it, ran to the mill and back, and finally started to make the tortillas. Now all the other women’s tortillas were 360°, perfectly toasted, perfectly round; and after a lot of practice mine were still lobe-sided and charred. And when they thought I wasn’t looking they threw them to the dogs.
After breakfast we spent the rest of the day down at the river watching the goats and braiding and unbraiding each other’s hair. So usually there wasn’t that much to report. One day the women decided to braid my hair Tsutsil-style. After they did this I saw my reflection in a puddle. I looked ridiculous but they said, “Before we did this you were ugly, but now maybe you will find a husband.”
I lived within in a yurt, a thatched structure shaped like a cob cake. And there’s a central fireplace ringed by sleeping shelves sort of like a dry beaver down. Now my Tsutsil name was Lausha, which loosely translated means “the ugly one with the jewels”. Now ugly, OK, I was awfully tall by local standards. But what did they mean by the jewels? I didn’t find out what this meant until one night, when I was taking my contact lenses out, and since I’d lost the case I was carefully placing them on the sleeping shelf; suddenly I noticed that everyone was staring at me and I realized that none of the Tsutsil had ever seen glasses, much less contacts, and that these were the jewels, the transparent, perfectly round, jewels that I carefully hid on the shelf at night and then put for safekeeping into my eyes every morning.
So I may have been ugly but so what? I had the jewels.”
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Pollo
Ibas a la cocina y dos de tres veces ahí estaba
El pinche gato negro con los pelos tostados
Mirándote agazapado con sus ojos pardos
Diciéndo: pero qué rata tan rara
Pero qué rata tan rara con lentes
Pero qué rata tan rara sin cola
Pero qué rata tan rara con ropa
Todas las mañanas abrías la puerta
Y entonces venía corriendo desde lejos
Incluso con algún compañero
Diciéndo: pero qué rata tan rara
Pero qué rata tan rara con lentes
Pero qué rata tan rara sin cola
Pero qué rata tan rara con ropa
Y en la estación del celo
De aullidos por todo el cielo
Hasta lo extrañabas
Diciéndo: pero qué rata tan rara
Pero qué rata tan rara con lentes
Pero qué rata tan rara sin cola
Pero qué rata tan rara con ropa
Hasta esa noche tremenda
En que al volver de la tienda
La rata había sido el gato
Al llevarse tu pollo completo
Y dijiste: pero qué gato tan rata
Pero qué gato tan rata con su feo bigote
Pero qué gato tan rata con su hocicote
Pero qué gato tan rata que me tomó el pelo
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Biología
Se mastica la palabra. Se machuca el tiempo. Se arriman los perros.
Muerden los libros. Caminan las voces. Machacan las gotas.
Los gatos reprochan. Los setos orinan. Las sombras azotan.
Tú. Ustedes. Ellos.
Matan. Cogen. Nacen.
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Poissy
Ostentando la botella de vino frente al cartel del parabús bebiendo. Otra con ropa de doctoranda luciendo en el celular su francés castellanizadamente salpicado de inglés. Estos la cámara o el paraguas hablando eternamente. Poissy. Mejor por la soledad del camino con sus casitas tejadas, sus matorrales y sus jardines. Otros atrás de los pasos. Aprendes que en Reykjavik hay mucho trabajo y pocos islandeses –sí, Bjork es islandesa–, el frío no es tanto y en el calor geotérmico hasta las bananas y el kiwi se desarrollan. Saludas reverentemente los nombres que tendrás el placer de olvidar. Le Corbusier. Clic. Pero qué pequeño terreno. Clic. La casa del vigilante, ¿es suya? Clic. Parecía un bosque, ja, bosquecito. Clic. Grava. Clic. ¿También lo rodeamos primero? Clic. Clic. Clic. Clic. ¡Cinco euros! Los libros. ¿El baño? Guau. Guau. Clic. Clic. Clic. Arriba. Mira. Clic. El jardín clic suspendi clic do. Y la clic silla siéntate clic ahora llego clic las ventanas clic y la vista clic. Qué magnífica casa clic. Clic. Clic. ¿Ya fueron a la Fundación? Clic. Clic. Clic.
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Crash
David Cronenberg. Crash. 1996.
Que salía de la boca del metro y entonces vio sus piernas acostadas, y el casco, y reconoció la moto. Siguió hablando con golpes de dedos en la barra, lo dejé de escuchar porque recordé aquella vez que no hice caso y pude ver la moto destrozada, la sangre, los vidrios, las luces policiales, los líquidos, la lluvia, los charcos, lo negro del asfalto, sobre un puente, afuera de una ciudad que olía a humo mojado, y me vino un asco, y un sudor, y un olor a pelo chamuscado. Que todo lo vio la policía. Que sólo la cadera. Y Crash otra vez, pero no sentado, sino de pie junto a la barra. Crash, crash, crash cuando revientan los cristales bajo una bota. Crash crash, por qué lo escucho, por qué lo veo. Crash el chirrido de una rata, muriendo. Crash la cucaracha. Crash la piel del toro, desgarrada. Crash la mandíbula, el box. Crash la pistola. Crash el niño contra el auto. Crash desde el cielo. Crash el ciclista. Crash la mano, crash la máquina. Crash las costillas, crash el tolete. Crash la nariz, los nudillos. Crash la rodilla, el muro. Crash. Crash un falo en la herida. Crash un beso ensangrentado. Crash la orgía a toda máquina. Crash el amor a la prótesis. Crash en los coches chocones. Crash los bombones. Crash bofetada. Crash derrapar. Crash golpe. Crash lo estoy viendo. Crash lo viste también. ¿Sigues ahí? Crash. Crash. Crash.
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Mareo
Que aquello era terrible –decía:
Sangre cayendo en la gravedad
Mecánica de las venas de la cabeza.
Que al despertar desmayaba
De propia vergüenza ajena
Que porque los sueños vencían
Cada mañana con ese espejo
Llamado recuerdo:
¿Lo imaginé, lo hice, lo he hecho?
¿Lo dije, grité, he callado?
¿Soy yo esta piel, esta voz, estos ojos?
Que en el sueño también despertaba:
¿Soy yo esta piel, este diente, este poro?
Que era tantas preguntas
Que no podía responder
Que era terrible
Esa cabeza mecánica
Anundándo su dedos incesantemente
Y que sí los cortó pero no sabe cuando
Si fue en el vano del sol
O en esa vena nocturna
Gravemente sangrando.
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Sin título
Relumbraba su rostro
Me vio a contraluz
Enfrentando al sol
Yo también la miré
Observarnos
Llamaron al vuelo
Se hizo una fila inmensa
Pero esperamos bastante
Con los ojos sentados
Y entonces coincidimos
De pie ella justo adelante
Hubieramos podido hablar
Nunca dijimos algo
Ni al acomodarnos en ventanas opuestas
Ni siquiera en el extraño vagón
Cuando alguien se adelantó a pedirle
Levantar su bolsa del único sitio
Libre cuando yo entré
Pero nos miramos
De nuevo uno al lado del otro
Esperando las maletas
Tampoco hicimos adios con la mano
Viéndonos vernos cada vez más lejos
Entre su acera y mi autobús.
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Pasos de hormiga sobre un pie de elefante
Albert Mangelsdorff (1928-2005)
Dejé escondido un disco para comprarlo luego, está muy barato, seguro se equivocaron de precio –dijo el profesor de jazz. ¿Dónde? Y él respondió, presumiendo la astucia. Ahí estaba, ciertamente, detrás de algunas portadas. Lo llevé. Rasgué la envoltura y la aplasté hasta sacarle ese ruido crichcrich de plástico nuevo. Era un doble, y en la portada un hombre con un trombón: Mangelsdorff. Tocaba varias notas al mismo tiempo, y cantaba mientras soplaba, luego supe que aquello eran multifónicos, pero qué poca importancia tiene eso comparado con un tema cuyo nombre es An Ant Steps on an Elephant’s Toe… Alguien me ganó el cd –soltó junto con un suspiro a la otra semana. Yo no lo tengo tampoco, me lo robaron.
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Roscoe Mitchell
Roscoe Mitchell (Chicago, 1940)
JazztardesuenaRoscoeMitchellinvolucionesinfinitas
JazztardesueñasRoscoeMitchellevolucionesinfitintas
JazztasdesueñoRoscoeMitchellinvolucionasinfinitos
JazzesdesueñosRoscoeMiqueinvolucioneninfinitos
JazzeslosueñosRoscoelMitorevolucionalosfinitos!!!
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En un avión
Se asoman por los compartimientos
Las orejas de un muñeco de Disney,
Mientras repiten mil niños ¿ya llegamos?
Y la noche está ahí enmedio de algo como dos labios
Gigantes y apáticos tras la escotilla
Oscureciéndose tal vez en el Atlántico
(Que podría tal vez estar justo debajo
Entre la intermitencia de los faros)
Y luego todo el campo francés es negro
O no es nada, quien sabe, no se ve algo,
Y entonces sí veo esas chispas dispersas
Abajo, como si fuera un cigarro la tierra,
O tal vez es la lava de un volcán lejano,
Y esa nube humo hablado de una boca,
Después más cerca ya son constelaciones,
De luces de navidad, o estrellas fugaces,
Hasta que veo los faros de un coche,
Encendida luciérnaga entre los pelos de un bosque,
¿Hay alguien abajo? ¿Realmente?
¿Alguien mira la tele sentado? ¿Alguien cocina una pasta?
¿Alguien se asoma al jardín? ¿Alguien está enamorado?
¿Alguien se mira al espejo? ¿Alguien se ríe? ¿Alguien se muere?
¿Alguien me piensa al mirar este avión pasando?
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Axolotl
Alain Tanner. Dans la ville blanche. 1983.
Para Neus
8. “El tiempo se siente menos si nos estamos quietos. […] Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl.” Julio Cortázar. Axolotl. Final del juego. 1956. (Paul escribe, en la película, que le han dicho que es, él, un ajolote).
7. Bruno Ganz en la portada mirando luz. Wim Wenders y sus ángeles, pienso. Pero es Alain Tanner. Luego el título sobre una ciudad blanca. Marruecos, sospecho, miro, no, Lisboa. Wim Wenders… pero su Historia es más reciente. Y otras coincidencias más. Ciudades, relojes, tiempos, alfas, puentes, aviones, cruzándose, en la vida, en el cine.
6. Cine de indeterminismo. De escalas abruptas, caprichosas, cambiantes, vivas: Road movie. Vivos están el encuadre versus las dimensiones de los sitios; el tiempo de los planos versus el tiempo en la historia; el movimiento de la cámara versus el movimiento trás la cámara; lo que se dice versus lo que se calla; lo que está versus lo que se ve.
Cine: París, Texas, un hombre camina en un paisaje desértico inmenso, avanza… En Ciudad blanca unos tableros de mando en la cámara fija, el buque avanza (creemos), ruido, ruido, señales con la mano / cambio de escena, zona de motores, Paul abre la tapa, sonríe para sí, crípticamente, la cierra / cambio de escena, en la cubierta el ayudante lo filma, lo vemos en su película, hace gestos, detrás el agua / fija en el camarote, hace una maleta, calma, toca la armónica (y creemos que se mueve) / bajando la escalera, largamente… detrás, el inmenso caparazón no cabe en la pantalla / en el muelle, autoretrato en Super 8, detrás la ciudad. Paradojas, contrastes: el afuera se mueve en la inmovilidad de la cámara fija en el espacio fijo y sólido; la cámara se mueve con el movimiento y el afuera es inmóvil; él se filma en el filme en una ciudad que no se ve pero que vemos; escalas, escaleras, él es grande y la ciudad pequeña, la ciudad desborda el encuadre y él también, él lo llena y ella no cabe; se ven los motores pero no por qué se mueve el barco, se ven sus gestos, pero no se le entiende. Ver, no ver, dentro, fuera, pequeño, grande.
5. La ciudad de calles estrechas estrechada en el lente. Plano detenido sobre unas escaleras, él entra a cuadro, sale por la derecha, varios segundos, luego reaparece subiéndolas. Ropa tendida en el tiempo de unos cuadros. Él espantando a una gallina, subiendo a un tranvía que arranca / filma la calle desde el tranvía / él que corre unos escalones, como el personaje de Truffaut siempre corriendo. La ciudad de noche abierta a la oscuridad. El negro alrededor se amplia al negro alrededor de la pantalla. Baile afro en un bar, billar, asalto nocturno. Movimientos, desplazamientos, despedazamientos que atraviesan el cuadro, del cuadro mismo, por el cuadro mismo.
4. El bar, inmovil, espera. Ella espera, detrás de la barra. Él abre la puerta, entra, al bar, al cuadro, a la escena, al teatro, al mundo: él es Él y ella es Ella, como en Las alas del deseo, Hasta el fin del mundo, Adán y Eva.
“Beer, bière, cerveja”: “je parle un peu de français.” Close-up sobre su rostro, incrédulo, sonriente: “su reloj, ese, gira al revés”: “no, va bien, es el mundo el que va al revés.” El reloj resta horas a la izquierda. “¿tienen habitaciones?”: “sí”: “me quedo.” El bar. Él acariciándola. Él secando copas con ella. Ella preguntándole. Ella esperando. Él llegando reiteradamente. Un muelle, el bar. O un barco. Igual da. Llegar y partir es hacia atrás partir y llegar. “¿Te irás? —ella, Rosa (Teresa Madruga). Me quedo por tí —él.” Un día ella no está en la barra, un día él regresa.
3. Habitación. Unos cuadros. Dos sillas con forro de terciopelo. La cortina. Un balcón. Un lavabo antiguo con espejo y azulejos. Una ventana. Un camarote. Otro (camarote). Él tocando la armónica frente al mar. Él filmando. Ella asea, deseo, él la filma. Amor. Un lavabo sin agua, un espejo que romper, un silencio que no cesa. Un llanto callado. La de ella, pequeña, con una ventana, y oscuridad: “Me voy a trabajar.”
2. Cartas que descartan. Elisa, su esposa, entra a su casa en Suiza en correspondencia con la llegada a su buzón de las cartas de Paul llenas de letras y de filmes. Correo viene de correr y de lugar, correr al lugar, correr entre lugares: él se irá desvaneciendo, de sus gestos, a su tiempo, al amor, a la mar, a la nada. El lugar corre hasta Elisa nítido, franco (“amo a Rosa”), terriblemente excluyente (“si tuviera una patria sería el mar”), y blanco (“el tiempo se ha deshecho”, “ya no hay mañana, ni tarde, ni noche”). Cartas insatisfechas que reclaman el lugar mismo (“ven, te perdonaré”).
1. Quietud. Qui es-tu? El camino es un lugar, lugar es el camino. La pregunta es una hoja blanca como la ciudad, como uno. Qui es-tu? Quietud, cuando cesa el movimiento, sosegado el desplazarse. Quietud el asentarse asiento asientes. Sitio siento. Paul Rosando la ciudad blanca (“estoy aquí por tí”) antes de caer anónimo en el hospital (Rosa llorando en su cama-rote de hotel vacío) por la puñalada de un asaltante reencontrado. Paul rozando el camino Rosa (“tal vez me vaya a París, ahí tengo hermanos”) incapaz de reencontrarlo a su regreso del hospital (“Rosa se ha ido”). Rozándose. Rosándose. La ciudad blanca.
“Nous sommes embarqués”
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America
Rowwen Hèze
Minúscula America. Apenas unos cuantos habitantes que hablan el limburgués. Pequeño pueblo de Holanda del sur. Sin Rowwen Hèze nunca lo hubiera sabido. Tampoco sin Los Lobos del Este de Los Ángeles, gran ciudad al norte de México, metrópolis sureña del oeste de los Estados Unidos de América. Hélos que se juntan, añaden un mariachi internacional extraviado, y entonan para el mundo a través de youtube Anselma, vieja canción mexicana, en limburgués y castellano, esto es América:
Cuando te cases con el otro iré a tu boda / Cuando pregunten enseguida me opondré / Y si pregunta el cura que por qué me opongo/ Yo le dire que porque tú eres mi querer.
Y si se enoja el que iba a ser tu esposo / Saco mi cuete y me pongo a disparar / Al fin y al cabo yo no le temo a la muerte / Ni voy al bote porque soy la autoridad.
Ay Anselma, Anselma, Anselma / Chaparra de mis penares / O dejas que te visite / O te mando a los gendarmes
Y si te niegas a matrimoniar conmigo / Les quito el rancho y propiedad de tu papá / Les pongo impuestos y hasta les quemo la casa / Porque por algo soy aquí la autoridad.
Yo ordeno y mando dentro de este municipio / Yo te lo digo por si quieres escapar / Allá en el otro el que manda es mi tio Helijio / Nomás le aviso y te tiene que agarrar.
Ay, Anselma, Anselma, Anselma / Chaparra de mis penares / O dejas que te visite / O te mando a los gendarmes.
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Amargar
Rainer Werner Fassbinder.
Las amargas lágrimas de Petra Von Kant. 1972.
La famosa diseñadora manipuladora Petra invita a la joven, bella y pobre Karin a hacer de ella una gran modelo y también a compartir su casa —en la cual vive también su asistente masoquista super explotada Marlene que la ama y admira. Karin acepta, pero pronto deja la escuela, le regatea con indiferencia hasta las caricias y busca hombres por la noche (diciéndoselo sádicamente). La insatisfecha vida de Petra se amargará definitivamente cuando su amada Karin la abandona no sin antes sacarle un billete de avion para encontrarse con su esposo.
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Morphine
Your intelligence is sexy
I can tell you taste like the sky
Because you look like rain
Morphine. You look like rain.
La aspirina, a poco de 1900, no era el único producto de Bayer. En sus laboratorios se había recuperado un descubrimiento de hacía unos cuatro lustros y se ofrecía como remedio para la tos infantil y para la tuberculosis: la heroína, derivado de la morfina. Otras linduras de la Compañía ocurrían en la Segunda Guerra Mundial —financiadora del nazismo y productora del Zyklon B utilizado en las cámaras de gas— pero me he apartado del camino completamente. Porque tenía una línea en la mente sobre la lluvia y sobre Morphine, el grupo, pero salí al parque, y ninguna gota se soltó y tampoco una letra dejé marcada. Me fui con que la morfina forma Morfeo, hijo de Hypnos, hermano de Tanatos, y con que la hermana de la morfina es la heroína. O sea muy confundido pero contento por la intuición de que tantas palabras podrían connotarse unas a otras. Tan feliz hubiera podido comenzar la lectura de la Mitología y no detenerme al primer giro de la historia. Entonces, en el parque, era la fiesta y el siglo XIX aparecía de nuevo en la forma de un ocho tatuado en el pie: “es una banda de Möbius”, dijo ella. Ya se, respondí. Aunque no le dije que me lo acababan de mostrar un día antes, exactamente, en forma de cadenas temporales infinitas coincidentes en alguna tangente ocasional. Se entiende que para la tarde la confusión había aumentado mientras la sorpresa hacía larga siesta, por eso olvidé lo de la lluvia y Morphine. O cuando estaba así de recordarlo la chica siguió su trayectoria recta al cesped mientras la bicicleta en la que estaba sentada caía girando entre un polvo tan denso como el humo de los petardos chinos, antiguos opiómanos, que estaban atados a una cuerda girando tambien alrededor de un hombre disfrazado de algo negro que brincaba cuando llegaba a sus pies (una cosa fue antes de la otra). Luego se acabó él vino fuimos a su casa de ella a tomar un café hirviente la noche. ¿Por qué no llovía ya de una vez? Así recordaría la idea sobre Morphine —como sus extraños instrumentos, la muerte cantando de Sandman en Italia, su rareza preciosa… Pero me dolía la cabeza al oído la conversación. Política. (Fatídicos nacionalismos, idealismos, in-formaciones). Estaba cansado. Necesitaba ¿una aspirina? Dormir, sólo eso, y soñar, soñar. Ponerme en forma la cabeza, a oscuras. Hypnos, Tanatos, Morfeo, morfina, heroína.
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Animales
Rufus Thomas
(1917, Mississippi-1991, Tennessee)
Helo ahí, poniendo música en una estación de radio en Memphis, la primera completamente afroamericana. De él se dice mucho, como que descubrió a B.B. King, que corrió de su banda a Jimi Hendrix aún desconocido por ruidoso y desafinado o que logró que Elvis Presley pudiera ser difundido en las estaciones negras.
Su música es desparpajada, su voz es tan teatral como sólo James Brown. Y quien sabe si fue por haber representado temprano a una rana, a los seis años, que le dio por la zoología: Do the Funky Chicken, Do the Pinguin, Walking the Dog… Y había que hacer de animal, seguir la coreografía alada, brincos en dos piernas y ladrar. Si en el soul The Pretenders y similares bandas uniformadas seguían rígidos ritos dancísticos, el funk, como el rock, se hacían (p)Elvis, Fu(n)ck, James Brown se dejaba desfallecer y Rufus aullaba, miaulaba, y hacía la gallina.
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Miga
Muerdes el pan otro día, otro, una corteza dura,
Y sin esperarla encuentras esa dulce miga al centro,
Recuerdas la última vez y amasas una historia de bolitas
Pequeñas, blandas, frescas, tibias, suaves,
Siempre encuentros, aeropuertos, ciudades, volcanes, bares,
Y hoy en nuestra repostería mezclamos pepinos foco,
Huevos que rebotan, lámparas de hielo, egotomías,
Puentes eléctricos, intervenciones, bichos,
Vocales del árabe, globos y popotes, y poesía
Horneada en esta madrugada silenciosa de domingo.
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Superstición
Taraf de Haïdouks, Clejani, Rumania
En Youtube hay un video cuyo escenario es Clejani, sus calles de tierra, pequeñas casas y animales. Se despiertan y andan hacia fuera con sus violines, flautas y acordeones, desafiantes bendecidos por sus mujeres. Y en Gadjo Dilo, y en Latcho Drom, terminan rodando, fiesta, sobre una carreta, como todas las películas de Toni Gatlif. Superstición, desmedida creencia, contraria a la razón. Tenían que ir al concierto, al otro lado del mundo, gitanos siempre, músicos siempre. Y seguramente salieron de esas pequeñas casas de Clejani bendecidos por sus mujeres, e irían en un taxi por entre el polvo hasta un aeropuerto. Y en París, o Frankfurt, o Londres decidieron acampar porque era un viernes 13, o como se llame un día de mala suerte en romano. Simplemente no volaron. Y seguramente no dejaron que sus instrumentos hicieran un viaje fatídico. (¿Qué llevas tú en el Arca? ¿Dos libros, un violín y un contrabajo, un sombrero y calcetines, sal y dinero, fatalidad y suerte, una llave y una mano, un recuerdo y un deseo?). Pero no cancelaron. Porque el concierto de las cosas así debía ser, seguramente. Y ese día salí de casa convencido, supersticioso. Teníamos una cita. Estábamos embarcados. Dos horas antes ya estaba lleno, y nada. Una hora antes, aún no llegaban los micrófonos. Media hora antes desistieron. A los quince minutos rodee todo el teatro buscando una rendija. Diez minutos, el concertino prestó su violín. Me iba a despedir de la puerta. Entonces nos miramos la vieja y yo. No podía ser de otro modo. El viento que sopla desde que fue el comienzo, ángel, hizo caer el boleto en mi mano. En directo, sin bafles, con violines prestados, zarpamos, lejos, muy lejos, y tan cerca, el teatro una barca, una casa, barcaza, barcasa.
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4:06
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero seis
Cuatro cero siete.
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Semántica
Tuxedomoon. In a Manner of Speaking. Holy Wars. 1985.
In a manner of speaking
In a manner of speaking I just want to say
That I could never forget the way
You told me everything
By saying nothing
In a manner of speaking I don’t understand
How love in silence becomes reprimand
But the way I feel about you is beyond words
Oh give me the words
Give me the words
That tell me nothing
Oh give me the words
Give me the words
That tell me everything
In a manner of speaking Semantiks won’t do
In this life that we live we only make do
And the way that we feel might have to be sacrificed
So in a manner of speaking
I just want to say
That like you I should find a way
To tell you everything
By saying nothing
Oh give me the words
Give me the words
That tell me nothing
Oh give me the words
Give me the words
Give me the words
Give me the words
Give me the words
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Vengar
Tony Gatlif. Vengo. 2000.
Diego, retrasado, amante del flamenco y sobrino de Caco (Antonio Canales), debe morir porque su padre —fugado— ha asesinado a un Caravaca. Caco lo embriaga con los mejores cantaores y bailaores, y un día de boda, visita a los Caravaca: ha aceptado la venganza.
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Reuma
Desde la grada en la playa
Veo cómo se hacen grumos
Sonrientes en la arena
Y ninguna madriguera
A la cual arrimar
Esta reumática melancolía.
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Acequia
El sol asedia mi lengua
Acequia de nombres
Consumidos en la sequía
Curtimbre de mi boca.
Tus letras ruedan
Las zanjas de los labios
A mi resquebrajado yermo
Cicatrizadas trizas de salitre.
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[A]sónico
John Zorn (Queens, 1953-).
Los cuatro músicos del Masada String Trio salen a un Auditori con gente que corre a los asientos vacíos de más abajo en un rumor inquieto. La sombra de John Zorn hace un zarpazo en el suelo en el que está flotando: zarpa un arca de maderas: todas las especies de sonidos: hembra y macho a bordo: violín, cello, contrabajo. El diluvio divino salpica sonoro/son/oro el caparazón/capa/razón/capa/ra/son de los instrumentos, las cuerdas gimen en todas las lenguas el decálogo de sus tres diapasones/sones: sonido, sonido, sonido.
Hay una cuerda —trenza, lazo— tensada por cientos o miles de años entre los dos extremos de un arco que frota otras cuerdas en número de cuatro afinadas entre sí. Doce cuerdas (vocales) cubren el rango completo del año que es la voz humana. Cuatro estaciones. Toda la eternidad. Han sembrado todos los frutos, incluso el prohibido ruido. Ha brotado todo: todo es sonido. Babel se alza con cuerdas frotadas, golpeadas, pellizcadas, rasgadas, arrastradas, azotadas, acariciadas, intuidas, ignoradas… y luego todo se derrumba entre aplausos que deberían haber sido un infinito silencio.
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El viaje de G. Mastorna
Federico Fellini. Il viaggio di G. Mastorna. 1965.
G. Mastorna realiza un viaje ordinariamente absurdo. Su avión aterriza de emergencia en Suiza, o un país así de inimaginable. Una obstinada burocracia le impide salir del aeropuerto, o dejar las fronteras, si no comprueba su identidad plenamente. ¿Quién es además del nombre de Giuseppe? Ese proceso kafkiano agobia al simple violoncelista, y descubre que arrojarse desde lo alto de un edificio, subperficie del mundo, no es la solución: no muere, o está muerto, por más variaciones brutales y automartirizantes que intente en su caída. ¿Quién eres Giuseppe? Mastorna no eres tú.
Sobre este guión, Fellini realizó un cómic con Milo Manara —además de Viaje a Tulum— con los que nunca me he encontrado. El libro lo perdí. Federico nunca logró filmar el proyecto, también kafkiano. Entre otras cosas extrañas enfermó. ¿Quién era Fellini, el gran mentiroso? Sigo componiendo el recuerdo:
Descubren un rollo de 35 mm con imágenes de Mastorna. Él común, él banal, saco, sombrero, romanticismo cursi, música de otros, es decir nadie particular. Aburrido en el auto como los demás conductores en una congestión, desesperado y abatido como todos, esperando —y Giuseppe comienza a intuir algo en el interrogatorio—, de pronto gira la cabeza —se adelanta a la imagen: “giraré la cabeza, miraré al perro mirarme tras la ventana del auto de al lado y le sacaré la lengua, ese soy yo, ese, Giuseppe Mastorna, ese soy yo.”
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Post-it
Hoy tengo muy poco tiempo,
Y de esta nube de letras,
Polvo a contraluz,
Hecho pelusas debajo de la cama,
Sólo puedo hacer un pequeño atado,
(Nudo es la palabra)
Al dedo, o al cuello amarrado,
Recordatorio de esta mañana:
nubes, el sueño, fotos, mensaje,
escribir sobre Mastorna,
la vaca de un amigo bajo la lluvia
que lo mira y le muge feliz…
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Hojo
David Hockney. Place Furstenberg, Paris. 1985.
Prima-vera (¿vero?),
Ver primero (¿verdadero?):
El ojo mira en hojas,
Que en otoño callan.
No hay nunca tal como algo entero.
(Y sin embargo existe.)
Sólo letras detrás de otras, retorcidas,
trenzas, hilos, es textura el universo.
Días tejidos e hilvanadas noches en ciudades anudadas.
Remendados pantalones son la vista y el recuerdo
y remiendo es el tiempo en el espacio.
Cosas, tiempo, tiempo, cosas.
¿Cuánto tiempo separa a cada foto?
¿Cuál está sobrepuesta a cuál?
¿Cuántas fotos completarían París?
¿Cuánto tiempo completaría París?
¿Qué sería París entonces?
¿Qué es París?
Es un sueño, un recuerdo,
una mirada, es una plaza
en que sólo había unos pasos,
se veía un vestido tras una ventana,
una moto debajo de unos grafitis,
y dónde todo el tiempo
había hojas en los árboles.
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Walking
Charles Mingus (1922-1979)
Para hacer y ser jazz, el bajista debe caminar. Pero el walking no es la simple sucesión de notas pertenecientes a cada acorde, generalmente una por tiempo de compás. Si la base, si el bajo, es un monótono recitar de notas creará un yermo estéril e inútil, por más virtuosas que sean las ráfagas o los dedos del intérprete. El jazz no es asunto de velocidad, ni de banales notas —justo donde tropiezan los músicos clásicos y tantos otros al intentar cambiarse al jazz. Porque si bien es esencial una técnica, en el jazz esta sería poética, y es algo más que las onomatopeyas o metáforas del cuarteto o del trío cuando narran la noche: ¡ahh, iiiii, ssss, y me caía, se iba, subía, aaaaaahhhhh, tatata! (Jazz también la poesía beat). Poesía porque es vital y única la nota como la palabra, pero tanto como por ellas en sí, lo es por sus connotaciones, por sus colores, por sus sonidos, por sus olores, y por su envío. Poesía porque transcurre en la carne y hiere y sana. Poesía porque no hay otra forma de decirlo. Poesía porque es un camino. Y el bajista debe hacerlo, caminando. A punto de caer, con la pierna en alto, en los tiempos 2 y 4, ¡pam!, un acento y tensión, 1 y 3 en la tierra, estos acordes disminuidos son como escalar una montaña y el camino es duro, largo, las notas son pasos difíciles, ah, ah, y ahí, sí, ahora la meseta… “you, man, get out of the way” debe haber dicho Mingus todas las veces que golpeó a otros músicos (literal y verdaderamente) cuando se le atravesaban por el camino.
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Sur-passé
Fernando Solanas. Sur. 1988.
Siempre la he imaginado porque lo más que he visto es este afiche y el recuerdo de haber escuchado noche, fantasmas, y música el día que la vieron. Consiguieron el disco y lo escuché muchísimo. Dos canciones principalmente: Vuelvo al sur, de Piazzola, y Naranjo en Flor, cantada por Goyeneche. No quiero ver la película después de tanto tiempo de haberla imaginado, que toda ella es el pasado.
Naranjo en flor.
(Virgilio y Homero Expósito. 1944)
Era más blanda que el agua,
que el agua blanda,
era más fresca que el río,
naranjo en flor.
Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó…
Primero hay que saber sufrir,
después amar, después partir
y al fin andar sin pensamiento…
Perfume de naranjo en flor,
promesas vanas de un amor
que se escaparon con el viento.
Después…¿qué importa el después?
Toda mi vida es el ayer
que me detiene en el pasado,
eterna y vieja juventud
que me ha dejado acobardado
como un pájaro sin luz.
¿Qué le habrán hecho mis manos?
¿Qué le habrán hecho
para dejarme en el pecho
tanto dolor?
Dolor de vieja arboleda,
canción de esquina
con un pedazo de vida,
naranjo en flor.
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Buena
Giuseppe Tornatore. Stanno Tutti Bene. 1990.
Para Lolita La Mala (y malita).
Como mi memoria, ella también, es mala, mala, mala, no recuerdo donde escuché la historia (salgo huyendo debajo de la mesa como Mastroianni si fue en tu propio blog Lolita), y por supuesto ni si es verídica o es un cuento, de una viejita parisina (ya puestos a tergiversar podría ser londinense o defeña) que todas las mañanas puntualmente va a la plaza más cercana a alimentar a las palomas —ratas con alas, no con patas, pero ratas al fin y al cabo.
Enfin, que se hace famosa por su constancia y bondad, la entrevistan en la televisión, le hacen una postal, los japoneses se retratan con ella, casi que le dan la medalla al mérito. Y un día, la mujer muere. ¡Oh! terrible noticia, dice el periódico en alguna página interior, hemos perdido a un ejemplo ciudadano, bla, bla, bla.
Días más tarde, en otra página, como enrojecida, la página, la policía investiga su caso porque la muerte es muy rara… mmmm: ¿tenía enemigos? ¿que la venta de las postales de otra viejita bondadosa, con los patos ella, había bajado dramáticamente en los últimos meses? ¿que no se dejó retratar con un árabe? ¿que con su fama habían crecido los envidiosos? La Gendarmería no quiso hacer comentarios apresurados porque las investigaciones bla, bla, bla.
Y mientras el nuevo tiraje de las postales de la viejita hace ricos a los dueños de una pequeña editorial y un grupo muy importante europeo pero de capital de dudosa procedencia les hace una oferta millonaria y piensa en lanzar al mercado de las grandes ciudades postales de ciudadanos ejemplares y famosos (”comencemos con Lady Di, dice el creativo en su oficina, y luego metemos a políticos, jugadores de futbol, modelos, incluso una serie triple x pero de mucha calidad…”), mientras eso ocurre, un investigador filtra a los medios la noticia de que investigan un homicidio. ¿Homicidio? Vaya. ¿Estará esto relacionado con la cotización a la baja del grupo editorial? Mmmm.
Los rumores saltan a la televisión. Vuelven a transmitir la entrevista y piensan en hacer un reportaje sobre su muerte. La policía se ve presionada por unos ciudadanos que vieron el reportaje y están indignados: el único hijo de la viejita también habría muerto en condiciones extrañas unos lustros antes. Se ordena la autopsia. Un reportero descubre que el hijo murió de toxoplasmosis y el forense que ella envenenada. “Todo apunta a la química”, dicen las ocho columnas al día siguiente. Cateos, revisión minuciosa de la casa…
“La asesina de palomas”, dice la primera edición de una flamante serie de postales que se agotó enseguida y que muestra a una viejita sonriendo malévolamente mientras arroja alpiste envenenado al suelo (”su venganza de 15 años terminó por acumular tal cantidad de tóxicos en su sangre que provocó…”).
P. D. Matteo (Marcelo Mastroianni), muy mayor, visita de improvisto a sus hijos bautizados con nombres de personajes de ópera para comprobar cómo han triunfado en la vida… En Milan, una mañana, se une a la multitud para observar una parvada completa de palomas muertas…
Publicado en [A]mor
Triste
—Triste. Dime algo triste. Muy triste.
—¿La muerte de alguien? ¿una farsa de toda la vida? —respondía ella con preguntas.
—No, una tragedia no. Algo triste. Simplemente triste. Anda. Que haga llorar.
—¿Qué se yo: una separación? ¿Pero por qué quieres llorar?
—Era un juego con mi madre, primero había que hacerse reír y luego llorar. Y lo lográbamos.
—¿Y qué ganabas?
—Nada. Tal vez tenía algo dentro del ojo y necesitaba lágrimas. Pero anda, algo triste.
—¿Como alguien que mira sus zapatos en el suelo… que tiene una silla vacía? Y escucha voces afuera (en la noche), y…
—¿Qué? ¿Que veía todas las cosas, la silla, la maleta, hojas, frascos, todas las cosas solas, tan calladas, quietas, muertas…
—Muertas no, la muerte es trágica, dices. No, sólo quietas. Quietas. Donde él las dejó, sobre la mesa, sobre el suelo, mudas, tenues. Él las va viendo, y se le hacen tan inútiles, tan absurdas, tan sumisas, que se dejan tocar, apachurrar, y luego se agotan sin resistir, y se dejan echar a la basura, y no chillan, ni hacen ruido, y se pone a pensar que tal vez ella también es así, que va como un cartón por la calle, que nadie ve, y que llueve y se moja, y se deshace en silencio, por ahí por la calle escurriéndose.
—Va siendo triste.
—Sí.
—Y luego mira el suelo y se pone a contar las líneas, una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, y por el otro lado igual, uno, dos, tres, cuatro… Piensa que no tiene caso nada. Que saber eso no sirve para nada. Que ella, ¿no era él?, que ella misma no sirve para nada.
—Pero eso es depresión, no es triste, es como la tragedia, va una cosa con otra. Te contradices.
—Bueno y qué tal tú con el cartón que se moja.
—Sabía que dirías eso, siempre tienes que replicar algo.
—Pero… ay, te iba a replicar de nuevo. No. Sólo quiero llorar un poco con algo triste.
—Puedes llorar de felicidad, yo lo he hecho. Una vez, cuando él…
—…y yo… cuando te giras así, y estás…
—Ya hablamos de eso, ya sabes. Ya sabes. Ya sabes. ¿Por eso quieres llorar?
—No, por eso quiero algo triste. Triste en sí. Llorar por algo triste. Que la tristeza esté ahí, y no aquí. Como cuando ves las rayas de los aviones en el cielo. Son tristes. Y no sabes por qué. Y no hay razón alguna. Ni siquiera son pintura, son puro vapor, ni son nubes, ni pueden llover. Ni son rayas. Pero son tristes.
—Sí. Como una vez que encontré una maleta vacía y abierta enmedio de la calle. Y no pensé enseguida en la historia detrás. Ahí estaba. Una maleta, no estaba mal, pero estaba la maleta sola y vacía sobre la acera, nadie más. La maleta vacía y yo. Me puso triste.
—Pero yo quiero algo triste que haga llorar.
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Volar
Marrakech
Siempre había regresado a esa casa, pero un día subió a un avión y todo se encogió. Allá arriba recordó el día que finalmente golpeó al niño abusivo, aquel que inauguraron su labio a mordidas, el otro cuando no regresaría más a esa escuela, ni a esa tampoco, ni a esa tampoco, y la noche aquella, y la mañana después. Un día voló.
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Gastan
Esta mañana esperan en la esquina
El policía gordo, el japonés con un mapa,
Tres bicicletas, una chica recogiéndose el cabello,
Varios autos, un perro, y yo que los veo,
Rayar las rayas blancas de la calle,
Mi ventana y hasta mis ojos,
Cada que cambia el semáforo,
Verde, amarillo, rojo,
Y me gustaría ponerles a todos unos zapatos
Con esponjas en sus llantas que soltaran tintas
Verdes, amarillas, rojas,
Las bicis, los pies, y los perros,
Hollando la ciudad de colores.
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Jugar
William Burroughs (1914-1997)
En 1951, en un bar de la ciudad de México, Burroughs y su esposa, ebrios, juegan a William Tell; Joan se coloca un vaso sobre la cabeza, William dispara una bala verdadera, pero no atina al vaso.
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Llorar
Venía caminando con el llanto
Dispuesto en las manos
Como las llaves antes de llegar,
Pasos apresurados por el olor
A mi misma tierra mojada
Asomándose por la garganta,
Un dulce rocío en las hojas de los ojos,
Una yema de grito en la traquea,
Un tremor latiendo en los labios,
Cerraría las puertas,
Me abriría el pecho,
Y lo ahogaría en la almohada…
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Aún
se puede escribir
cuando no hay nada
y nadie escucha
en el aire las palabras
que exhalo como agua
vertida al mar,
sólo las letras
me miran, suplican
a mí se aferran
mis labios ansían, mis dedos,
cuando diré sus nombres
me sonreirán.
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Correr
Ansia de escribir antes de irme,
Que se por que corría Antoine Doisnel en todas las películas,
Pero no tendré tiempo de decirlo antes de irme,
Porque tengo prisa,
Y en la prisa como en el camino está la clave,
De estos arcos, de estos rodeos, que hacemos,
Y ahora sólo da tiempo de un beso,
De un hola, de un adios, de una mano,
De unos ojos, de un pie,
De un choque, de una puerta,
De un estallido, de un ah,
De un oh, de un ay,
Intenso.
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[A]mbecile
Un día en el campo, en las afueras de Roma, después de comer, los amigos juegan a decir palabras que comiencen con una letra. Por ejemplo la a: amore, alora… etcétera.
Mi amigo Marco me cuenta todo esto y luego agrega que en el dialecto romano aman comenzar las palabras con la a. Así que después de pasar por decenas de palabras como alcuni, algue, cada vez con más dificultades salen alesaggio, andare… y luego de un gran silencio alguien suelta muy contento de sí mismo: ambecile.
Regreso a casa sonriendo con una feliz [a] más en la colección. Y recuerdo algunos ambéciles. Pero no puedo enfadarme. Ni quiero anfadarme, es un día demasiado soleado.
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Perdido
No encuentro ese poema de Bukowski,
Del músico que toca música que no es suya en un piano que no es suyo,
Así que tampoco pondré la foto de un músico cualquiera,
Como el de ayer, que acompañaba a una cantante,
La misma música, los mismos acordes, las mismas canciones,
Que son las mismas que cualquier canción de cualquier artista,
Miles y miles de veces aquello mismo que no es suyo,
Y sin embargo hacía esos gestos de placer,
Yo hubiera preferido verle martillar furioso aquellas mismas notas,
Como si con ellas pudiera clavar la tapa del féretro,
De esa música muerta, para poder largarse de la partitura,
A vagar sin tono, asomarse hasta arriba, o perderse en lo bajo,
Y no lo hizo, claro, pero tal vez al terminar, como en el poema que aún no hallo,
Se fue a fumar un porro al baño, y luego a dormir, y luego de nuevo todo.
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Y
Me gusta la y,
Y griega o ye,
Conjunción copulativa,
Que te junta arena y cuerpo,
Y cal y cielo, y sordo y viento,
Y me gusta en Ginsberg,
Y en Kerouac,
Y en Coltrane,
Y On The Road,
Porque es un paso,
Y porque nunca acaba,
Como el sol que sale y sale,
Y como la tierra, y como yo iría,
Navegando en tu suelo uno y otro día,
Recontando lunares y vellos y pelos y poros
Y venas y arrugas y huellas y granos y olores y
Vados y sombras y brillos y dedos y manos y ahí y ahí y.
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Hay
Hay y no hay, sólo hay:
Reduccionismo poético.
Está o no está, pero ser,
O no ser, estamos.
El mundo es de cosas que hay,
Decirlas a ellas o su ausencia,
Que golpean nuestro hay,
O nosotros a ellas, o ambas cosas,
Y habrá poesía, y hay ellas.
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Detrás
Detrás del cerebro sólo está la nuca,
Del corazón, del hígado, riñones, hay la espalda,
Y de este muro hay otro,
Y de esta puerta otra y otra,
Y de los ojos la retina,
De las manos está el mundo,
Del saxofón el aire, los pulmones,
Detrás de mí está mi yo ahí dentro,
Hay detrás de todo otro detrás,
Absurdamente delgado
Y no se rompe.
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Martes
Hoy abrí la página 21 de la poesía de Billy Collins,
Pero es martes y la suya Lunes.
Y hoy no hubo pájaros en los árboles, ni poetas en las ventanas,
Porque no hay, y además he cerrado la persiana,
Sólo entran motores y el olor a podrido del calor.
Pero sí, siempre habrá algo que ver,
Como las uñas que insisten en crecer,
Y el polvo que no se sabe de qué muere,
O cómo se reproduce tan infinitamente.
Y cita en la página 54, en El rebaño:
“Se ha calculado que cada ejemplar de
la Biblia de Gutenberg… requirió la lana de 300 ovejas.”
Y no se para qué se usaba tanta lana en esa imprenta,
Ni por qué hoy martes todo me parece hecho de gotas, granos, pelos, átomos.
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Árbol
William Golding, Lord of the Flies, 1954.
Película dePeter Brook, 1963, y Harry Hook, 1990.
Decenas de dedos tenía la mano. En realidad era un árbol, de hecho varios. Chaparros, gordos, con los brazos gruesos muy horizontales y para rematar unas ramas que subían casi en ángulo recto forradas de hojas. También era una mano porque en su palma era una silla. Se trepaba como a un caballo, agarrándose de su cuello para jalar el resto del cuerpo. Después colgaba las piernas y las manos sujetaban los dedos como si fueran los mandos de una nave espacial.
En algún momento me aquietaba vigilando la iglesia por entre el follaje apretado. Luego tañían las campanas y ya venían corriendo al parque. Su catequesis sólo me interesaba porque le seguía un amable barullo y una señora que salía a vender dulces minúsculos. Todos subíamos a chupar las paletas, el chile y el limón en polvo como monos que han logrado un gran botín.
Jugábamos con una rarísima docilidad a la guerra de las galaxias, mazinger z, thundercats, o cualquier aventura que implicara la verticalidad de una torre, una escalera, un planeta, un edificio, un pozo, un calabozo o el mar. Acumulábamos raspones, cicatrices y ropa rota. Pero nunca paso nada. Nada. Quiero decir nada, una pelea en que a alguien le terminara saliendo mole de la nariz, una fractura de brazo, una batalla campal, nada.
Cuando se acumulaban suficientes “José bájate de’ai, Ramón ya vente a cenar, Arturo qué te dije” y se agotaba de tanto columpiarnos con los brazos la dósis de glucosa, simplemente descendíamos cada quien con su salto personal a la tierra: el resorte, la estaca, el giro, la bajada del tren… Habíamos creado un rito completo los martes y jueves.
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Mirada
Oumou Sangaré (Bamako, Mali, 1968)
¿No basta mirarla? Sólo ella, la cabaza entre las manos. Ojos hacia abajo. Pulseras. Sobre un muro ese fragmento de su sombra. El puño tirando chasquidos de la cabaza bien peinada. Su canto está detrás de los ojos que enfocan nada allá abajo. Está la sombra del aire en su pecho y el eco de las palabras… Pero hoy sólo quiero escucharla.
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Apalabra
Apalábrate encallada en mí,
Entre nuestras blandas arenas,
Enredados corales, y salinos pechos;
Rásgame a pezones unos surcos,
Siémbrateme en el lomo con las uñas,
Recítateme en la boca sordamente,
Amárrame tu nombre a muelle con las piernas.
Y enterrado en tu oscuro mar apalábrame,
Me aprehenderé al ir sinuoso de tu vientre,
Imbuido en el oleaje de la pelvis;
Apalábrame asfixiado en tu dureza,
Viscosa muerte entre los labios.
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[A]lbinos
Salif Keita (Djoliba, Mali, 1949—)
Lo blanco del trompetista era un terrible problema. Sin dinero, y sin el permiso de tocar en el norte, Charlie Parker —dice la leyenda— hizo entonces escribir en los carteles el nombre de Albino Red. Afortunadamente Red Rodney era suficientemente pelirrojo para ser digno del título. La gira por los maltrechos sureños estados de Norteamérica obedecía así rigurosamente las leyes que prohibían las mezclas raciales. Y tocaron, por supuesto.
Pero él nació real y realmente albino en una familia que fundó en el siglo XIII el imperio de Mali. Que la realeza y los griots convivieran era imprescindible —estos debían preservar la memoria en el canto—, pero desear convertirse en súbdito voluntariamente… Y además albino, signo de mala fortuna. Ah, fatídicos colores. Pero hélo ahí con Super Rail Band de Bamako, y luego con Les Ambassadeurs, Costa de Marfil, y París. Tocando, por supuesto.
Hay hombres que asumen que sus nombres no están escritos en fijas letras. Ni en las de los genes: ya se sabe científicamente que las razas no existen. Hay hombres que se nombran con aire a través de los labios. Solos de jazz. O anfibia voz, preciosa y rara voz, grande como sombra de árbol. Salif Keita.
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Houses, gardens, city
Talking Heads
De los pocos grupos singulares, únicos, irrepetibles, buenos, innovadores, digamos rápido Talking Heads. Basta ver las portadas, el nombre, los músicos, los atuendos y cuando se llega a la música… además las Cabezas hablan siempre de casas, jardines, ciudades. Cánta en mi boca, déjame dormir en tí, déjame entrar a casa por la ventana, esta noche que arde, y luego salgamos al jardín, estrellas de neón…
[…] Home – is where I want to be
But I guess I’m already there
I come home – she lifted up her wings
Guess that this must be the place
I can’t tell one from another
Did I find you, or you find me?
[…] Hi yo sing into my mouth
Out of all those kinds of people
You got a face with a view
I’m just an animal looking for a home
Share the same space for a minute or two
And you love me till my heart stops […] (This must be the place.)
[…] My house
Sout of the ordinary
Thats might
Dont want to hurt nobody
Some things sure can sweep me off my feet
Burning down the house […] (Burning down the house)
[…] And you may find yourself in a beautiful house, with a beautiful Wife
And you may ask yourself-well…how did I get here?
[...]And you may tell yourself
This is not my beautiful house!
And you may tell yourself
This is not my beautiful wife![…] (Once in a Lifetime)
[…] And she was lying in the grass
And she could hear the highway breathing
And she could see a nearby factory
She’s making sure she is not dreaming
See the lights of a neighbor’s house
Now she’s starting to rise
Take a minute to concentrate
And she opens up her eyes […] (And She Was)………
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Enamorar
Josef von Sternberg. Der blaue Engel (El ángel azul). 1931.
El purísimo profesor Immanuel va al cabaret El ángel azul para captar in fraganti a sus alumnos pero queda fulminantemente enamorado de Lola Lola, la cantante de las fotos por las que había reprendido a sus pupilos.
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Romper
Krzysztof Kieslowski. Decálogo 1. 1998.
Después de que su padre calculó minuciosamente la resistencia del hielo, Pawel estrena los patines que le regalaran, pero el hielo se rompe.
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Engañar
François Truffaut. Les quatre cents coups. 1959. (Uno de los golpes)
A los doce años, Antoine, fugándose de la escuela para ir al cine, se topa con su madre y con su amante.
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Screaming
R.L. Burnside (1926-2005)
La agarraría a mordidas en su espalda a la imbecil suerte. Escupiría en la herida y le gritaría PENDEJA jalando aire por las botas hasta llegar al brotecito de voz de un vidrio que se corta. Machacaría su larguísima nariz estúpida en el asfalto. Orinaría todas las paredes de la ciudad maldiciéndola. Ni un mes y ya Chicago —Bad Luck City— había asesinado a su tío, a su padre, y a su hermano.
¿Tiene algo que ver esto con que de regreso a Mississippi le haya disparado —seguro con una 44 pistol— a un tipo porque le caía mal o porque éste le quería quitar su casa: “I didn’t mean to kill nobody, I just meant to shoot the sonofabitch in the head. Him dying was between him and the Lord.“? ¿Tienen los tiempos que ver con que el patrón de su plantación lo sacara a los tres meses de la prisión para ponerlo a trabajar trás un tractor?
¿Qué sembraba todos los días, en cuántos acres, cuántas toneladas pagaba de renta? ¿Tiene todo esto algo que ver con su música y con sus letras? ¿Con los gritos vertiginosos, con el beat redundantemente golpeado, abatido, con el constante tono, desmesurados compases, sus crudos, desnudos, arrugados, temas? ¿Qué había entre él y the Lord?
Golpe disparo. Grito: música INEVITABLE, estornudo resabio a John Lee Hooker, Screaming Jay Hawkins, Muddy Waters —esposo de alguna prima suya—, igual ahí sentado con botas envejeciendo en un bote o igual en un juke joint de abandonado crossroad en Chulahoma Mississippi Yu Es Ei América o igual en anaqueles etnomusicológicos o igual famoso llegando a su casa entre autos desechos y llantas despedazadas…
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Motel
New Orleans después de Katrina. 2005
Aquí la gente está loca [señalaba toda la lavandería] por eso no vivo en la ciudad, yo soy enfermera, y mira… lo que veo [dijo en silencio oh my god] pero te digo que están todos locos, se matan, te digo que lo que veo [frunció los labios], por eso vivo aquí, ¿no está mal eh?, y ahorro, no me lo paso mal, hay piscina, es tranquilo, no como allá, ¿me entiendes, sí hablas inglés no? bien, te digo que balas y balas y drogas, no se puede andar por ahí, ayer fue horrible, lo que ve uno como enfermera… Claro, el French Quartet nada… Aquí se está tranquilo, mira, es limpio… ¡Pero allá! Los niños con pistolas y navajas… Es porque soy enfermera, claro, lo que veo…
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Cosas
Jang Sun-Woo. Fantasmes/ Lies (Gojitmal). Corea. 1999.
Un trozo de torta pudriéndose, un juguete ajeno, o un cuaderno con malas notas o maldiciones escondidos bajo la cama eran causa segura de insomnio infantil. A tan precoz inicio en la mala o tonta conciencia se le podrían añadir en la adolescencia temprana y tardía todo tipo de materiales románticos o sexuales comprometedores. Y luego, a veces…
Mientras, un moco, una paleta de hielo lamida por turnos, un suéter prestado, una cursi tarjeta inauguraban alguna etapa de la suspirante vida romántica infantil. Seguían dramáticos y absurdos intercambios, regalos, robos, devoluciones y destrozos de rosas, cartas, fotos, anillos, flores, vasos, globos, miles de porquerías de San Valentín, y etcétera etcétera relacionados de algún modo con el amor. Y luego, a veces…
Es decir, que esto es sobre cosas. Por ejemplo la cuerda que retuerce con determinación debajo de la mesa Jacek antes de ahorcar al taxista en No matarás y la otra cuerda que es lentamente preparada para ahorcarlo legalmente a él. O la piedra arrojada desde un puente a un auto. O la computadora y el cálculo y el padre por los que muere Pawel al romperse el hielo (¡y el hielo!) sobre el que patinaba en Alabarás a dios por sobre todas las cosas, para seguir con Kieslowski y su Decálogo.
Qué cosas: El arco, de Kim Ki-Duk, es tanto una especie de viola da gamba amatoria-conquistadora como un arma disuasiva como un instrumento de premonición. En la misma película el amor son unos audífonos desconectados del walkman —regalado por el joven estudiante pero que pisoteó hasta inutilizar el arquero— puestos sobre los oídos de la chica.
Ese tipo de cosas, más o menos, Fantasmes:
-A que no adivinas, mi amor, qué regalo he traído -le dice por teléfono la chica que le pidió iniciarla al sexo cuando tenía 18 años para no hacerlo violada como sus hermanas.
-Pero regresé con mi esposa, ¿cómo me encontraste en París? -dice él, que aceptó entonces llenar todos sus hoyos (anunciado con cartelitos en la película: primer hoyo, segundo hoyo…).
-He venido sólo por tí, adivina, adivina -contesta ella, que lo dejó azotarla hasta el día en que él, abatido, pidió amarlo con castigo.
-¿Recuerdas el parque? -dice ella, amorosa, recordando cuando él dejó a su esposa y ella todo, para buscar juntos con qué golpearse y cogerse en moteluchos hasta el agotamiento.
-Sí… está bien, paso a buscarte… ¿qué has traído? -cede él.
-¿Recuerdas la pala?
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Mimos
Raval: siéntate. 2006.
-Ciao, suerte -sólo eso. Aún podría intentar abrazar tu sombra, pero se escurrió entre mi voz callada y mis pasos quietos.
[Y luego trás la esquina vi hablando a tres mimos, blancas muñecas apretadas en la acera madrugada.]
Por la tarde seguiste a mi dedo escribir tus huellas brillantes en el cielo; en el suelo tus ojos de hierba, sentados junto a mí, y mis ojos mimeando dedos caer como nieve sobre tus cabellos.
[Después del trabajo (callar en silencio a la gente que sale de los bares para no despertar a los vecinos) las mimos hablan con enormes gestos aquello que se dicen entre sí mimos.]
Te me fuiste llegando a la noche, yo venía.
[Casi al amanecer los mimos recuerdan la noche a mano y a brazos y sueñan a cuerpo palabras.]
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Domingo
Wim Wenders. Historia de Lisboa. 1994.
Bajo el sol anoche contabas estrellas y blancas huellas de aviones y viste el brillo de su sonido. Despegas los párpados. Soñabas una cabeza dormir sobre tus piernas. Ahora amanece el domingo entre las pestañas. Murmullan las turbinas. Se despiden dos voces en la ventana, miras exacto sus dedos rozarse. Observas otro día yacer en la cama desnuda. Estás lleno de huecos.
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[A]cordeón
Flaco Jimenez
Mañana o tarde pero poca gente. Solo vino a recargarse en el cabo del vagón junto a mí. Tal vez rumano, o checo, o polaco, no se, nunca he estado ahí. Por acordeón tenía un teclado chimuelo y manchado con las negras minúsculas y un fuelle escamado. Aún acomodándose comenzó sin decir nada. Al segundo acorde ví sus dientes trás el telón de su sonrisa. ¡Maldito! Me había agarrado. Seguro vio mi pie arribabajo. Nos zarandeaba a ambos con su swing endemoniado. Cruzaba una especie de puente sobre un desfiladero haciendo acrobacias fingiendo caerse y luego regresaba al tema carcajeándose del susto. Gitano maldito. Me abandonó para siempre en la siguiente estación.
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Romántico
Stephen Frears. My Beautiful Laundrette. 1985
Entró una pareja. De cada maleta sacaban ropa perfectamente ordenada y la metían a las lavadoras. Luego él se sentó y ella lo hizo sobre sus piernas (de él). Los miramos. La encerró con los brazos, ella echó la cabeza hacia atrás y luego hacia adelante. Besaba su cuello o enredaba entre cabellos sus dedos. Se hablaban al oído y sonreían crípticamente. Juntos movieron la ropa hacia las secadoras, ella ponía una moneda y él la otra. Él se subió sobre la mesa, ella también. Abrazados veían los giros de la secadora. Se hizo un silencio general como enternecido por encima de los motores. Hasta que una chica le dijo a otra sarcásticamente: “ay, qué romántico.”
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Tierra
Casas Grandes, Chihuaha, México
La gangrena era lo próximo, pero exagero. De pequeño una vacuna por semana hasta completar cuatro era un trauma tanto como algo a presumir en la escuela. La culpa fue de las sandalias. Yo corría cuando una se rompió y descalzo pisé un vidrio escondido en la tierra. Lloré un poco, salado, como el mar que después terminó de curar mi herida tan finamente que olvidamos la historia hasta el día del dolor de pierna.
Recuerdos de tierra. Aquella casa con su rostro encalado mostraba sin embargo su costado desnudo de adobe, y su cabeza eran mechones cortos de tierra suelta con piedritas de río atoradas en el cuero. El patio todo era tierra, un vientre con un nogal al centro, especias a un lado, un horno de barro como un seno y su sombra.
Ese patio era animal de día y de noche otro. Se despertaba arena y al sol de las cuatro era polvo. Entremedio nos le tendíamos de pecho o rodillas a tirarle canicas. Le plantábamos soldados o vaqueros o indios de plástico que a veces se tragaba malévolamente. Por puro capricho redibujábamos su geografía con aeropuertos, fronteras, carreteras para luego borrarlos entre persecuciones. Todo terminaba en la pileta y su tubo de cobre que venía de abajo. Se oía con placer de orinar cómo venía el agua cuando se abría la llave y su estallido de chisguetes frescos que bebíamos hasta empaparnos. Luego a comer, a dormir, a la calle.
Era el olor a humo la noche. El temor de un cielo naranja psicodélico entre nubes grises allá por donde comenzaban las montañas nos hacía bajar a descolgones de las ramas o del muro junto a la nopalera. Entonces llegaba la humedad a reblandecer la menta, el laurel y el orégano, pronto sus hojas agachadas por breves gotas. Negra como el mar, la tierra se iba perdiendo en el patio entre sonidos de hervores. Quedaba suave barro y donde no frescos charcos. Olor de té, avena, leche hervida, tierra mojada y chile seco.
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Supermarket
Edward Hopper. Nighthawkers. 1942.
Tres rectos carriles de asfalto, salida 12 de la highway, paso bajo el puente, una tarde, una milla, enorme estacionamiento. Ardiente caminata de dos minutos entre cientos de autos. Y un carro gigante para el supermarket. El frío entre benéfico y terrible tras las puertas que abrieron automáticamente. Algo tan grande como el parking, alto y blanco. Música de elevador, veinte marcas de cereales, diez hileras de congelados y dos de soda. Verduras en español. El mejor precio en amarillo. Tres kilos de helado, niños babeando. Ropa, zapatos, pollo frito, chips y video, en montón desbordante. Sin cola, con bolsas, tarjetas, cupones, sonrisas, todos contentos, Icee’s en las manos. Un aire hirviente. Por el negro piso hasta la van, abrirla y llenarla. Excitación. Puentes, salida 9 a la Maine St. desierta, casas bajas, silencio. Vuelta en la esquina, estacionamiento. Entrar bajo el letrero de Shakey’s y olor a pizza. Ruido a juegos de video. Pizza, cervezas y refrescos. Manchas de catsup en el asiento entre reproches, salida 11. El garage y las puertas se abren mientras el césped se riega. Bolsas, nevera inmensa. Chips, helado, televisión gigante, 300 canales. Otro domingo.
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Caminar
Ali Ibrahim “Farka” Touré (1939-2006)
Es de mis lugares comunes pero válido (a pesar de lo aburrido): hay una canción, no se cual ni si es realmente Alain Baschung quien repite muchas veces “deux milliards de chinois/ Et moi, et moi, et moi?” [dos mil millones de chinos, ¿y yo, y yo, y yo?].
Dicho en vulgar teoría de conjuntos: los otros son más (un chino más) que el subconjunto de uno mismo. ¿Entonces por qué hay tan poca variedad de gustos? Sónicos, me refiero, o musicales, mejor dicho en este caso. La industria, el poder, etcétera, dirán unos.
Mali —donde nació Ali Farka Touré, donde murió— tiene como 13 millones de habitantes (África tiene como 900 millones y la India, la más grande democracia, mil cien millones). Y no es que la industria de la música debiera ser democrática… no digo más.
En cambio, caminar. Caminar. Quien ha caminado por horas sabe que en una de ellas se camina realmente (sí, también se hace camino al andar). Es una actividad física aparentemente simple, una pierna y otra. Pero en cada paso nuestro peso entero sostenemos y dejamos en manos de la inercia, que tercamente nos empuja, y ahí está afortunadamente la otra pierna para repetir el rito. No, eternamente no, ni siempre es rito.
Es rito en Ali Farka (CD: Savane, 2006), el más puro blues (o sea el que anda por el camino).
Caminar: todos los instrumentos repiten su oración, instrumentos con voces sinceras, empolvadas por el camino, sudorosas, camino, trabajo, el blues, las manos gruesas, el blues impregnado de campo, de veredas, de trabajo, la repetición del azadón, del agacharse, sembrar, cosechar, repetición, horas días temporadas años, repetición de una oración, amen amen, el mismo camino, doce compases como doce meses tiene el año, cuatro acordes como las cuatro temporadas, cinco notas como dedos hay en la mano, que trabaja el campo, arriba abajo arriba abajo, adelante atrás adelante atrás, el trabajo manual es muy binario, uno dos uno dos, el pico la pala la oz el martillo, arriba abajo, caminar uno dos, el blues repeticiones, el blues se siembra, se labra, se cosecha, por temporadas, frutos del trabajo, alegrías de la constancia, constancia, Work Song, Walk Song, caminar, caminar, el blues y morir él blues.
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Cigüeña
Kasbah de Ouarzazate, Marruecos.
-Tlactlac, tlactlac.
-¿Quoi? ¿Qué?
-Tlactlac -abría y cerraba la mano Aziz. Y luego señaló hacia una torre de la Casbah de Ouarzazate.
-Ahhh, cigüeña, ¿cigüeña?
-!Sí, sí, cigogne, cigüeña, en árabe! -y las cigüeñas, aludidas, reiniciaron su sonido: claclac…
Una onomatopeya hermosa, claclac, tlactlac. Hagámos la hipótesis poética de que de claclac derivó en clapclap y de ahí a clap, aplauso. Como los aplausos de la música gitana.
Porque otra posible fantasia es que gitano viene de cigüeña: Cygani, Tsyganye, Cigani, Tsigane, Cikáni, Cigany… demasiadas palabras en demasiadas lenguas lo confirman.
Aves migradoras que se instalan en cualquier torre. Aves sin país, sin piso, sin tierra.
Nada que ver con esa historia para niños sobre la cigüeña que trae a los bebes de París.
Tlactlac. [Y además cigüeña se escribe con diéresis y eñe, qué placer].
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